domingo, 4 de mayo de 2014

La Gran Belleza

Comentario de LA GRAN BELLEZA














El decorado de una película, entendido como el entorno que rodea la acción de la misma, juega un papel determinante en el resultado final de la obra. Su interrelación con los intérpretes a través de la cámara del director forma uno de los mimbres básicos del lenguaje cinematográfico. En algunos casos este entorno adquiere personalidad propia y se convierte en parte esencial de los relatos, como ocurre en el western o la ciencia-ficción espacial. El paisaje urbano también ha tenido un gran papel a lo largo de la historia del cine aunque tan solo existen un puñado de ciudades con la suficiente fuerza emocional como para ser coprotagonistas: Nueva York, París, Roma y pocas más. Ésta última, auténtico referente de la civilización occidental y mediterránea en particular, ha sido escenario de numerosos largometrajes míticos, péplums a parte: "Roma, Ciudad Abierta" (1945), "Vacaciones en Roma" (1953), "La Dolce Vita" (1960)... El pasado año, el realizador italiano Paolo Sorrentino consiguió que su último trabajo se uniese a este selecto grupo y de paso nos regaló uno de los mejores títulos europeos de los últimos tiempos: "La Gran Belleza" (2013)

La película narra la vida bohemia de Jep Gambardella (Toni Servillo), un escritor de una única novela convertido en periodista de éxito, quien acaba de cumplir 65 años. Jep vive una existencia de lujo rodeado de una pintoresca fauna urbana en la que se mezclan artistas, políticos, nobles, intelectuales y arribistas de toda clase. Junto a ellos da satisfacción a sus necesidades materiales en numerosas fiestas y eventos, pero sus inquietudes espirituales permanecen sin respuesta en su interior. Y es que Jep, a pesar de ser uno de los centros sobre los que gravita esa alta sociedad romana, observa todo ese espectáculo con distancia, a veces con melancolía. Es un ser condenado a la sensibilidad y en búsqueda permanente, desde su juventud, de la gran belleza.

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Ficha técnica y artística

La Gran Belleza (La Grande Bellezza). Italia, 2013, 142 min.

Dirección: Paolo Sorrentino

Intérpretes: Toni Servillo, Carlo Verdone, Sabrina Ferilli

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Crónica de El Maquinista

 
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domingo, 27 de abril de 2014

El Sol del Membrillo

Comentario de EL SOL DEL MEMBRILLO














El caso de Víctor Erice es sin duda uno de los hechos más insólitos del cine español. Que uno de los directores más importantes del panorama nacional haya rodado solo tres películas es algo que genera cierta frustración, sobre todo teniendo en cuenta que el realizador vizcaíno no parece dispuesto a volver a ponerse detrás de las cámaras. Su ópera prima, "El Espíritu de la Colmena" (1973), constituye una de las obras maestras de nuestra cinematografía, en tanto que "El Sur" (1982) es también un trabajo sobresaliente. Quizás sus problemas con los productores a la hora de ver truncados ciertos proyectos haya contribuido también a que Erice abandonara la idea de proseguir su filmografía en solitario. Desde mediados de los años 90 se ha involucrado por el contrario en varios proyectos colectivos a medio camino entre lo cinematográfico y lo artístico. Y es que el estilo de sus dos primeros largometrajes ya dejaba muy claro la visión tan personal que el cineasta tenía sobre las historias que contaba. Con toda seguridad es su tercera y última obra la que va a llevar ese estilo un paso más allá al alejarse por completo de una narración convencional. Hablamos de "El Sol del Membrillo" (1992).

Hay películas que dada su temática conviene acercarse a ellas sabiendo que uno va a visionar algo fuera de lo común y que por tanto no puede medirse con los patrones habituales. "El Sol del Membrillo" es una obra a caballo entre el documental y el experimento cinematográfico, un intento de captar en imágenes el proceso creativo de un artista. Nos encontramos en Madrid en el otoño de 1990. El famoso pintor hiperrealista Antonio López comienza los preparativos de su nueva obra en su estudio de la capital. Quiere pintar el membrillero que él mismo plantó hace años en el jardín del estudio, en concreto lograr captar la luz del sol que se introduce a través de las hojas y los frutos. Erice sigue con su cámara la actividad del pintor desde los preparativos iniciales hasta la conclusión del cuadro, rodando una experiencia audiovisual única. López intenta captar la luz del membrillo en su lienzo, Erice hace lo propio en el celuloide. No es una película convencional. Es la gran belleza.

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Ficha técnica y artística

El Sol del Membrillo. España, 1992, 139 min.

Dirección: Víctor Erice

Intérpretes: Antonio López, María Moreno, Enrique Gran

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Crónica de El Maquinista


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domingo, 20 de abril de 2014

Un Lugar en el Sol

Comentario de UN LUGAR EN EL SOL
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El mundo del cine ha dado un buen número de artistas complejos, atormentados y llenos de conflictos interiores. Sin duda alguna uno de los ejemplos más representativos de este grupo es Montgomery Clift, una de las mayores figuras de la interpretación en la década de los 50. El caso de Clift es especialmente turbador dado el inmenso talento que desplegó durante su carrera mientras en paralelo se iba despeñando rumbo a la autodestrucción. Curtido en el teatro en los años 40, Clift encontró su hueco en Hollywood y rápidamente se convirtió en una de sus estrellas con más repercusión y reconocimiento artístico, junto a Marlon Brando. Su irrupción trajo consigo nuevos cánones para los protagonistas masculinos, ya que fue pionero en la creación de personajes sensibles y melancólicos, alejados de la idea de virilidad predominante en esa época. Sus papeles en "Un Lugar en el Sol" (1951) y "De Aquí a la Eternidad" (1953) cimentaron una carrera profesional con un terrible punto de inflexión en 1956, año en el que Clift sufrió el tremendo accidente de coche que le desfiguró el rostro. A partir de ahí las cicatrices fueron tanto externas como internas y su camino a la perdición se hizo más intenso. No obstante continuaría añadiendo grandes títulos a su filmografía con "El Baile de los Malditos" (1958), "De Repente, el Último Verano" (1959), "Río Salvaje" (1960) o "Vidas Rebeldes" (1960). Su estado de salud se deterioraría de manera drástica hasta que finalmente en 1964 su cuerpo dijo basta, truncando así la vida de un gigante del cine que merece el mayor de los reconocimientos.

"Un Lugar en el Sol" relata la llegada a Chicago del joven George Eastman (Montgomery Clift) y su intento de escalar socialmente desde lo más humilde. George es no obstante sobrino de un rico industrial y gracias a él consigue un puesto como empaquetador en una de las fábricas familiares. Allí conoce a otra empleada llamada Alice (Shelley Winters), con la que empieza un breve romance. Su tío lo invita ocasionalmente a algún evento social, aunque la familia lo considera un advenedizo. En uno de esos encuentros conoce a la bella Angela Vickers (Elizabeth Taylor) y pronto ambos se enamoran. Sin embargo George le oculta su pasada relación con Alice, ya que ésta se encuentra embarazada y le ha presionado para que se casen. Así pues decide llevar dos vidas paralelas con la esperanza de poder alcanzar su sueño y tener al fin un lugar en el Sol. Pero a veces, como a Ícaro, volar cerca del astro rey puede derretir la cera de las alas y conllevar una caída al más profundo de los vacíos.

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Ficha técnica y artística

Un Lugar en el Sol (A Place in the Sun). EEUU, 1951, 122 min.

Dirección: George Stevens

Intérpretes: Montgomery Clift, Elizabeth Taylor, Shelley Winters

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Crónica de Atticus Finch

 
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sábado, 12 de abril de 2014

Rocky

Comentario de ROCKY














Sylvester Stallone es un actor con una filmografía que en su mayor parte no me gusta nada, pero lo suelo defender cuando de manera general se le intenta encasillar como un mero saco de músculos. Y es que Stallone ha tenido unas inquietudes artísticas desde el comienzo de su carrera que no abundan entre los protagonistas del subgénero de acción-esteroide. Ha sido guionista y director de probada solvencia y los dos pilares sobre los que se asienta su carrera (y por los que tiene un hueco en la historia del cine) son buenas películas: "Rocky" (1976) y "Acorralado [Rambo]" (1981). El problema es que ambas se han visto devaluadas por sus lamentables secuelas y la imagen que muchos se hacen del propio protagonista. A pesar de ello es justo reivindicarlas, en particular "Rocky", una cinta rodada desde la honestidad cuya alma pertenece a Stallone por los cuatro costados, al escribir el guión y protagonizarla. El boxeo es un deporte que no me gusta en absoluto, aunque he de reconocer que en el cine es un subgénero muy atractivo que ha dado estupendas películas sobre el sacrificio, la superación y la condición humana. "Rocky" es una de ellas. Ver a Stallone subiendo los escalones del museo de arte de Filadelfia bajo los acordes del monumental tema "Gonna Fly Now" forma sin duda parte de la memoria colectiva de los amantes del cine.

La película narra la historia de Rocky Balboa (Sylvester Stallone),  un joven italo-americano de Filadelfia que se gana la vida humildemente como cobrador de deudas, aunque no se le da bien eso de amenazar a la gente. Rocky es también un boxeador de segunda fila que ha abandonado la esperanza de prosperar en el ring aunque siga acudiendo regularmente a entrenarse. Cierto día conoce a Adrian (Talia Shire), una chica muy tímida que trabaja en una tienda de animales. Tras varios intentos consigue que acepte salir con él, trayendo así algo de luz a su vida. En paralelo, el campeón de los pesos pesados Apollo Creed (Carl Weathers) recibe la noticia de que el púgil con quien iba a enfrentarse en el próximo combate se ha roto la mano, por lo que necesita un sustituto para no cancelar la velada. Sus agentes idean entonces la argucia comercial de dar la oportunidad a un boxeador desconocido para que se enfrente a él. Apollo elige a Rocky, quien recibe la noticia con una mezcla de incredulidad y desconfianza: no quiere convertirse en un monigote de feria para que Apollo se divierta con él. Finalmente accede y comienza entonces una preparación intensiva junto a su antiguo entrenador Mike Goldmil (Burgess Meredith), quien siempre creyó que Rocky podía llegar a la élite si se volcaba en cuerpo y alma al boxeo. Con unas pocas semanas de margen para preparse, Rocky decide aceptar el reto y tratar de combatir con Apollo a su mismo nivel, vender cara su piel para poder entrar de nuevo en la competición y, lo más importante, demostrarse algo a sí mismo.

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Ficha técnica y artística

Rocky. EEUU, 1976, 119 min.

Dirección: John G. Avildsen

Intérpretes: Sylvester Stallone, Talia Shire, Burgess Meredith

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Crónica de El Maquinista


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sábado, 5 de abril de 2014

Ciudad de Vida y Muerte

Comentario de CIUDAD DE VIDA Y MUERTE
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Japón es con toda seguridad uno de los países más fascinantes que existen y un caso único en la historia moderna. Aislado del resto del mundo hasta el siglo XIX, a excepción de pequeños intercambios comerciales, el país del Sol Naciente viviría su punto de inflexión en 1866 con la Restauración Meiji. Este proceso, una especie de revolución hecha de arriba a abajo, cambiaría profundamente las estructuras sociales y políticas del Estado: eliminación de las dictaduras militares de los shogun, recuperación del poder absoluto en manos del emperador, abolición del sistema feudal (casta samurái incluída) y una occidentalización de la administración. La velocidad con que Japón desarrolló entonces su industria y modernización tecnológica no tiene parangón en la historia, consiguiendo no solamente no ser controlado por las potencias occidentales como ocurrió en el resto de Oriente, sino además ser capaz de iniciar una política expansionista gracias a su poderosa maquinaria bélica. El comienzo del siglo XX marca el punto de no retorno en ese imperialismo nipón basado en el nacionalismo y el culto divino al emperador. Hasta su completa aniquilación en la II Guerra Mundial, Japón iría conquistando tierras por toda Asia oriental: Corea, Indochina, Filipinas y el gran pastel que suponía China. En ésta última invade Manchuria a comienzos de los años 30 hasta que la declaración de guerra total en 1937 supone el desembarco de tropas niponas en todo el país. Ese mismo año cae la capital de la República de China, Nankín.

A la hora de reflejar esta época el cine occidental se ha centrado lógicamente en el periodo que entronca con la II Guerra Mundial, creando grandes cintas como la obra maestra de Terrence Malick "La Delgada Línea Roja" (1998) o el sobresaliente trabajo de Clint Eastwood "Cartas desde Iwo Jima" (2006). Pero la cinematografía oriental ha solido abrir más el arco temporal dejando para la posteridad la monumental trilogía de Masaki Kobayashi "La Condición Humana" (1959) o la cinta que hoy nos ocupa procedente de China: "Ciudad de Vida y Muerte" (2009). De una factura técnica impecable, la película narra la historia de varios personajes durante la batalla de Nankín en 1937. El enfrentamiento entre tropas chinas y japonesas da paso a la conquista por parte de éstas últimas y a una brutal represión de la población civil. La cinta sigue los pasos de un soldado japonés, un maestro de escuela, un combatiente chino y un misionero extranjero, todos ellos habitantes en esos momentos de una ciudad en la que la delgada línea que separa la vida y la muerte es apenas perceptible.

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Ficha técnica y artística

Ciudad de Vida y Muerte (City of Life and Death). China, 2009, 132 min.

Dirección: Lu Chuan

Intérpretes: Liu Ye, Gao Yuanyuan, Hideo Nakaizumi

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Crónica de Atticus Finch



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domingo, 30 de marzo de 2014

Los Puentes de Madison

Comentario de LOS PUENTES DE MADISON
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Durante la década de los 70 y principios de los 80, cuando Clint Eastwood era el paradigma del tipo duro del cine hollywoodiense, pocos podían pensar que un día se convertiría en un realizador de prestigio capaz de abordar exitosamente multitud de géneros. Dueño de una carrera impresionante marcada por su espíritu libre, a contracorriente y profundamente honesto; todo un maverick de la industria. Y eso que Eastwood dio serios avisos de este cambio a finales de los 80, tras rodar el magistral western "El Jinete Pálido" (1985), la biografía de Charlie Parker "Bird" (1988) y "Cazador Blanco, Corazón Negro" (1990). Pero el punto de inflexión definitivo, con unánime aplauso de crítica y público, lo supuso la obra maestra absoluta que es "Sin Perdón" (1992), convertido desde entonces en el western crepuscular y desmitificador por excelencia. Desde entonces Eastwood ha seguido rodando excelentes películas en los últimos veinte años, convirtiéndose por méritos propios en leyenda viva de la historia del cine: "Un Mundo Perfecto" (1993), "Los Puentes de Madison" (1995), "Mystic River" (2003), "Million Dollar Baby" (2004), "Cartas desde Iwo Jima" (2006), "Gran Torino" (2008)... Y por eso muchos le estamos profundamente agradecidos.

"Los Puentes de Madison" arranca en los años noventa cuando dos hermanos vuelven a la casa familiar en Iowa poco después del fallecimiento de su madre, Francesca (Meryl Streep). Entre los diversos papeles encuentran instrucciones precisas para realizar el funeral y una serie de cartas y diarios que les retrotraen tres décadas atrás, a 1965. Ese año, cuando ellos y su padre marcharon cuatro días a la feria estatal de agricultura, su madre conoció a un fotógrafo de National Geographic llamado Robert Kincaid (Clint Eastwood) y se enamoró de él. Francesca nació en Italia, conoció al que sería su marido durante la Segunda Guerra Mundial y con él se trasladaría a una granja del condado de Madison en Iowa. Su vida rutinaria de ama de casa durante los últimos veinte años se ve trastocada por la aparición de Robert, quien llega a la zona para realizar un reportaje fotográfico sobre los puentes del condado. Entre ellos nace una afinidad que pronto desemboca en algo mucho más serio pero de futuro completamente incierto.

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Ficha técnica y artística

Los Puentes de Madison (The Bridges of Madison County). EEUU, 1995, 135 min.

Dirección: Clint Eastwood

Intérpretes: Meryl Streep, Clint Eastwood, Annie Corley

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Crónica de Atticus Finch
 
 
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domingo, 23 de marzo de 2014

El Baile de los Vampiros

Comentario de EL BAILE DE LOS VAMPIROS














Hay personajes del mundo del cine cuya historia personal daría para hacer películas muy interesantes debido a sus peripecias vitales. Dos de mis preferidos son Montgomery Clift, uno de los actores más atormentados que ha dado Hollywood, y el director Roman Polanski. La vida de éste último es ciertamente agitada, empezando por su nacimiento en París en el seno de una familia de emigrantes polacos que volverían a su país antes de estallar la Segunda Guerra Mundial. Perder a su madre en Auschwitz, ver a su padre deportado a Mauthausen y vivir en carne propia el gueto de Cracovia por su condición de judío sin duda marcarían al cineasta, quien décadas después ajustaría cuentas con el pasado al rodar "El Pianista" (2002). A pesar de todo el joven realizador logró sobrevivir y tras debutar en el largometraje con "El Cuchillo en el Agua" (1962) pronto marcharía rumbo a Inglaterra para rodar allí "Repulsión" (1965), "Callejón sin Salida" (1966) y "El Baile de los Vampiros" (1967), donde compartiría plano con la que sería su mujer, la encantadora Sharon Tate. Después Polanski recibió la llamada de los EEUU y allí se trasladó para completar una de sus obras de referencia, "La Semilla del Diablo" (1968), iniciando por otra parte una de las etapas más difíciles de su vida con el asesinato de su esposa y amigos a cargo del clan Mason, la acusación de abuso de menores y una persecución judicial perpetua que le impide pisar suelo norteamericano desde entonces. Pero también existe una carrera paralela de gran cineasta capaz de sobreponerse y rodar obras magistrales como "Chinatown" (1973) o "Tess" (1979), y seguir activo hoy en día a sus ochenta años.

"El Baile de los Vampiros" relara las aventuras en Transilvania del profesor Abronsius (Jack MacGowran) y su ayudante Alfred (el propio Polanski) en su intento de verificar las leyendas sobre la existencia de vampiros. Tras llegar a una posada perdida en las montañas comienzan a indagar entre los lugareños, pero todos se muestran reacios a hablar del asunto a pesar de las señales evidentes que cuelgan por doquier en forma de ristras de ajos. Alfred sigue con resignación al profesor, en parte por miedo y en parte por estar más interesado en las personas vivas, sobre todo las del género femenino. En la posada conoce a la hija del dueño, la hermosa Sara (Sharon Tate) y pronto se queda prendado de ella. Cuando Sara es secuestrada misteriosamente por un noble que habita en un castillo cercano, Alfred decide acompañar al profesor sin vacilar  para rescatarla y llevarla de nuevo a casa. El problema es que corren rumores de que en el castillo no habitan personas normales, sino los llamados no muertos.

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Ficha técnica y artística

El Baile de los Vampiros (The Fearless Vampire Killers). Reino Unido, 1967, 111 min.

Dirección: Roman Polanski

Intérpretes: Roman Polanski, Sharon Tate, Jack MacGowran

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Crónica de El Maquinista


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lunes, 17 de marzo de 2014

Glengarry Glen Ross

Comentario de GLENGARRY GLEN ROSS














El multidisciplinar David Mamet comenzó a emerger en el panorama teatral norteamericano en la década de los setenta y en poco tiempo se consolidó como uno de sus dramaturgos más destacados. Durante los años 80 Mamet empezó también una fructífera carrera en el cine escribiendo varios guiones de éxito como "El Cartero Siempre Llama Dos Veces" (1981), "Veredicto Final" (1982) o "Los Intocables de Eliot Ness" (1987). En los 90 seguiría produciendo guiones como "Ronin" y terminaría por dar el salto a la realización dirigiendo sus propios libretos ("State & Main", "El Caso Winslow"). Una de las piezas teatrales más aplaudidas de Mamet, "Glengarry Glen Ross", sería llevada al cine por James Foley con guión del propio dramaturgo y un reparto estelar. La obra, toda una radiografía de las demenciales prácticas laborales que se llevan a cabo en el mundo empresarial, queda hoy en día como una de sus mejores aportaciones a la cinematografía norteamericana.

"Glengarry Glen Ross" relata los dos días al límite que viven cuatro vendedores de una agencia inmobiliaria de Chicago tras recibir un ultimatum desde la oficina central. En una semana los dos que más vendan conservarán su empleo y los otros dos lo perderán. La noticia se la comunica un miembro de la compañía (Alec Baldwin) que espera motivarles de esta manera para que consigan beneficios rápidamente. Los cuatro hombres encaran la situación según sus circunstancias personales. El veterano Shelley Levene (Jack Lemmon) intenta que su jefe le proporcione nuevas fichas, los datos con los que localizan a clientes potenciales. Ricky Roma (Al Pacino) trata por todos los medios de cerrar un buen trato que tiene a medio hacer y los otros dos compañeros (Ed Harris y Alan Arkin) planean simular un robo en la oficina, hacerse con las fichas nuevas y venderlas a la competencia. En dos días todas sus estrategias se entrecruzarán mientras intentan sobrevivir al ambiente más kafkiano que se pueda imaginar. Tan real como la vida misma.

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Ficha técnica y artística

Glengarry Glen Ross. EEUU, 1992, 120 min.

Dirección: James Foley

Intérpretes: Jack Lemmon, Al Pacino, Ed Harris

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Crónica de Atticus Finch


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domingo, 9 de marzo de 2014

Quiero la Cabeza de Alfredo García

Comentario de QUIERO LA CABEZA DE ALFREDO GARCIA














Leyendo recientemente la obra de Charles Bukowski, uno de los escritores malditos por excelencia de la literatura norteamericana, no he podido evitar acordarme del director Sam Peckinpah. Bukowski emplea en su narrativa un estilo directo y descarnado con el que da forma a lo que se llama el realismo sucio de sus novelas. Esto mismo puede extrapolarse al sello inconfundible que dejó Peckinpah en toda su filmografía. Junto con el tema siempre presente de la violencia, si hay algo que caracteriza a su cine es la figura del antihéroe embarcado en luchas perdidas, aunque siempre con sus matices y variaciones. Nihilismo y autodestrucción en "Grupo Salvaje", "La Cruz de Hierro" o "Pat Garrett y Billy the Kid", lucha por la supervivencia en "Perros de Paja", "La Huida" o "Mayor Dundee". Pero todos surgen de un tronco común. Y probablemente una de las cimas del antihéroe peckinpiano es el protagonista de "Quiero la Cabeza de Alfredo García" (1974), interpretado por su actor fetiche Warren Oates. El ambiente sucio, decadente y ubicado en esa zona fronteriza entre EEUU y Méjico que tanto gustaba a Peckinpah le proporciona un decorado perfecto a este perdedor de manual: sudor, mugre y arena. Pero como todos los protagonistas del cine de Sam Peckinpah guarda también en el fondo de su ser un pequeño hueco para unos mínimos principios morales y algo llamado dignidad.

"Quiero la Cabeza de Alfredo García" es el expeditivo título en el que se narra la historia de una cacería al hombre en lo más profundo de Méjico. El poderoso terrateniente El Jefe (Emilio Fernández) descubre que su hija está embarazada y le obliga a confesar el nombre del padre: Alfredo García, un antiguo trabajador de la hacienda. Como venganza decide ofrecer un millón de dólares a quien lo mate y le traiga su cabeza como prueba. Entre el nutrido grupo de criminales que parten en su búsqueda se encuentran dos cazarrecompensas estadounidenses que comienzan a seguir la pista por territorio mejicano. Su viaje les lleva hasta un tugurio de mala muerte donde trabaja como pianista Bennie (Warren Oates), quien se ofrece a ayudarlos a cambio de una parte del dinero. Bennie mantiene una relación con una antigua prostituta llamada Elita y sabe que ésta conoció hace un tiempo a Alfredo García. El dinero de la recompensa puede ser el pasaporte a una nueva vida para ambos. A partir de aquí se inicia un viaje de ilusión, traición, desesperanza y mucha violencia. Sam Peckinpah en estado puro.

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Ficha técnica y artística

Quiero la Cabeza de Alfredo García (Bring Me the Head of Alfredo Garcia). EEUU, 1974, 112 min.

Dirección: Sam Peckinpah

Intérpretes: Warren Oates, Isela Vega, Robert Webber

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Crónica de El Maquinista


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sábado, 1 de marzo de 2014

Moon

Comentario de MOON














La ciencia-ficción es probablemente uno de los géneros cinematográficos que más ha sufrido el mal uso de los efectos especiales por ordenador desarrollados en el último cuarto de siglo. El gran nivel al que han llegado estos efectos visuales es un arma de doble filo, ya que si se utilizan con sabiduría consiguen hacer realidad los más fantásticos entornos que se puedan imaginar, reforzando la apuesta argumental. Pero si se abusa de ellos se corre el riesgo de saturar al espectador o convertir la cinta en una mera sucesión de fuegos artificiales para tapar las deficiencias argumentales de la misma. La columna vertebral de cualquier largometraje, sea del género que sea, es la historia que cuenta y de la calidad de ésta dependerá el resultado final del trabajo. Los efectos visuales deben estar al servicio del relato y no al revés, pero para los estudios de Hollywood parece que lo más fácil es esto último. Una de las mejores cintas de ciencia-ficción de la pasada década procede del cine independiente y es "Moon" (2009), la ópera prima del director Duncan Jones. El argumento es la piedra angular de esta fascinante aventura espacial protagonizada por uno de los actores fetiche de Sundance, el estupendo Sam Rockwell. Siguiendo la senda de clásicos del género como "2001, Odisea del Espacio", "Solaris" o "Alien", Duncan Jones propone una historia profundamente humana sostenida casi exclusivamente por un solo actor, algo que la emparenta de manera muy estrecha con otra mítica producción espacial de los 70, "Naves Misteriosas". El género sigue vivo.

La acción de "Moon" se desarrolla en un futuro cercano en el que la Tierra utiliza un combustible cuya materia prima se encuentra en el subsuelo lunar. La empresa encargada de su explotación ha construido una base minera en la superficie de la Luna y todo el proceso de extracción está automatizado. Por ello tan solo se necesita a un humano que realice las labores cotidianas de supervisión y se asegure de que los cargamentos son enviados correctamente. Sam Bell (Sam Rockwell) es el trabajador encargado de la base desde hace casi tres años y su contrato está a punto de finalizar, momento en el que volverá a la Tierra después de que un compañero llegue y lo releve. Durante todo este tiempo su única compañía ha sido la unidad de inteligencia artificial GERTY, el ordenador central que controla todo el complejo. Sam espera con ansia el viaje de vuelta para poder regresar junto a su familia, a la que solo puede ver de vez en cuando a través de teleconferencias. Un día, tan solo dos semanas antes de que finalice su estancia, Sam descubre un vehículo accidentado en una de sus rutinarias salidas por el exterior de la base. Y en su interior encuentra algo que puede cambiarlo todo.

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Ficha técnica y artística

Moon. Reino Unido, 2009, 97 min.

Dirección: Duncan Jones

Intérpretes: Sam Rockwell, Kaya Scodelario, Matt Berry

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Crónica de El Maquinista


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domingo, 23 de febrero de 2014

Vacaciones en Roma

Comentario de VACACIONES EN ROMA
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Pocos intérpretes han comenzado de manera tan brillante su carrera como lo hizo Audrey Hepburn con "Vacaciones en Roma" (1953). Aunque estrictamente no fuese su primera película lo cierto es que los pocos papeles que hasta la fecha había tenido no pueden calificarse ni de secundarios, sino de simples apariciones menores (es una profesión dura). Lo cierto es que son muchos los factores que convierten a esta cinta en algo mítico, por un lado la pareja protagonista formada por Hepburn y Gregory Peck y por otro varios aspectos clave de la producción de la misma. Su director, el gran William Wyler, revolucionó la forma de rodar en exteriores que hasta la fecha predominaba en Hollywood (no en Europa, donde ya se había inventado el Neorrealismo). Consiguió llevarse el rodaje a Italia y filmar en la propia ciudad y no con decorados de estudio como pretendía en un primer momento la productora. Encargó el guión a Dalton Trumbo (posterior guionista de "Espartaco" y "Papillon"), que en aquella época se encontraba en las listas negras del macarthismo por lo que tuvo que firmar el guión bajo pseudónimo. Y añadiendo a todo esto su maestría en la puesta en escena, Wyler conseguiría así una de sus obras maestras, a  poner junto a otros de sus grandes trabajos como "Los Mejores Años de Nuestra Vida" (1946), "Horizontes de Grandeza" (1958), "Ben-Hur" (1959) o "La Calumnia" (1962).

"Vacaciones en Roma" narra la iniciación vital de la joven princesa Anna (Audrey Hepburn), que se encuentra en Roma de visita oficial. Harta de la soledad y el ahogo que le provoca el cerrado mundo en el que vive, decide escaparse una noche para poder disfrutar de la calle como una persona anónima más. Tras quedarse dormida en un banco es recogida por un periodista norteamericano llamado Joe Bradley (Gregory Peck), quien tras reconocerla decide urdir en secreto un plan para hacerle de guía de la ciudad mientras un amigo fotógrafo (Eddie Albert) va retratando a escondidas a la princesa. El objetivo es vender el reportaje como una gran exclusiva a cambio de una buena recompensa económica. Anna por su parte también oculta a Bradley su identidad, pensando que él la desconoce. Sin embargo, a lo largo de la intensa jornada que van a pasar por Roma, ambos empezarán a dudar de sus intenciones iniciales a medida que cada vez se sientan más atraídos el uno por el otro.

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Ficha técnica y artística

Vacaciones en Roma (Roman Holiday). EEUU, 1953, 118 min.

Dirección: William Wyler

Intérpretes: Audrey Hepburn, Gregory Peck, Eddie Albert

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Crónica de Atticus Finch

 
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domingo, 16 de febrero de 2014

Magnolia

Comentario de MAGNOLIA














Reflexionando un poco sobre la reciente desaparición de Philip Seymour Hoffman no he podido evitar recordar las numerosas películas en las que he disfrutado de su talento y lo mucho que voy a echar de menos no verle más en pantalla. Acostumbrado a aparecer pocas veces como protagonista absoluto ("Capote" y algunas más), la mayoría de sus papeles eran bien en repartos corales o como secundario de lujo: "Happiness", "La Guerra de Charlie Wilson", "Antes que el Diablo Sepa que has Muerto", grandes títulos sin duda. Y si hay un director que haya jugado un papel fundamental en su carrera ese es Paul Thomas Anderson, uno de los autores contemporáneos más singulares por lo personal de sus apuestas. De sus seis películas como realizador Anderson colaboró con Hoffman en cinco de ellas (todas menos "Pozos de Ambición"), en las que sobresalen "Boogie Nights", "The Master" y "Magnolia". Ésta última fue la cinta con la que el director norteamericano se consagraría en la industria y supone probablemente uno de los mejores títulos de ese subgénero de historias interrelacionadas que tan de moda se puso tras el éxito de "Vidas Cruzadas" de Robert Altman.

"Magnolia" narra las historias de diez personas en la ciudad de Los Angeles cuyas vidas están relacionadas directa o indirectamente entre ellas. Earl Partridge (Jason Robards) es un antiguo productor de televisión que agoniza en su casa debido a una grave enfermedad. Después de meditarlo decide pedirle al enfermero que le cuida (Philip Seymour Hoffman) que intente encontrar a su hijo (Tom Cruise), al que lleva varios años sin ver y al que abandonó de pequeño. Su mujer (Julianne Moore) se ve sobrepasada por la situación y entra en una espiral destructiva. Mientras tanto, el veterano presentador de TV Jimmy Gator ve cómo su vida se vuelve cada vez más oscura, su hija no quiere verle y su mujer no entiende su declive. Un joven niño prodigio comienza a participar en su concurso televisivo, otro antiguo ganador del mismo rememora su época dorada y finalmente un vital oficial de policía se enamora de la hija de Jimmy. Cada una de las piezas tiene significado individual pero juntas forman un gran puzzle a lo largo de una intensa jornada en la ciudad californiana. A veces los árboles no dejan ver el bosque.

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Ficha técnica y artística

Magnolia. EEUU, 1999, 188 min.

Dirección: Paul Thomas Anderson

Intérpretes: Julianne Moore, Tom Cruise, Philip Seymour Hoffman

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Crónica de El Maquinista


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domingo, 9 de febrero de 2014

Raíces Profundas

Comentario de RAÍCES PROFUNDAS














Hay películas que son míticas, independientemente de su mayor o menor valor cinematográfico. Es algo que tiene que ver con el impacto que causaron en su momento y en la huella que han dejado en sucesivas generaciones de espectadores y amantes del cine. "Raíces Profundas" es una de ellas. Su director, George Stevens, se inició muy pronto en la industria en la época del cine mudo y durante las décadas de los 30 y 40 se hizo un hueco como director de comedias. Sin embargo, tras la II Guerra Mundial su trabajo viró hacia historias más serias y sería así como se consagraría definitivamente gracias a tres películas magníficas en los años 50: "Un Lugar en el Sol" (1951), "Raíces Profundas" (1953) y "Gigante" (1956), ésta última también cinta mítica donde las haya. La obra que hoy nos ocupa fue una de las pioneras del género western en consagrar el personaje del pistolero errante defensor de los débiles, una suerte de caballero andante medieval que ha cambiado la espada por el revólver. La influencia de esta película en el tratamiento de esta figura fundamental en el imaginario colectivo del género es tal que hasta el propio Clint Eastwood le haría un profundo homenaje inspirando su magistral "El Jinete Pálido" (1985) en el argumento de "Raíces Profundas". Una de esas películas que, como se suele decir, hay que ver.

La cinta arranca con la llegada de un solitario jinete llamado Shane (Alan Ladd) a un valle del estado de Wyoming. La guerra civil ha terminado recientemente y la conquista del Oeste ha tomado nuevo impulso. Gracias a las leyes promulgadas por el presidente Lincoln los inmigrantes pueden obtener la propiedad de parcelas de tierra asentándose en ellas y cultivándolas durante cinco años. Familias que no han poseído nada en su vida tienen ahora la oportunidad de construir un hogar. Shane cruza por azares del destino una de estas pequeñas granjas donde vive Joe Starrett (Van Heflin), su mujer (Jean Arthur) y el pequeño hijo de ambos. La granja forma parte de una pequeña comunidad de colonos que se han asentado en el valle pero que viven bajo las amenazas del ganadero Ryker (Emile Meyer), uno de los viejos pioneros que considera un ultraje que gente extraña se haya instalado en tierras que él considera suyas. Shane decide aceptar la invitación de los Starrett de quedarse a trabajar con ellos y entierra su revólver en las profundidades de su ser, buscando cambiar de vida. Sin embargo, el acoso a las familias por parte de los hombres de Ryker se irá intensificando y Shane se encontrará ante el dilema de volver a empuñar las armas para poder ayudarles.

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Ficha técnica y artística

Raíces Profundas (Shane). EEUU, 1951, 118 min.

Dirección: George Stevens

Intérpretes: Alan Ladd, Van Heflin, Jean Arthur

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Crónica de Atticus Finch


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domingo, 2 de febrero de 2014

La Guerra de Charlie Wilson

Comentario de LA GUERRA DE CHARLIE WILSON














El irregular Mike Nichols, capaz de rodar grandes películas como "¿Quién Teme a Virginia Woolf?" (1966), "El Graduado" (1967) o "Closer" (2004), se embarcó hace unos años en el proyecto de llevar a la gran pantalla la increíble historia del congresista Charlie Wilson. Este político tejano se convertiría en los años 80 en una de las piezas clave del apoyo financiero y armamentístico de los EEUU a los afganos  a partir de la invasión soviética de 1979. La cinta es uno de esos ejemplos de joya cinematográfica que pasa desapercibida para buena parte del público a pesar de contar con un equipo artístico de primera fila. Podemos así afirmar que se trata de una de las mejores comedias contemporáneas gracias fundamentalmente a tres factores: el brillante guión escrito por Aaron Sorkin (creador de "El Ala Oeste de la Casa Blanca"), el sensacional reparto encabezado por unos impagables Tom Hanks y Philip Seymour Hoffman y finalmente el propio talento de Nichols con la puesta en escena.

Nos encontramos en 1980, la Unión Soviética ha invadido Afganistán el año anterior, comienza la era Reagan y el congresista Charlie Wilson (Tom Hanks) continúa su disoluta vida en Washington entre mujeres y alcohol. Wilson comienza a interesarse por la situación afgana después de que una de sus amigas de la alta sociedad tejana (Julia Roberts) le pida que haga algo a favor de la lucha que llevan a cabo los rebeldes muyahidines contra las tropas soviéticas. Charlie forma parte del subcomité de exteriores del Congreso y tiene la posibilidad de manejar miles de millones de dólares de manera prácticamente secreta. Tras contactar con el estrafalario agente de la CIA Gust Avrakotos (Philip Seymour Hoffman) el congresista se vuelca en la tarea y comienza la que va estar destinada a ser la acción bélica encubierta más larga de la historia de los EEUU. Wilson, sin saberlo, acaba de destapar la caja de pandora.

Philip Seymour Hoffman ha dejado este mundo hoy. Se va uno de los más grandes actores de los últimos quince años. Gracias por sus películas y que la tierra le sea leve.

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Ficha técnica y artística

La Guerra de Charlie Wilson (Charlie Wilson's War). EEUU, 2007, 97 min.

Dirección: Mike Nichols

Intérpretes: Tom Hanks, Philip Seymour Hoffman, Julia Roberts

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Crónica de El Maquinista


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domingo, 26 de enero de 2014

El Diablo sobre Ruedas

Comentario de EL DIABLO SOBRE RUEDAS














Probablemente Steven Spielberg es uno de los directores más genuinamente norteamericanos, entendiendo como tal la forma en que rueda sus películas y su propia concepción del cine comercial. Resulta así curioso recordar que Spielberg fue reivindicado antes en Europa que en su propio país a raíz de su ópera prima "El Diablo sobre Ruedas" (1971). Y es que el realizador de Ohio rodó en quince días esta cinta para emitirse directamente en televisión por la ABC. No fue hasta que cruzó el charco y se exhibió en festivales cuando los críticos europeos dijeron que eso no era una película televisiva, sino el gran debut cinematográfico de un joven de veintiséis años. Los premios llegaron y aquél muchacho que se dedicaba a rodar capítulos de "Colombo" recibió el reconocimiento que se merecía. Todo eso conllevó que la película terminara por estrenarse en las salas comerciales con un nuevo montaje de 90 minutos. El largometraje, con guión de Richard Matheson (autor de "Soy Leyenda"), revela las bases sobre que las que Spielberg construiría buena parte de su carrera en el futuro: su dirección concisa, la habilidad para contar historias y una fascinación total por el poder evocador del cine.

"El Diablo sobre Ruedas" narra la pesadilla en la que se ve envuelto David Mann (Dennis Weaver), un representante de una empresa electrónica de Los Angeles que vuelve a casa después de un viaje comercial. Mientras conduce su coche por las desoladas carreteras del desierto californiano, David se encuentra con un camión que circula a baja velocidad, por lo que lo adelanta. Pero tras el adelantamiento el inmenso vehículo acelera abruptamente, rebasa a David y vuelve a aminorar. Éste lo adelanta de nuevo y a partir de ahí empieza un acoso irracional por parte del camión. Un desquiciado e involuntario duelo ha comenzado para David, quien no puede dar crédito a los acontecimientos que se van sucediendo. Su vida dependerá de la habilidad al volante y la fortaleza de su mente.
 
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Ficha técnica y artística

El Diablo sobre Ruedas (Duel). EEUU, 1971, 90 min.

Dirección: Steven Spielberg

Intérpretes: Dennis Weaver, Tim Herbert, Lou Frizzeli

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Crónica de El Maquinista


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domingo, 19 de enero de 2014

Solo Dios Perdona

Comentario de SOLO DIOS PERDONA














Algunos directores poseen un estilo cinematográfico tan particular que sus películas constituyen una experiencia audiovisual diferente de la mayor parte de largometrajes que se estrenan habitualmente. Realizadores como David Lynch, Wong Kar-Wai o Terrence Malick han cimentado buena parte de su carrera mediante unos estilos personales que hacen perfectamente identificables sus obras. Esta opción suele estar vinculada a estructuras narrativas poco ortodoxas, lo que puede provocar que si no se tiene cuidado se caiga con facilidad en primar el continente sobre el contenido, es decir, perderse en funambulismos estéticos en detrimento del argumento, que a fin de cuentas es la razón de ser de las películas. Una de las últimas incorporaciones a este grupo es el realizador danés Nicolas Winding Refn, que deslumbró hace dos años con la portentosa "Drive", cinta con la que ganaría la Palma de Oro en Cannes a la mejor dirección. Refn ha estrenado recientemente "Solo Dios Perdona", la cual supone una continuación de su estilo cinematográfico basado en poco diálogo, cuidada estética y narración implícita, diciendo más cosas con imágenes que con palabras. El resultado es una obra hipnótica con un Bangkok onírico como telón de fondo, auténtico cine de acción con sello de autor. Para el espectador desprevenido puede suponer un verdadero descoloque, pero en ella se encuentra una experiencia cinematográfica inolvidable.

"Solo Dios Perdona" relata la espiral de violencia que se desencadena en la capital tailandesa alrededor de Julian (Ryan Gosling), un norteamericano que regenta un club de artes marciales que sirve como tapadera a los negocios de drogas de su familia. Una noche su hermano Billy asesina brutalmente a una prostituta menor de edad y en represalia es a su vez liquidado por el teniente de policía Chang (Vithaya Pansringarm), un veterano oficial que cuenta con un respeto casi reverencial entre sus compañeros. Tras conocer la noticia de la muerte de su primogénito, la madre de Julian (Kristin Scott Thomas) llega a Bangkok procedente de los Estados Unidos y ordena a éste que localice a los responsables y los elimine. Julian, que mantiene una relación muy conflictiva con ella, comienza a indagar poniendo en marcha finalmente una batalla entre sus hombres y el implacable policía.
 
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Ficha técnica y artística

Solo Dios Perdona (Only God Forgives). Francia, 2013, 89 min.

Dirección: Nicolas Winding Refn

Intérpretes: Ryan Gosling, Kristin Scott Thomas, Vithaya Pansringarm
 
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Crónica de El Maquinista



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