sábado, 25 de agosto de 2012

El Fin del Romance

Comentario de EL FIN DEL ROMANCE
 
 
La verde isla de Irlanda siempre ha intentado diferenciarse de sus vecinos británicos para ganar perfil propio, pero la verdad es que las semejanzas entre ambos países son un hecho bastante palpable. Con la salvedad de ser católicos y republicanos, los irlandeses mantienen costumbres profundamente arraigadas en la forma de vida inglesa, como beber cerveza tibia, jugar al fútbol (o al rugby) y tener como segunda residencia el pub más cercano. Los suelos de sus cuartos de baño también tienen moquetas, el clima no es muy bueno y la calidad de la comida no se puede expresar con palabras, todo muy del estilo de los hijos de la Gran Bretaña. En el cine tampoco hay mucho que resaltar, por aquí conocemos sobre todo a un par de directores interesantes. Por un lado está Jim Sheridan, responsable de tres estupendas colaboraciones con Daniel Day-Lewis: "Mi Pie Izquierdo" (1989), "En el Nombre del Padre" (1995) y "The Boxer" (1998). Por otro está Neil Jordan, realizador de títulos como "Entrevista con el Vampiro" o "Michael Collins", y quien en 1999 se lanzaría a por un relato ambientado en el centro del universo del Imperio Británico, el Londres de la Segunda Guerra Mundial. Que Dios Salve a la Reina y tal.
 
Tras su meridianamente claro título, "El Fin del Romance" narra la aventura amorosa entre el escritor londinense Maurice Bendrix (Ralph Fiennes) y Sarah Miles (Julianne Moore), la esposa de un anodino funcionario de Su Majestad. Mientras ambos viven su romántica historia Londres sufre los bombardeos de la aviación alemana, lo que da un trasfondo dramático muy apropiado al asunto. Fiennes borda una vez más su característico papel de hombre melancólico/atormentado (veáse también "El Paciente Inglés", "El Jardinero Fiel", "El Lector", etc). A su lado le da réplica la no menos brillante (yo diría que más) Julianne Moore mientras Stephen Rea hace de sufrido secundario de lujo. Neil Jordan sabe manejar muy bien las piezas del relato y termina consiguiendo un trabajo realmente estupendo. Y si se puede ver en versión original pues mucho mejor.
 
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Ficha técnica y artística
 
El Fin del Romance (The End of the Affair). Reino Unido, 1999, 102 min.
 
Dirección: Neil Jordan
 
Intérpretes: Ralph Fiennes, Julianne Moore, Stephen Rea
 
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Crónica de Atticus Finch
 
 
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lunes, 20 de agosto de 2012

Marathon Man

Comentario de MARATHON MAN

 
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial una parte importante de los más destacados miembros del aparato nazi fueron apresados por las tropas aliadas o se quitaron antes la vida. Un buen número de científicos alemanes colaboradores del Reich serían por otra parte indultados y llevados como botín de guerra a los Estados unidos y la Unión Soviética por su alto valor estratégico. Alguno, como el profesor Wernher von Braun, llegaría a ser una de las piezas clave del programa espacial norteamericano que desembocaría en la llegada a la Luna con las misiones Apollo. Por último, numerosos cuadros intermedios de las SS y alguna que otra personalidad relevante del nazismo consiguieron burlar el cerco aliado pasando a la clandestinidad en diversos países de Europa y Sudamérica. De esta manera, lugares como Paraguay, Argentina y Brasil se convertirían en un auténtico refugio para criminales de guerra como Joseph Mengele, aunque tanto los cazadores de nazis como los servicios secretos israelíes intentarían seguirles la pista sin descanso. Muchos vivieron sin problemas bajo identidad falsa gozando incluso de una nueva vida bajo la apariencia de respetables hombres canosos, pero con un pasado tremendamente oscuro.

"Marathon Man" es uno de los largometrajes más conocidos de John Schlesinger, director entre otras de "Darling" (1965) y "Cowboy de Medianoche" (1969). La cinta narra la llegada a Nueva York de un antiguo criminal de guerra nazi, el doctor Christian Szell (Laurence Olivier), quien tiene escondida en el país una valiosa colección de diamantes. El botín procede de cientos de familias judías deportadas a campos de concentración en la II Guerra Mundial y ha sido ocultado por Szell durante más de veinte años para poder venderlo. Las fuerzas de seguridad han conseguido seguirle la pista gracias Henry Levy (Roy Scheider), un agente secreto que terminará por involucrar en el caso a su hermano Tom, (Dustin Hoffman). Éste vive ajeno a toda la trama preparando su doctorado en historia y realizando largas carreras por Central Park, ya que es un apasionado de la maratón. De un día para otro se verá inmerso sin saberlo en un complejo caso de criminales y dobles agentes, teniéndo que verse las caras con Szell.

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Ficha técnica y artística

Marathon Man. EEUU, 1976, 125 min.

Dirección: John Schlesinger

Intérpretes: Dustin Hoffman, Laurence Olivier, Roy Scheider

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Crónica de El Maquinista


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sábado, 11 de agosto de 2012

Samurai Rebellion

Comentario de SAMURAI REBELLION


El honor es uno de los sentimientos más nobles que puede albergar una persona y uno de los mayores tesoros, junto con la dignidad, a los que no se debe renunciar nunca. Sin embargo, para que el concepto de honor haga justicia a su nombre éste debe regirse según unos valores coherentes, unos principios sensatos. Como esto es susceptible de variar según épocas y lugares lo común ha sido que la idea de honor se haya desvirtuado y directamente sirva de tapadera para permitir una larga lista de comportamientos aberrantes y salvajadas varias. Una de estas perversiones se urdió en el Japón medieval, donde los señores feudales fueron imponiendo a los samuráis unas normas de actuación que se cimentaban en torno a la reverencial servidumbre que se les debía tributar, sin ningún tipo de margen para disentir. Esto fue poco a poco construyendo unas pautas de comportamiento social en el que el honor del samurái dependía en gran medida de la obediencia incondicional a su señor, un terreno muy propicio para fanatismos y códigos morales ambiguos. Los antiguos caballeros castellanos solían establecer una acertada diferencia entre dos vertientes de vasallaje: la fidelidad, en la que se seguía ciegamente al señor, y la lealtad, que permitía discutir las órdenes dentro de un sincero juramente de obediencia. En el caso de los samuráis el camino de la lealtad podía ser el comienzo de un viaje de no retorno, tal y como plasmaría en pantalla el director nipón Masaki Kobayashi en el excepcional largometraje "Samurai Rebellion" (1967), para la que contaría con el legendario actor Toshiro Mifune en el papel de protagonista.

"Samurai Rebellion" se sitúa en un feudo rural de Japón en el siglo XVIII, en plena era Tokugawa. El país vive desde hace décadas una época de estabilidad bajo la dictadura militar de los Shogun, lo que ha conllevado que los samuráis abandonen los campos de batalla para dedicarse a labores administrativas como funcionarios de sus respectivos clanes. Este es el caso de Isaburo Sasahara (Toshiro Mifune), un veterano samurái que ha servido fielmente al clan durante más de veinte años. Un día le notifican que su señor ha expulsado a una de sus concubinas, la dama Ichi, de la corte y se le ordena que la acoja en su casa para casarla con su hijo mayor, Yogoro. La familia acepta a regañadientes porque supone un importante desaire, pero Ichi resulta ser una dulce muchacha a la que pronto toman cariño. Isaburo se siente feliz al ver que su hijo ha encontrado por carambolas del destino a una buena esposa que pronto le dará una nieta, la pequeña Tomi. Sin embargo, al pasar tres años, un acontecimiento hace tambalear la armonía del hogar, ya que el señor ordena que Ichi vuelva al castillo para integrarse de nuevo en la corte. Ante la incredulidad de las noticias Isaburo y su hijo deciden negarse cortesmente porque no piensan entregar a Ichi como si fuera un saco de arroz desprovisto de sentimientos. Finalmente la muchacha es llevada al castillo mediante engaños y encerrada allí. Los acontecimientos se precipitan y el señor ordena a Isaburo y Yogoro cometer harakiri, pero éstos se niegan y deciden empuñar sus espadas para luchar por su honor y una causa justa. La rebelión ha comenzado.

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Ficha técnica y artística

Samurai Rebellion. Japón, 1967, 128 min.

Dirección: Masaki Kobayashi

Intérpretes: Toshiro Mifune, Yoko Tsukasa, Go Kato

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Crónica de Atticus Finch



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domingo, 5 de agosto de 2012

C.R.A.Z.Y.

Comentario de C.R.A.Z.Y.


Hay algunos países que por diversas razones viven ensombrecidos por sus vecinos, a pesar de ser naciones que por derecho propio deberían ser ejemplo a seguir en muchos ámbitos. Un caso paradigmático es Canadá, la próspera tierra al norte de los Estados Unidos cuyo sistema político y social se sitúa en varios aspectos más próximo a las ideas europeas que a las estadounidenses. En Canadá conviven dos comunidades lingüísticas diferentes, la anglosajona, mayoritaria y que ocupa las tres cuartas partes del país, y la francófona. Pero precisamente por el hecho de hablar francés esta parte oriental del Canadá (el Québec) es la que ha conseguido zafarse mejor del dominio cultural estadounidense. El Canadá anglosajón está en gran parte abducido por la superpotencia del sur, como bien demuestra que la mayor parte de los actores canadienses de habla inglesa se hayan mudado allí, como Donald Sutherland, Sarah Polley o Jim Carrey. En el campo de los directores el asunto está más equilibrado, ya que a pesar de que algunos emigraron a Hollywood hace tiempo (Paul Haggis, James Cameron...) otros han seguido desarrollando su carrera en el país. En este grupo se encuentran autores como David Cronenberg ("Una Historia de Violencia", "Promesas del Este") o el realizador de origen armenio Atom Egoyan ("El Dulce Porvenir", "Ararat"). En el Canadá francófono destacan por su parte Denys Arcand ("Las Invasiones Bárbaras") y recientemente Jean-Marc Vallée, que con "C.R.A.Z.Y." (2005) consiguió rodar un largometraje de repercusión internacional.

"C.R.A.Z.Y." es el relato vital de una familia de Québec a lo largo de dos décadas, de los años sesenta a los ochenta. La historia avanza a través de los ojos de Zac (Marc-André Gordin), uno de los cinco hermanos de la familia que nace el día de Navidad de 1960. Desde su infancia tiene que hacerse un hueco entre sus tres hermanos mayores y luchar por no defraudar las expectativas de su padre (Michel Côté). Para ello cuenta con la ayuda cómplice se su madre (Danielle Proulx), quien es mucho más tierna y cromprensiva con sus hijos. Zac comienza bien pequeño a mostrarse un poco diferente al resto de sus hermanos, siendo más sensible y proclive a jugar con pasatiempos más propio de niñas. Esto dispara las alarmas de su padre que desde entonces lo vigilará para que crezca según su patrón de hombría. Con la adolescencia Zac evoluciona a un chico rebelde apasionado por la música de David Bowie y Pink Floyd, y será entonces cuando empiece a darse cuenta de su orientación sexual soterrada. Esto lo lleva a un constante estado de confrontación consigo mismo al intentar negar esa faceta de su personalidad, temeroso además de herir a su entorno. A pesar de ser católicos practicantes la familia tiene un espíritu muy tolerante y abierto, pero su padre tiene como línea roja la condición de homosexual, algo que le horroriza a pesar de querer con locura a cada uno de sus cinco hijos, Zac incluido.

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Ficha técnica y artística

C.R.A.Z.Y. Canadá, 2005, 127 min.

Dirección: Jean-Marc Vallée

Intérpretes: Marc-André Gordin, Michel Côté, Danielle Proulx

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Crónica de El Maquinista


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domingo, 29 de julio de 2012

En el Calor de la Noche

Comentario de EN EL CALOR DE LA NOCHE


Casi todos los países tienen ciertas diferencias regionales que configuran de algún modo su idiosincrasia interna. En el caso de Estados Unidos se da la curiosa situación de que bajo el paraguas de una fuerte identidad nacional compartida existen al mismo tiempo brechas enormes entre unos territorios y otros, debido sobre todo a las grandes proporciones del país. Poco tiene que ver la tradición progresista de los estados de Nueva Inglaterra (Massachusetts, Maine, Connecticut...) con el llamado Cinturón Bíblico de Kentucky, Tennessee o Misuri, donde el fundamentalismo cristiano y las armas de fuego han moldeado el carácter de buena parte de la población. El espíritu liberal y abierto de la Costa Oeste (California y Oregón) contrasta con el ambiente cerrado y conservador de Tejas y el Sur Profundo (Alabama, Misisipi, Georgia...). Del mismo modo, los estados industriales de los Grandes Lagos (Michigan, Illinois...) no pueden ser más diferentes de las zonas agrícolas que dominan las Grandes Llanuras del Medio Oeste o de los territorios hispanos fronterizos con Méjico, lugares cuya orografía también ha condicionado la evolución de sus habitantes. Y es que EEUU es tan diverso, con tanta variedad de corrientes ideológicas y sociales, que no debería ser juzgado de manera tan simplista como en tantas ocasiones se ve cada día. Un país no se constituye en superpotencia por casualidad, y a ello ha contribuido sin duda alguna el espíritu de unión que se refleja en el lema nacional: E Pluribus Unum (De muchos, uno). 

"En el Calor de la Noche" sitúa al espectador en una pequeña localidad sureña de los Estados Unidos a comienzos de los años 60. El inspector de la policia de Filadelfia Virgil Tibbs (Sidney Poitier) ha vuelto al Sur para visitar a su madre, pero debe esperar durante la noche en el apeadero del pueblo al tren que le lleve finalmente a casa. En esos precisos momentos un ciudadano blanco es asesinado en la localidad y Virgil es detenido como principal sospechoso, básicamente por ser un negro forastero con dinero en la cartera. Al ser llevado a comisaría el sheriff Gillespie (Rod Steiger) comienza el interrogatorio y no sale de su asombro cuando Tibbs le cuenta a qué se dedica en el Norte. Tras confirmar por teléfono la identidad de su sospechoso Virgil queda en libertad aunque su jefe de la policía de Filadelfia le ordena que colabore con las autoridades locales para esclarecer el asesinato. A Tibbs no le parece una buena idea ya que solo quiere salir cuanto antes de ese lugar y al sheriff no le entra en la cabeza que un negro pueda ayudarle en una investigación. Sin embargo, viendo que las circunstancias del crimen le desbordan, decide tragarse su orgullo y pedir la colaboración de Virgil. Juntos formarán una pareja de detectives insólita que habrá de husmear en las profundidades de un pueblo dominado por la industria algodonera, el racismo y los prejuicios arrastrados durante décadas.

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Ficha técnica y artística

En el Calor de la Noche (In the Heat of the Night). EEUU, 1967, 109 min.

Dirección: Norman Jewison

Intérpretes: Sidney Poitier, Rod Steiger, Warren Oates

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Crónica de El Maquinista


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sábado, 21 de julio de 2012

Antes del Amanecer

Comentario de ANTES DEL AMANECER


Desde siempre el hombre se ha parado a reflexionar sobre los intrincados mecanismos que rigen su periplo vital, para lo cual ha buscado respuestas en la filosofía, la ciencia o la religión. Algunos, como los calvinistas en su época, piensan que la vida de cada uno es un meticuloso plan trazado por una fuerza superior donde los hombres no son más que piezas de un tablero sujetos a la voluntad divina. Otros en cambio creen en la capacidad de las acciones individuales para variar el curso de los acontecimientos, pudiendo tener así algo de control sobre su propio destino. Y en el otro extremo se sitúan aquellos que ven todas las cosas como una pura combinación de probabilidades dirigidas por el azar absoluto. La vida es de esta manera una sucesión de múltiples estados posibles que se materializan o no dependiendo de cada pequeña acción individual, tanto voluntaria como involuntaria. Se trata en cierta manera de una extrapolación de la mecánica cuántica al mundo que nos rodea más allá del átomo, todo es regido por un principio de incertidumbre en el que el destino es como una partícula elemental a merced de las probabilidades y las carambolas del entorno que nos rodea.

"Antes del Amanecer" es uno de los trabajos más reconocidos de su director, Richard Linklater, quien en esta película decide explorar las puertas que abren las coincidencias y lo que puede implicar el aprovechar o no las oportunidades que surgen. Jesse (Ethan Hawke) es un joven norteamericano de excursión por Europa que se dirige en tren de Budapest a Viena para coger su avión rumbo a casa. En su mismo vagón viaja Céline (Julie Delpy), una estudiante francesa que vuelve de Hungría tras visitar a su abuela. Ambos entablan fortuitamente conversación y poco a poco la conexión entre ambos se hace patente. Al llegar a Viena Jesse debe despedirse pero en ese momento se le ocurre una idea a la par brillante como absurda. Invita a Céline a bajarse con él y recorrer juntos la capital austriaca durante las horas que faltan para que salga su avión. Ella finalmente acepta y los dos jóvenes comienzan a recorrer las calles de la ciudad mientras conversan y van descubriéndose mutuamente el uno al otro.

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Ficha técnica y artística

Antes del Amanecer (Before Sunrise). EEUU, 1995, 101 min.

Dirección: Richard Linklater

Intérpretes: Ethan Hawke, Julie Delpy

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Crónica de Atticus Finch


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domingo, 8 de julio de 2012

La Cruz de Hierro

Comentario de LA CRUZ DE HIERRO


Si hay un conflicto armado que reine sin discusión en el cine bélico esa es la II Guerra Mundial, ya sea debido a sus titánicas proporciones, trascendencia histórica o por las consecuencias geopolíticas que trajo consigo. Dado que el cine occidental es predominantemente anglosajón es de lógica que la mayoría de las películas que tratan sobre esta guerra lo hayan hecho desde la perspectiva de las potencias aliadas, mientras que el ángulo alemán y japonés ha quedado reducido prácticamente a sus propias producciones. Entre los escasos títulos que se han acercado al bando enemigo están "Tora, Tora, Tora" (Richard Fleischer, 1970), la brillante "Cartas desde Iwo Jima" (Clint Eastwood, 2006) o  "La Cruz de Hierro" (1977), uno de los últimos trabajos del mítico director Sam Peckinpah. Y es que conociendo la fascinación que le producía al realizador norteamericano el explorar el lado más brutal y violento de la condición humana es de extrañar que no se hubiera internado antes en los dominios del cine bélico, sitio a priori ideal para desarrollar sus temáticas recurrentes. En realidad Peckinpah lo que acabaría filmando es un auténtico western de trincheras donde se libra un combate salvaje por la supervivencia, todo impregando por esa atmósfera crepuscular tan característica suya. Básicamente una especie de pandilla salida de "Grupo Salvaje" metidos a soldados de la Wehrmacht.

"La Cruz de Hierro" tiene como escenario la retirada de las tropas alemanas del frente ruso en 1943. Tras haber sido derrotados por el Ejército Rojo en Stalingrado y diezmados por el general invierno, los soldados del Reich abandonan Rusia en un penoso retorno hacia posiciones más seguras, teniendo además que repeler los continuos ataques soviéticos en su retaguardia. Entre las tropas alemanas se encuentra un pelotón comandado por el sargento Steiner (James Coburn), un descreído oficial cuyo espíritu habita a partes iguales entre el nihilismo y el instinto de supervivencia más feroz. Su única meta es mantener a sus hombres con vida a la vez que desprecia todo el aparato jerárquico del ejército. Y nada mejor para reafirmarse en sus ideas que la llegada a su destacamento del capitán Stransky (Maximilian Schell), un refinado oficial de larga tradición militar en su familia. El único objetivo del capitán es hacer méritos en combate para obtener la ansiada Cruz de Hierro, una de las máximas condecoraciones del ejército alemán. De esta manera podrá recibir el mismo honor que su abuelo en la guerra franco-prusiana de 1870 y su padre en la I Guerra Mundial. Sus decisiones y comportamiento harán que inevitablemente choque con Steiner y su pelotón de supervivientes.

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Ficha técnica y artística

La Cruz de Hierro (Cross of Iron). Reino Unido-Alemania, 132 min.

Dirección: Sam Peckinpah

Intérpretes: James Coburn, Maximilian Schell, James Mason

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Crónica de El Maquinista


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domingo, 1 de julio de 2012

Ciudad de Dios

Comentario de CIUDAD DE DIOS


Uno de los mayores desafíos para el desarrollo de cualquier país es la distribución equitativa entre su población de los recursos que genera la tierra. Si el producto interior bruto nos da la idea de la riqueza de un estado en términos absolutos, la renta per cápita es la que proporciona el dato de lo que teóricamente corresponde a cada habitante. Pero para poder juzgar adecuadamente éste último conviene tener a mano el llamado coeficiente de Gini para ver los índices de reparto equitativo real de esa renta. Las posiciones de cabeza suelen estar ocupadas desde hace años por las naciones escandinavas gracias a su tradicional conciencia de la justicia social, la igualdad de oportunidades y la gestión responsable de las arcas públicas. Por contra, una de las regiones con tasas de desigualdad más altas es Latinoamérica, donde el problema en algunos países es ya algo crónico. La concentración de dinero y poder en manos de unas pequeñas élites, sean del color político que sean, han conducido durante décadas a una brecha social que tiene como buen ejemplo las barriadas chabolistas de las grandes urbes sudamericanas. En Brasil las llamadas favelas son desgraciadamente algo tan distintivo del país como su fútbol o los carnavales, y su importancia sociológica queda bien patente cuando dos de las mejores películas brasileñas de la pasada década, "Ciudad de Dios" (2002) y "Tropa de Élite" (2007), tienen como escenario estos lugares.

"Ciudad de Dios" es el trabajo con el que su director, Fernando Meirelles, se da a conocer mundialmente suponiendo también un salto enorme para el panorama cinematográfico sudamericano en general y brasileño en particular. La cinta narra la historia del crimen organizado en la favela Ciudad de Dios, uno de los suburbios de Rio de Janeiro cuyo cuidado y seguridad parece haber sido dejada en manos del Altísimo. La historia abarca desde finales de los años 60 hasta principios de los 80 y es vista desde la perspectiva de dos chavales del barrio, Buscapé y Dadinho. El primero sueña con ser fotógrafo y el segundo con ser el criminal más peligroso de la ciudad, objetivos bien diferentes pero que finalmente les llevará a encontrarse en algún recodo del tiempo. Con el paso de los años Buscapé va sorteando el ambiente criminal de la favela compaginando trabajo y estudios, mientras que Dadinho consigue imponer su ley en el barrio al frente de un pequeño ejército de seguidores bajo el nombre de guerra de Ze Pequeno.

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Ficha técnica y artística

Ciudad de Dios (Cidade de Deus). Brasil, 2002, 130 min.

Dirección: Fernando Meirelles & Kátia Lund

Intérpretes: Alexandre Rodrigues, Leandro Firmino, Phellipe Haagensen

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Crónica de Atticus Finch


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domingo, 24 de junio de 2012

La Colina

Comentario de LA COLINA


Si hay algo que agradezco en las buenas películas de Sidney Lumet es la constancia con la que plantea tres ideas fundamentales. Primero: Lumet aborda temas complejos cuyo tratamiento no es nada sencillo si no se quiere caer en maniqueísmos o lugares comunes. Segundo: Sus protagonistas, y por extensión el espectador, son puestos ante dilemas morales que ponen a prueba su integridad. ¿Debo declarar culpable a una persona si tengo una duda razonable? ("Doce Hombres sin Piedad", 1957). ¿Puedo dejar que un amigo se autodestruya a pesar de batir records de audiencia? ("Network", 1976). ¿Es condenable lanzar una bomba atómica contra tu propio país para evitar la guerra nuclear total? ("Punto Límite", 1964). Y tercero: los valores de la sociedad tienden por inercia a difuminarse, son un puñado de individuos lo que pelean por ellos y hacen que el mundo avance. Así es el cine de Lumet, un puñetazo encima de la mesa para dejar al descubierto los trapos sucios de cada casa. En "La Colina" el realizador estadounidense decide en esta ocasión mostrar una guerra dentro de otra, la que se libra en el interior de una prisión militar gobernada por auténticos seguidores de Kafka.

"La Colina" narra la estancia de cuatro soldados británicos en un penal militar del desierto libio durante la Segunda Guerra Mundial. El lugar es un campo amurallado en medio de la nada donde son enviados aquellos efectivos acusados de insubordinación, deserción del ejército y otras faltas graves. En el grupo de recién llegados destaca Joe Roberts (Sean Connery), cuyo sentido de la dignidad pronto hace que sea el blanco de las iras del sargento Williams (Ian Hendry), un oficial recién incorporado al campo que no duda en aplicar los castigos más brutales a los prisioneros. Entre ellos está el subir y bajar una enorme colina de arena y piedras construida en el centro del patio de la prisión, lo que provoca un enorme desgaste físico debido a las ya de por sí duras condiciones y el calor extremo. El maltrato a los prisioneros finalmente acaba con la vida de uno de ellos y esto hace estallar la convivencia en el penal. Por un lado algunos reclusos liderados por Roberts se marcan como objetivo conseguir las pruebas para denunciar al sargento, mientras que otros oficiales también contrarios con el modo de llevar las cosas deciden dar el paso y enfrentarse abiertamente al mayor del campo (Harry Andrews).

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Ficha técnica y artística

La Colina (The Hill). Reino Unido, 1965, 122 min.

Dirección: Sidney Lumet

Intérpretes: Sean Connery, Harry Andrews, Ian Hendry

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Crónica de Atticus Finch


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domingo, 17 de junio de 2012

Boogie Nights

Comentario de BOOGIE NIGHTS


Entre los jóvenes realizadores norteamericanos que emergieron en la década de los 90 uno de los nombres más destacados es el de Paul Thomas Anderson, poseedor de una filmografía tan interesante como personal. Además de las labores de dirección Anderson también firma los guiones de todos sus trabajos, por lo que lleva la práctica totalidad del peso creativo de sus largometrajes, algo no muy común en Hollywood. Debutó en 1996 con "Sidney", de la cual no puedo decir nada porque no la he visto, pero el salto definitivo llegaría con "Boogie Nights" (1997) y "Magnolia" (1999), por las que recibe amplio reconocimiento de crítica y público. Posteriormente estrena en 2002 la arriesgada "Punch-Drunk Love" (o cómo conseguir que Adam Sandler parezca un actor serio) y su hasta hora más reciente obra, "Pozos de Ambición" (2007), una magnífica radiografía del poder corruptor del dinero y la religión que cuenta con una actuación memorable de Daniel Day-Lewis. Este año volverá de nuevo a las pantallas con el estreno de "The Master", el relato de la creación de una organización religiosa a mediados del siglo pasado en EEUU.

"Boogie Nights" narra el asceno y caída de una estrella del cine erótico a finales de los años 70 y comienzos de los 80, con el trasfondo de los cambios culturales y sociales que se sucedieron en aquella época a través de la perspectiva de su entorno en la industria. Eddie Adams (Mark Wahlberg) es un joven con aspiraciones de triunfar en la vida que trabaja en la cocina de un local nocturno de Los Angeles. Una noche coincide en los lavabos con el reputado director de películas X Jack Horner (Burt Reynolds), quien tras conocerle le ofrece unirse como actor a uno de sus próximos trabajos. Horner utiliza su casa californiana como base de operaciones y es una figura paternal para su equipo técnico y artístico, en el que destaca su actriz fetiche (Julianne Moore). El éxito llega para Eddie y pronto se convierte en la nueva sensación de la industria del cine para adultos, pero al poco tiempo cae en las drogas y rompe relaciones con el entorno de su descubridor. Mientras trata de rehabilitarse todos los personajes sufren en sus carnes el hecho de que los años 80 traen consigo el fin de una época y el comienzo de otra bien distinta.

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Ficha técnica y artística

Boogie Nights. EEUU, 1997, 156 min.

Dirección: Paul Thomas Anderson

Intérpretes: Mark Wahlberg, Burt Reynolds, Julianne Moore

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Crónica de El Maquinista


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sábado, 9 de junio de 2012

Deliverance

Comentario de DELIVERANCE


Mientras escribía la semana pasada la crónica de "Acorralado" empecé a pensar en un tipo de películas que me atraen mucho, aquellas que exploran el comportamiento humano en situaciones límite y los instintos de supervivencia que emergen entonces. Se trata de una vuelta a los orígenes del hombre cazador-recolector, seres acorralados por el entorno o las circunstancias que han de recurrir a la lucha más primaria por sobrevivir en un ambiente hostil. Existe una corriente de cine que empezó a tratar este tema a partir de los años 60, cuando directores como Sam Peckinpah o Arthur Penn pusieron encima de la mesa historias violentas a la par que humanas. Ambos tienen para mi cuatro títulos imprescindibles en este sentido, cada uno con sus matices: "Grupo Salvaje" (1969) y "Perros de Paja" (1971) de Peckinpah, "Bonnie & Clyde" y "La Jauría Humana" de Penn. En esta estela se sitúa "Deliverance" (John Boorman, 1972), palabra que traducida del inglés significa Liberación, en un enigmático sentido que debe de hacer referencia al despertar del lado más animal escondido dentro de cada uno. Esta mítica cinta es probablemente el trabajo más recordado del realizador británico junto a otros dos estupendos largometrajes: "A Quemarropa" (1967), un maravilloso thriller de autor protagonizado por Lee Marvin, y "Excalibur" (1981), la adaptación más conseguida de las leyendas artúricas que huye del historicismo para entregarse de lleno a la vertiente más fantástica del relato.

"Deliverance" es una historia sobre la batalla por la supervivencia que deben afrontar cuatro amigos de Atlanta cuya intención es pasar un fin de semana en los montes Apalaches y bajar en canoa el río Cahulawassee. El grupo lo encabezan el apacible Ed (Jon Voight) y el atlético Lewis (Burt Reynolds), dueños de unas personalidades tan diferentes como complementarias. Tras contratar a un par de lugareños para que les lleven los coches a la desembocadura del río, los cuatro amigos se sumergen en los densos bosques de la región abandonando por completo el mundo civilizado para entrar en los dominios de lo salvaje, tanto a nivel físico como psicológico. Tras el primer día de viaje en canoa llega el punto de inflexión, el grupo es atacado por unos criminales y la tragedia sobreviene. Armados únicamente con el arco de tiro profesional de Ed, todos iniciarán una desesperada lucha por salvar la vida y llegar cuanto antes a la desembocadura del río, que es la personificación del indomable poder de la naturaleza.

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Ficha técnica y artística

Deliverance. EEUU, 1972, 110 min.

Dirección: John Boorman

Intérpretes: Jon Voight, Burt Reynolds, Ned Beatty

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Crónica de Atticus Finch


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domingo, 3 de junio de 2012

Acorralado

Comentario de ACORRALADO


Seguramente más de uno se lleve las manos a la cabeza al ver una película de Sylvester Stallone presidiendo una entrada de este blog, pero si algo he intentado desde que se inició esta bitácora es dejar a un lado los prejuicios y hablar sobre buenos largometrajes independientemente de su procedencia. Las cintas protagonizadas por Stallone desde hace más de treinta años son en su mayor parte bastante lamentables aunque es probablemente el actor de cine de músculo que más ha intentado diversificar su carrera, junto con Arnold Schwarzenegger (éste la diversificó tanto que hasta llegó a gobernador de California). Cierto es que sus incursiones más allá de la acción pirotécnica han sido escasas y casi siempre fallidas, pero también es justo decir que un puñado de sus películas son trabajos interesantes, como la primera entrega de "Rocky" (1976), "Evasión o Victoria" (1981) o "Acorralado" (1982), la cinta fundacional del mito de Rambo. Sin embargo conviene distinguir dos perspectivas bien diferentes del personaje de John Rambo, la de esta primera entrega y la de posteriores secuelas. Estas últimas no eran más que burdos productos que a pesar de poder entretener al espectador con un amplio catálogo de explosiones son objetivamente malas. En ellas Rambo luchaba contra los rusos en la jungla de Vietnam y en los desiertos afganos, muy en sintonía con la ultraconservadora era Reagan de la década de los 80. Incluso hace cuatro años Stallone rescataría de nuevo a su guerrero favorito para una aventura crepuscular en Birmania, esta vez ejerciendo como destructor autónomo. Pero a la primera entrega de la saga hay que hacerle justicia, ya que muestra un enfoque diferente en el que se asiste al drama personal de un veterano de guerra de Vietnam que no ha conseguido reisentarse en la sociedad. La acción no transcurre en lugares lejanos, sino en la montañas del noroeste de Estados Unidos, donde un John Rambo acorralado se echa al monte a hacer frente a los cuerpos de seguridad de su propio país que intentan cazarlo como a un animal herido.

La cinta se sitúa en una pequeña localidad montañosa de EEUU, en el estado de Washington, a donde un forastero vagabundo llega buscando a un antiguo compañero de la Guerra de Vietnam. Se trata de John Rambo (Sylvester Stallone), un ex boina verde que formaba parte de varios comandos de élite durante el conflicto. Su vuelta a la vida civil ha sido traumática, lo que le ha llevado a ser incapaz de asentarse en ningún lugar ni vivir en paz consigo mismo. El ejército de su país lo convirtió en una perfecta máquina de matar y ahora es un juguete roto presa de su pasado. Tras descubrir que su antiguo amigo murió hace tiempo por las secuelas del agente naranja, una de las armas químicas que usaron contra el Vietcong, Rambo decide proseguir su camino a ninguna parte. Pero en su marcha se cruza el sheriff Teasle (Brian Dennehy), que decide interrogarlo por su descuidado aspecto y finalmente mandarlo detenido a la comisaría del pueblo bajo la acusación de desobediencia a la autoridad. Los malos tratos que allí recibe terminan por hacer que Rambo pierda el control y se fugue arrasando todo a su paso. Mientras éste busca refugio en las montañas pronto se lanza un amplio dispositivo de búsqueda y captura, a lo que Rambo responderá poniendo en práctica todo su adiestramiento militar en la lucha de guerrillas.

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Ficha técnica y artística

Acorralado (First Blood). EEUU, 1982, 97 min.

Dirección: Ted Kotcheff

Intérpretes: Sylvester Stallone, Brian Dennehy, Richard Crenna

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Crónica de HAL-9000


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domingo, 27 de mayo de 2012

Horizontes de Grandeza

Comentario de HORIZONTES DE GRANDEZA


La década de los 50 vio la ascensión de un tipo de películas que con el tiempo vinieron a denominarse globalmente como cine épico debido a las monumentales historias que relataban. Solían consistir en grandes producciones dramáticas ambientadas en tiempos antiguos como el Imperio Romano o la Edad Media y que combinaban buenas dosis de aventuras y romance. Estas cintas sacaban el máximo provecho al technicolor y el cinemascope para apabullar al espectador con impresionantes puestas en escenas donde abundaban las tomas panorámicas, multitud de decorados y buenas cantidades de extras. Para poner en pie semejante infraestructura los grandes estudios no escatimaban en medios pero tampoco solían descuidar los vitales papeles de la dirección y el guión. Gracias a ello hoy en día muchas de estas cintas pertenecen por derecho propio a la memoria colectiva del cine: "Gigante" (George Stevens, 1956), "Ben-Hur" (William Wyler, 1959), "Espartaco" (Stanley Kubrick, 1960), "El Cid" (Anthony Mann, 1961), etc. Incluso llegó a haber realizadores expertos en este tipo de rodajes como David Lean, que no estrenaba películas que durasen menos de tres horas ("Doctor Zhivago", "Lawrence de Arabia", "El Puente sobre el Río Kwai"...). El género del western también ha tenido algunos títulos de este estilo ya que sus historias de justicieros cabalgando por enormes espacios abiertos son terreno propicio para lucirse con una gran producción. Así lo haría William Wyler en 1958 con "Horizontes de Grandeza", con la particularidad de que el protagonista de la cinta era la antítesis completa del héroe del cine épico. Un hombre discreto, pacífico y tranquilo que no podía ser encarnado por nadie más que Gregory Peck.

La cinta narra la llegada al salvaje Oeste de un capitán de barco retirado llamado James McKay (Gregory Peck), un hombre procedente de la costa Este que viene a encontrarse con su prometida Patricia (Carroll Baker). La muchacha pertenece a la familia Terrill, un poderoso clan familiar que domina la región con sus ranchos y que está controlada con puño de hierro por el patriarca y futuro suegro de McKay. James choca inmediatamente con las costumbres locales y sobre todo con la feroz disputa que libran los Terryl con un clan rival, los Hannassey, por el control de los pastos y el agua. La diferente perspectiva que mantiene éste sobre el contencioso, proclive a buscar una solución no violenta, va socavando poco a poco su relación con Patricia, hasta que finalmente el hombre del Este decide romper el compromiso y labrarse su propio futuro en la zona. Para ello consigue que una amiga de Patricia, la maestra Julie, le venda un rancho que es clave para el desarrollo de la región ya que en él se encuentran unas reservas de agua vitales para el ganado de todos los clanes. Con su particular forma de hacer las cosas, de manera discreta y callada, McKay se hace hueco en solitario sin tomar partido por ningún bando, tan solo obedeciendo a su sentido de justicia, lo que le hará verse incomprendido por casi todos.

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Ficha técnica y artística

Horizontes de Grandeza (The Big Country). EEUU, 1958, 159 min.

Dirección: William Wyler

Intérpretes: Gregory Peck, Carroll Baker, Jean Simmons

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Crónica de Atticus Finch


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sábado, 19 de mayo de 2012

Ed Wood

Comentario de ED WOOD


El arte de hacer películas es, como su propio nombre indica, todo un arte lleno de complejidad y dificultades. El número de profesionales implicados en el desarrollo de un proyecto cinematográfico es enorme: directores, guionistas, intérpretes, productores, montadores, compositores, encargados de fotografía, sonido, dirección artística, etc. En algunos casos ha habido personas capaces de compaginar varias de estas tareas a la vez, autores multidisciplinares que escriben, dirigen y protagonizan sus trabajos. Normalmente el público se acuerda de los que han dejado una huella en la historia del cine, pero también abundan en la cara opuesta donde moran los subproductos de calidad cuestionable. Un personaje de este último grupo fue Edward Wood, una especie de Orson Welles pero en versión cutre que perpetró un buen número de cintas de serie B bastante lamentables a partir de la década de los 50. Años después a alguna mente privilegiada de la industria se le ocurrió la brillante idea de designarle como "el peor director de la historia del cine" (del estadounidense, se entiende), un completo disparate que no obstante es muy habitual en este mundo tan proclive a etiquetarlo todo de manera simplista. A partir de entonces la figura de Ed Wood alcanzaría una notoriedad de la que no había gozado en su faceta profesional, ni siquiera cuando estrenó su obra cumbre (es un decir) "Plan 9 del Espacio Exterior". Y como de todo hay en la viña del Señor no faltaron personas que empezaron a reivindicar sus trabajos como obras de culto (de culto cutre, supongo). De lo que no cabe duda es que Wood era un hombre entregado por completo al mundo del cine pero con un talento cuestionable, que tuvo la valentía de perseguir su sueño y que eso al menos le honra. Paradojas de la vida, su mayor legado a la posteridad sería su propia peripecia vital y profesional, un relato completamente de película.

La cinta nos sitúa en el Hollywood de los años 50, donde un joven llamado Ed Wood (Johnny Depp) trabaja de chico para todo en unos estudios de cine. Su mayor sueño es hacer películas y emular a su adorado Orson Welles, aunque de momento se conforma con dirigir pequeñas obras de teatro alternativo que pone en pie junto a su novia y una pandilla de amigos bastante peculiares. Un día conoce por casualidad en la calle al mítico actor Bela Lugosi (Martin Landau), famoso por sus interpretaciones del Conde Drácula en la década de los 30 pero ahora ya retirado. Pronto se hacen amigos y Eddie convence a un pequeño productor de serie B para que le asigne el guión y dirección de un largometraje si consigue que Lugosi acceda a entrar en el reparto. El talento de Wood para el cine sale pronto a relucir con este primer subproducto que trata de un hombre al que le gusta vestirse de mujer y los problemas que ello le acarrea, para lo cual se basa en su propia experiencia personal. Aunque la cinta es un fracaso Eddie ha conseguido asomar la cabeza en el circuito social más freak y bizarro de la ciudad de Los Angeles. Metido de lleno en el mundo de la serie B, Wood pondrá en marcha nuevos proyectos disparatados para los que se verá obligado a robar decorados, filmar sin licencia y hacer suyo el lema de que "con una sola toma es suficiente, ¡a positivar!". A pesar de las condiciones adversas su lucha por ser un director respetado seguirá adelante gracias al apoyo incondicional de sus amigos y la confianza en sí mismo.

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Ficha técnica y artística

Ed Wood. EEUU, 1994, 124 min.

Dirección: Tim Burton

Intérpretes: Johnny Depp, Martin Landau, Sarah Jessica Parker

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Crónica de Atticus Finch


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sábado, 12 de mayo de 2012

Drive

Comentario de DRIVE


Algunas películas poseen la capacidad de hechizar al espectador por algún motivo, bien por su puesta en escena, los actores, la banda sonora u otro tipo de elemento. Son cintas con personalidad propia que no tienen por qué ser redondas o perfectas, simplemente son buenos trabajos que tocan la tecla correcta en el interior de la persona que las ve. Uno de los últimos ejemplos de este tipo de cintas con las que se ha encontrado este cronista es "Drive" (Nicolas Winding Refn, 2011), una de las más gratas sorpresas de la temporada pasada. Contemplar una película de acción bien filmada e interpretada ya es de por sí todo un acontecimiento, pero los ingredientes de "Drive" recuerdan poderosamente a una de las referencias del género rodada por Peter Yates en 1968, la sin par "Bullitt". El largometraje de Yates hipnotizaba por el magnetismo de Steve McQueen y su Ford Mustang recorriendo las calles de San Francisco a ritmo de jazz. En "Drive" ocurre algo parecido con el carisma de Ryan Gosling inundando una obra donde los coches forman parte esencial de un relato donde los encuadres, las miradas y la música pesan tanto como los diálogos. Probablemente sea una de las mejores cintas de coches que uno pueda disfrutar junto a la propia "Bullitt", "El Diablo sobre Ruedas" (Steven Spielberg, 1971) y "Mad Max" (George Miller, 1979). Películas todas ellas en las que el protagonista ejerce de héroe solitario al volante de su vehículo, en una traslación moderna del jinete y el caballo de toda la vida. Los tiempos cambian pero el espíritu permanece.

"Drive" es la intimista historia de un muchacho de Los Angeles (Ryan Gosling) del que no sabemos el nombre, simplemente es El Conductor. De día trabaja como mecánico en un taller de coches y suele colaborar en bastantes rodajes como especialista de secuencias de acción. Gracias a su pericia al volante también se gana un sobresueldo como conductor profesional para robos y atracos nocturnos, bajo unas estrictas reglas que impone a los interesados. Su pasado y el cómo ha llegado a esa situación es un misterio para el espectador. Un día, tras un trabajo nocturno, el chico se muda de piso y conoce a su vecina Irene (Carey Mulligan), una joven madre cuyo marido está cumpliendo condena en prisión. El Conductor poco a poco sale de su coraza y traba amistad con Irene, aunque sus sentimientos van más allá. Al poco tiempo el marido vuelve a casa pero empieza a ser chantajeado por antiguos compañeros para que tome partido en nuevos atracos. Ante las amenazas cada vez más fuertes, El Conductor decide tomar cartas en el asunto y se ofrece a colaborar en el robo a condición de que Irene y su familia no vuelvan a ser molestados nunca. El atraco se lleva a cabo pero no termina como se esperaba, aparece demasiado dinero y El Conductor comprende que ha caído en una trampa, de la cual va a salir acabando con quien haga falta.

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Ficha técnica y artística

Drive. EEUU, 2011, 100 min.

Dirección: Nicolas Winding Refn

Intérpretes: Ryan Gosling, Carey Mulligan, Albert Brooks

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Crónica de El Maquinista


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sábado, 5 de mayo de 2012

La Confesión

Comentario de LA CONFESIÓN


Al finalizar la II Guerra Mundial en 1945 el mundo comenzó una nueva etapa bajo la tutela de las tres potencias aliadas que habían salido victoriosas de la contienda: Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética. Sus respectivos líderes habían ido trazando ya un plan consensuado durante el último tramo de la guerra para determinar las zonas de influencia que tendría cada uno sobre los territorios liberados. En Europa esta nueva realidad geopolítica iba a dividir al continente en dos bloques completamente diferentes cuya frontera psicológica se encontraba en Berlín, ciudad dividida dentro de una nación, Alemania, partida también por la mitad. Los países de Europa oriental caerían de este modo bajo la órbita soviética convirtiéndose de facto en protectorados de la URSS, sin posibilidad de desarrollar sistemas parlamentarios plenamente soberanos. A estos regímenes se les conocería con el nombre de democracias populares, aunque paradójicamente ni eran democracias ni eran precisamente populares. En todos ellos se implantarían estados totalitarios de partido único (el comunista) bajo la tutela de Moscú, aunque algunos territorios consiguieron cierta independencia de la URSS para desarrollar su propio camino al socialismo, caso de la Yugoslavia del mariscal Tito. Otros intentos de apertura como en Hungría en 1956 o Checoslovaquia en 1968 serían aplastados militarmente por el Kremlin. Durante los cincuenta años que estos sistemas se mantuvieron en pie, hasta la caída del Muro de Berlín en 1989, cada uno pasaría por diferentes etapas con las peculiaridades propias de cada país: Polonia, Checoslovaquia, Albania, Hungría, Alemania Oriental, Yugoslavia, Rumanía, etc. Sin embargo una época especialmente negra en todos ellos la constituye los inicios de la Guerra Fría, ya que la paranoia de Stalin llegaría a tales extremos que los mecanismos represivos de estos regímenes sumirían a la población en un terror del que no se libraría el propio partido comunista, cuyas filas serían purgadas en una delirante caza de traidores acusados de ser elementos subversivos y contrarrevolucionarios, según el particular léxico soviético. 

"La Confesión" se inspira en los hechos reales que tuvieron lugar en Checoslovaquia a comienzos de la década de los 50, donde el partido comunista iba a ser presa de la propia maquinaria represiva que había creado desde el poder. Siguiendo órdenes de Moscú se iniciaría una purga dentro del partido que afectaría a destacados miembros y cargos institucionales, entre ellos el viceministro de asuntos exteriores Artur London (Yves Montand). Checo de nacimiento, el compromiso de London con el comunismo ha sido inquebrantable desde su juventud, lo que le llevó a combatir en las Brigadas Internacionales en España y posteriormente en la Resistencia francesa contra la ocupación nazi. Tras la guerra volvería a su país y pronto subiría escalafones en el partido hasta acceder al aparato gubernamental. Un día las cosas empiezan a torcerse, hay rumores de operaciones antiespionaje y miembros de la policía secreta realizan labores de seguimiento por doquier. Finalmente London es secuestrado por un comando policial e internado en un centro de detención donde será sometido a un brutal proceso de interrogatorio a medio camino entre el sadismo y el disparate. En una continua espiral kafkiana será obligado a confesar delitos a los que es ajeno bajo acusaciones que desconoce, tan solo para firmar los documentos artificiales que le acreditan como traidor a sueldo de Occidente amén de conspirador contra el Estado. Bajo la dirección de uno de los directores más destacados del cine político, Costa-Gavras, y con guión del escritor español Jorge Semprún, el espectador asiste a los hechos que desembocarían en el Proceso de Praga de 1952. 

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Ficha técnica y artística

La Confesión (L'Aveu). Francia, 1970, 135 min.

Dirección: Costa-Gavras

Intérpretes: Yves Montand, Simone Signoret, Gabriele Ferzetti

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Crónica de Atticus Finch


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sábado, 28 de abril de 2012

Gattaca

Comentario de GATTACA

 
A mediados de los años 20 del siglo pasado, cuando el cine estaba ya consolidando las bases de su lenguaje narrativo, el maestro alemán Fritz Lang estrenó "Metrópolis" (1927), una fábula en la que robots y humanos convivían en una sociedad futurista profundamente desigual. Además de crear un título clave de la cinematografía mundial esta cinta es también una de las primeras obras cumbre de la ciencia-ficción, un género que durante los cuarenta años siguientes estaría casi siempre arrinconado en la segunda fila, reducido a meros productos de entretenimiento llenos de naves espaciales chuscas, humanoides y mucha serie B. La década de los 60 vería resurgir a un género que pasaría a convertirse definitivamente en un concepto adulto, teniendo mucho que ver en ello dos películas estrenadas en 1968, "El Planeta de los Simios" (de Franklin J. Schaffner) y "2001, Odisea del Espacio" (de Stanley Kubrick). A partir de ese punto de inflexión y con la mejora de los efectos especiales llegaron otros grandes trabajos de primera categoría que tocaban temáticas diversas: la saga de "La Guerra de las Galaxias" (1977), "Alien, el Octavo Pasajero" (1979) o "Blade Runner" (1982). A pesar de que la mayoría de este tipo de cintas se apoyan de manera importante en el diseño artístico y los efectos visuales, su categoría de primer nivel lo consiguen gracias al lado humano del relato. Y es que el gran pecado de la ciencia-ficción de los últimos veinte años, tras la implantación masiva de los efectos digitales por ordenador, es haber descuidado con frecuencia los guiones produciendo así historias huecas envueltas en un sosa pirotecnia visual. Afortunadamente algunos autores han seguido ofreciendo relatos de gran interés como en "Doce Monos" (1995), "Origen" (2010) o la ópera prima de Andrew Niccol, "Gattaca" (1997).

"Gattaca" nos sitúa en un futuro cercano en el que el avance de la ingeniería genética ha sido tal que la organización de la sociedad está basada en el ADN de sus individuos. Los padres, a la hora de tener un hijo, acuden mayoritariamente a laboratorios donde los científicos seleccionan a partir de ellos la combinación genética óptima del niño. El ADN resultante determinará su clase social y los trabajos que podrá desempeñar en el futuro, su vida en definitiva. No obstante, también hay una pequeña minoría de progenitores que deciden tener a sus hijos de forma natural, a pesar de que éstos serán tratados como ciudadanos de segunda clase. El caso de Vincent (Ethan Hawke) es un tanto especial, ya que sus padres decidieron tenerlo a él sin ningún tipo de selección genética para luego arrepentirse y tener otro hijo esta vez bajo supervisión de los genetistas. De esta manera Vincent ha estado siempre en aparente inferioridad respecto a su hermano menor, lo que se manifestaba en los duelos de natación que ambos han entablado desde la infancia. A pesar de todo, Vincent es una persona segura de sí mismo cuyo sueño es formar parte de las tripulaciones de los viajes espaciales que se realizan a los confines del Sistema Solar, algo reservado a candidatos con un material genético excepcional. Volcado en lograr su objetivo, Vincent decide suplantar la identidad de un antiguo campeón de natación, Jerome (Jude Law), que ha quedado tetrapléjico a causa de un accidente. Éste le proporcionará su excelente ADN en forma de tejidos y líquidos para poder superar los controles del complejo espacial Gattaca y ser seleccionado como candidato. Con la permanente amenaza de ser descubierto, Vincent tiene ante sí una carrera contrarreloj para superar el proceso de adiestramiento que le conducirá a las estrellas, a la vez que intenta demostrarse a sí mismo que puede derribar las barreras impuestas por la selección genética.

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Ficha técnica y artística

Gattaca. EEUU, 1997, 106 min

Dirección: Andrew Niccol

Intérpretes: Ethan Hawke, Jude Law, Uma Thurman

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Crónica de Atticus Finch


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sábado, 21 de abril de 2012

Dioses y Monstruos

Comentario de DIOSES Y MONSTRUOS


Existe un género cinematográfico muy particular que consiste en el cine dentro del propio mundo del cine, historias cuyos protagonistas forman parte del gremio dedicado a hacer películas. Resulta un espectáculo fascinante ver los mecanismos de ese universo al que el espectador suele permanecer ajeno debido a que tan solo es testigo del producto final. Las luchas entre directores y productores, los nunca suficientemente recordados guionistas, el largo camino de los actores o los entresijos de los rodajes son algunas de las facetas a explorar. Numerosas cintas han abordado estos temas desde hace tiempo, como en "El Crepúsculo de los Dioses" (Billy Wilder, 1950), completa radiografía del paso de la fama y el estrellato en este caso encarnado en el alter ego de la actriz de cine mudo Gloria Swanson. David Lynch sabría también sacar partido a los recovecos más oscuros de Hollywood como telón de fondo para su onírica "Mulholland Drive" (2001) y otros, como Tim Burton y Martin Scorsese, han preferido relatar la historia de autores con personalidad inclasificable en "Ed Wood" (1994) y "El Aviador" (2004), respectivamente.   

"Dioses y Monstruos", situada en los años 50, narra la relación de amistad que se establece entre Clayton, un jardinero de Los Ángeles  (Brendan Fraser) y el dueño de la casa en la que ha empezado a trabajar. Éste resulta no ser otro que el director de cine ya retirado James Whale (Ian McKellen), famoso por sus películas de terror en la década de los 30, en especial las del mito de Frankenstein. Whale lleva una vida aparentemente tranquila lejos de la ciudad con la única compañía de su ama de llaves (Lynn Redgrave), pero en realidad es un hombre atormentado por sus propios demonios interiores. El paso del tiempo, su homosexualidad y recientes problemas de salud han ido moldeando el carácter de un ser melancólico cuya mente habita en un mundo poblado por fantasmas del pasado. La juventud y energía de Clayton le harán sentirse profundamente interesado en él, lo que dará lugar a una difícil relación entre dos personas completamente diferentes.

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Ficha técnica y artísitica

Dioses y Monstruos (Gods and Monsters). EEUU, 1998, 105 min.

Dirección: Bill Condon

Intérpretes: Ian McKellen, Brendan Fraser, Lynn Redgrave

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Crónica de Atticus Finch


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