Comentario de EL PIANISTA

Decía Woody Allen en una sus películas que cada vez que escuchaba a Wagner le entraban ganas de invadir Polonia y, a juzgar por los acontecimientos históricos que ha vivido este país, no ha sido el único en pensar así a lo largo de los tiempos. La ubicación de Polonia en plena llanura central europea ha sido clave en su agitada historia, ya que no posee barreras naturales que contengan a sus dos grandes vecinos, los alemanes en occidente y los rusos en el oriente. El apetito expansionista de estos dos pueblos tiene antecedentes desde hace siglos, razón por la cual los polacos siempre han acabado emparedados entre ambos y como botín de guerra a repartir, resultando esto en profundas modificaciones territoriales y fronterizas. Probablemente uno de los casos más paradigmáticos de esta situación tuvo lugar al desencadenarse la II Guerra Munidal en 1939, cuando la Alemania nazi y la Rusia comunista acordaron secretamente dividir Polonia en dos mitades y repartírsela como si de una tarta se tratase. Muchos somos conscientes de que las tropas de Hitler invadieron las tierras polacas el 1 de septiembre de ese año produciendo la declaración de guerra de Francia e Inglaterra (la URSS no entraría en la contienda hasta 1941), pero solemos olvidar que quince días después Stalin mandó al Ejército Rojo a ocupar la parte oriental de Polonia sin disparar un solo tiro contra la Wehrmacht, en virtud del tratado de no agresión Ribbentrop-Molotov. Después llegaría con el tiempo la locura de Hitler de atacar la URSS y la elevación de la guerra a cotas mundiales. Al finalizar el conflicto en 1945 los polacos fueron liberados/ocupados por los soviéticos y convertidos en estado satélite de Moscú al otro lado del Telón de Acero. No sería hasta cuarenta años después, en la década de los 80, cuando la presión social y el sindicato Solidaridad conseguirían resquebrajar las estructuras del régimen comunista, consiguiendo tras la caída del Muro una Polonia libre y soberana por fin.
"El Pianista" narra los años de penuria que sufre el músico judeo-polaco Wladyslaw Szpilman (Adrien Brody) durante la invasión alemana en la Segunda Guerra Mundial. Corre el año de 1939 y Szpilman trabaja en la radio de Varsovia tocando piezas pianísticas cuando las tropas germanas toman parte de Polonia en una ofensiva relámpago. Para los nazis los polacos son una raza inferior a la que tratan con desprecio, pero los judios no llegan a tener si quiera la consideración de seres humanos. Así pues ser judío polaco en aquellos días es una de las peores cosas que le pueden ocurrir a uno. Szpilman lo sufre en sus propias carnes junto a su familia al ir sintiendo los efectos de la ocupación y en especial con el progresivo cerco a la población judía. Discriminación, brazaletes identificativos, confiscación de bienes y el punto de no retono: la creación del Gueto de Varsovia, una cárcel urbana donde son reubicados todos los judios. Allí la miseria y el hambre van dando paso a las torturas, las persecuciones y finalmente los trenes de deportación a los campos de exterminio. Spilzman aguanta como puede toda la guerra en Varsovia y sus ojos son testigos de toda la infamia que cae sobre ellos. Roman Polanski, en la que es hasta hora su última gran película, ajusta cuentas con la historia y con su propio pasado.
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Ficha técnica y artística
El Pianista (The Pianist). Reino Unido, 2002, 148 min.
Dirección: Roman Polanski
Intérpretes: Adrien Brody, Thomas Kretshmann, Maureen Lipman
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Crónica de El Maquinista
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