domingo, 28 de octubre de 2012

Melancolía

Comentario de MELANCOLIA


Si hay algo que cambió para siempre en el séptimo arte a lo largo de la década de los 60/70 fue el papel que los directores de cine desempeñaban en sus películas. En esos años Europa se puso a la vanguardia cinematográfica con el concepto de cine de autor, mientras que Estados Unidos veía cómo se venía abajo el sistema de grandes estudios y surgía el Nuevo Hollywood. El concepto central de estos nuevos tiempos giraba en torno al traspaso de poder de los productores a los directores, los cuales dejaban de considerarse como meros asalariados detrás de una cámara para pasar a ser el alma artística de sus largometrajes. Para bien y para mal los realizadores más importantes han dotado de personalidad a sus trabajos de modo que éstos tengan un estilo identificable por el espectador. En el panorama europeo podemos encontrar hoy en día a Pedro Almodóvar, Michael Haneke, Aki Kaurismäki o Lars von Trier. Éste último emepezó a llamar la atención con "Europa" (1992) para recibir después el reconocimiento con "Rompiendo las Olas" (1996). En esa época participa también en la elaboración del manifiesto Dogma 95 con el que un grupo de cineastas escandinavos abogaba por realizar un tipo de cine bastante espartano, cámara al hombro y prescindiendo al máximo de decorados, fotografía etc. Von Trier haría su aportación a la corriente dogmática con "Los Idiotas" (1998), pero mantendrá elementos de ésta durante toda su filmografía, como en la premiada "Bailar en la Oscuridad" (a mi no me gustó nada, por cierto). Osado como pocos, no ha tenido reparos en rodar dentro de un hángar cerrado sin decorados en "Dogville" (2003) y "Manderlay" (2005), además de poner en pie proyectos a medio camino entre lo artístico y lo experimental. Para los que no somos muy receptivos a las extravagancias de Von Trier ha sido por tanto todo un descubrimiento el poder disfrutar de una película tan buena como "Melancolía".

"Melancolía" puede ser vista como un drama con elementos sobrenaturales o como ciencia-ficción de autor (dado que el género está de capa caída yo prefiero lo segundo). El director escandinavo presenta un relato dividido en dos bloques narrativos, cada uno centrado en las dos hermanas protagonistas, Justine (Kirsten Dunst) y Claire (Charlotte Gainsbourg). La primera parte gira en torno a la desastrosa celebración de boda de Justine, que tiene lugar en la enorme finca de su hermana, casada con un importante astrónomo (Kiefer Sutherland). Las miserias de la familia salen a flote así como el comportamiento imprevisible de la novia. La segunda parte retoma pequeños detalles de la sección anterior para avanzar unos meses y ver cómo Justine vuleve a casa de su hermana para recuperarse de un fuerte bache emocional. En este lapso de tiempo entre ambos bloques la comunidad científica ha descubierto que un planeta desconocido, bautizado como Melancolía,  ha entrado en el Sistema Solar y se dirige rumbo a la Tierra. Los cálculos matemáticos indican que ambos astros no colisionarán pero Claire vive con creciente angustia la posibilidad de que Melancolía choque y acabe con todo. A medida que el planeta se acerca inexorablemente día a día, el estado de Justine va mejorando mientras ésta permanece aparentemente indiferente sobre la suerte del mundo. En la inmensa casa de campo, en un ambiente aislado y extraño, ambas hermanas aguardarán el momento decisivo de manera diametralmente opuesta.

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Ficha técnica y artística

Melancolía (Melancholia). Dinamarca, 2011, 130 min.

Dirección: Lars von Trier

Intérpretes: Kirsten Dunst, Charlotte Gainsbourg, Kiefer Sutherland

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Crónica de El Maquinista


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domingo, 21 de octubre de 2012

Papillon

Comentario de PAPILLON


El cine carcelario tiene como escenario natural las prisiones, preferiblemente las de celdas con barrotes y ese aire clásico de las de toda la vida. El leitmotiv de la mayoría de estas películas reside en el proceso de liberación al que aspiran sus protagonistas, ya sea en sentido físico o espiritual, dejando normalmente en un segundo plano el dilema sobre su inocencia y si éstos merecen permanecer bajo condena. Esta línea narrativa ha dejado grandes cintas al género, como "Cadena Perpetua", "Le Trou", "La Leyenda del Indomable" o "La Milla Verde". En ellas los personajes han de lidiar con la dureza del entorno, personificado en ocasiones por un malvado alcaide u otros internos peligrosos. Pero la localización géográfica de la cárcel también puede desempeñar un rol fundamental en la trama: a Clint Eastwood le encerraban en un peñasco rocoso de la bahía de San Francisco en "Fuga de Alcatraz". Sean Connery sufría las penurias de las prisiones militares británicas en mitad del desierto sahariano con "La Colina". Y en la cinta que hoy nos ocupa, "Papillon" (1973), Steve McQueen y Dustin Hoffman son enviados a un penal nauseabundo en la Guayana Francesa. Las potencias europeas de la época podían efectivamente darse el lujo de mandar a sus presos a lugares alejados de la metrópoli, como los ingleses en Australia y los franceses con sus territorios caribeños.

"Papillon" supone el colofón a una racha estupenda de su director, Franklin Schaffner, quien en el lustro anterior había conseguido rodar una obra maestra de la ciencia-ficción ("El Planeta de los Simios", 1968) y el potente relato de uno de los generales más controvertidos de la II Guerra Mundial ("Patton", 1970). La cinta narra la odisea del preso Henri Charrièrre (McQueen), alias Papillon, quien en la Francia de los años 30 es condenado por asesinato y enviado a un penal de la Guayana, en Sudamérica. Allí conoce a Louis Dega (Hoffman), otro recluso que ha estafado una fortuna falsificando bonos del Estado. Dada la complexión menuda de éste, Papillon le ofrece protección a cambio de ayuda para llevar a cabo su plan de fuga, la obsesión que le mantiene con vida. Con el tiempo su relación interesada se convertirá en amistad. En esos tiempos la Guayana no es más que una inmensa selva llena de pantanos, manglares y toda clase de bichos peligrosos. La presencia francesa se limita a militares, personal administrativo y el puñado de desdichados que sufren las condiciones de sus cárceles. Papillon lo tiene claro, prefiere morir intentando escapar antes que consumirse poco a poco en ese agujero. Sabiéndose inocente del crimen por el que ha sido condenado su único objetivo es volar libre de nuevo. Para quien no sepa francés, papillon significa mariposa.

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Ficha técnica y artística

Papillon. EEUU, 1973, 150 min.

Dirección: Franklin Schaffner

Intérpretes: Steve McQueen, Dustin Hoffman, Victor Jory

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Crónica de El Maquinista


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lunes, 15 de octubre de 2012

Atlantic City

Comentario de ATLANTIC CITY


El mundo del juego y las apuestas pertenece a un universo desconocido para mi, en parte debido a factores personales como culturales. En mi tierra de la España del Norte lo más cercano a estos temas son los bingos de aire viejuno y las máquinas tragaperras de los bares. En algunas ciudades del Cantábrico con turismo de pedigrí, como Santander o San Sebastián, también se puede encontrar algún que otro hipódromo y casinos de corte provinciano tirando a decimonónico. Para conocer complejos de juego más importantes (y más horteras) es necesario marchar a grandes ciudades como Madrid o Barcelona. Ahora en los tiempos de internet muchas personas se han acercado a las apuestas deportivas y las partidas de póker en línea, pero la sociedad española sigue afortunadamente sin tener esa tendencia al juego que muestran los pueblos anglosajones. Los políticos locales no obstante parecen empeñados en meternos con calzador las costumbres de ocio estadounidenses inundándonos con parques temáticos, centros comerciales y absurdos mega-casinos. Éstos últimos, entroncados en muchas ocasiones con personajes bastante turbios, tienen su meca en lugares como Las Vegas, Montecarlo o Macao. Si bien en EEUU la fama la tiene la ciudad del desierto existe otro rincón tradicional del juego en la punta opuesta del país, al norte de la costa este: Atlantic City. A ella se desplazaría el director francés Louis Malle, autor de "Ascensor para el Cadalso" (1957), "El Soplo al Corazón" (1971) y "Adiós Muchachos" (1987), para rodar una historia sobre la lucha por mejorar la vida sea como sea.

"Atlantic City" husmea en las calles de una ciudad bastante decadente a donde acuden una gran cantidad de norteamericanos a gastarse de forma absurda su dinero. En ella vive Lou (Burt Lancaster), un señor que en sus buenos tiempos de juventud llegó a ser un gángster de medio pelo, pero que él siempre idealiza como una época dorada. El respetable canoso vive de pequeñas comisiones en apuestas de barrio y sobre todo gracias a la manutención de su vecina de abajo, Grace, una mujer bastante rica gracias a ser la viuda de un jefe mafioso local. Lou la conoce desde hace tiempo y le tiene cariño, pero se siente humillado al depender de ella y tener que hacerle los recados o cualquier otro favor que se le antoje. En realidad se siente más interesado por su vecina de enfrente, Sally (Susan Sarandon), una joven canadiense que está aprendiendo el oficio de crupier de black-jack para mejorar su puesto en el casino donde trabaja. Un día Sally se encuentra con que su marido Dave, un hippy que se fugó con su propia hermana pequeña, la ha encontrado para pedirle algo de dinero y pasar unos días en su apartamento. El motivo verdadero de la visita es intentar vender en la ciudad un alijo de cocaína robado a unos narcotraficantes de Filadelfia, para lo cual Dave tiene primero que encontrar un lugar seguro donde esconder la droga. Poco después de llegar conoce por casualidad a Lou y le convence para que le deje guardar y preparar la cocaína en su apartamento a cambio de una parte de los beneficios de la venta, a lo que éste acepta de buena gana. Pero las cosas empiezan a complicarse cuando los narcos de Filadelfia llegan hasta ellos para reclamar lo que les pertenece.  

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Ficha técnica y artística

Atlantic City. Canadá, 1980, 104 min.

Dirección: Louis Malle

Intérpretes: Burt Lancaster, Susan Sarandon, Hollis McLaren

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Crónica de Atticus Finch


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domingo, 7 de octubre de 2012

El Pianista

Comentario de EL PIANISTA


Decía Woody Allen en una sus películas que cada vez que escuchaba a Wagner le entraban ganas de invadir Polonia y, a juzgar por los acontecimientos históricos que ha vivido este país, no ha sido el único en pensar así a lo largo de los tiempos. La ubicación de Polonia en plena llanura central europea ha sido clave en su agitada historia, ya que no posee barreras naturales que contengan a sus dos grandes vecinos, los alemanes en occidente y los rusos en el oriente. El apetito expansionista de estos dos pueblos tiene antecedentes desde hace siglos, razón por la cual los polacos siempre han acabado emparedados entre ambos y como botín de guerra a repartir, resultando esto en profundas modificaciones territoriales y fronterizas. Probablemente uno de los casos más paradigmáticos de esta situación tuvo lugar al desencadenarse la II Guerra Munidal en 1939, cuando la Alemania nazi y la Rusia comunista acordaron secretamente dividir Polonia en dos mitades y repartírsela como si de una tarta se tratase. Muchos somos conscientes de que las tropas de Hitler invadieron las tierras polacas el 1 de septiembre de ese año produciendo la declaración de guerra de Francia e Inglaterra (la URSS no entraría en la contienda hasta 1941), pero solemos olvidar que quince días después Stalin mandó al Ejército Rojo a ocupar la parte oriental de Polonia sin disparar un solo tiro contra la Wehrmacht, en virtud del tratado de no agresión Ribbentrop-Molotov. Después llegaría con el tiempo la locura de Hitler de atacar la URSS y la elevación de la guerra a cotas mundiales. Al finalizar el conflicto en 1945 los polacos fueron liberados/ocupados por los soviéticos y convertidos en estado satélite de Moscú al otro lado del Telón de Acero. No sería hasta cuarenta años después, en la década de los 80, cuando la presión social y el sindicato Solidaridad conseguirían resquebrajar las estructuras del régimen comunista, consiguiendo tras la caída del Muro una Polonia libre y soberana por fin.

"El Pianista" narra los años de penuria que sufre el músico judeo-polaco Wladyslaw Szpilman (Adrien Brody) durante la invasión alemana en la Segunda Guerra Mundial. Corre el año de 1939 y Szpilman trabaja en la radio de Varsovia tocando piezas pianísticas cuando las tropas germanas toman parte de Polonia en una ofensiva relámpago. Para los nazis los polacos son una raza inferior a la que tratan con desprecio, pero los judios no llegan a tener si quiera la consideración de seres humanos. Así pues ser judío polaco en aquellos días es una de las peores cosas que le pueden ocurrir a uno. Szpilman lo sufre en sus propias carnes junto a su familia al ir sintiendo los efectos de la ocupación  y en especial con el progresivo cerco a la población judía. Discriminación, brazaletes identificativos, confiscación de bienes y el punto de no retono: la creación del Gueto de Varsovia, una cárcel urbana donde son reubicados todos los judios. Allí la miseria y el hambre van dando paso a las torturas, las persecuciones y finalmente los trenes de deportación a los campos de exterminio. Spilzman aguanta como puede toda la guerra en Varsovia y sus ojos son testigos de toda la infamia que cae sobre ellos. Roman Polanski, en la que es hasta hora su última gran película, ajusta cuentas con la historia y con su propio pasado.

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Ficha técnica y artística

El Pianista (The Pianist). Reino Unido, 2002, 148 min.

Dirección: Roman Polanski

Intérpretes: Adrien Brody, Thomas Kretshmann, Maureen Lipman

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Crónica de El Maquinista


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domingo, 30 de septiembre de 2012

El Maquinista de la General

Comentario de EL MAQUINISTA DE LA GENERAL


Hablar de Buster Keaton es hablar de uno de los más importantes cómicos del cine mudo, junto con Charles Chaplin ("La Quimera del Oro", "Tiempos Modernos") y Harold Lloyd ("El Hombre Mosca"). Keaton nació en el seno de una familia dedicada al espectáculo y desde pequeño tuvo contacto con el mundo del vodevil, una de las canteras naturales de buena parte de los cómicos del cine de aquellos años. Sus primeros pasos en el mundo del cine tienen lugar en 1917 de la mano del malogrado Fatty Arbuckle, quien lo incluye en varios de sus cortometrajes. Tras ser llamado a filas el año siguiente y poner rumbo a la Gran Guerra europea, Keaton regresaría a Hollywood a comienzos de la década de los veinte. Así inauguraría su etapa más prolífica en la que gozaría de un control absoluto sobre sus películas. Al igual que Chaplin, Keaton ejercía de autor total, escribiendo, dirigiendo y protagonizando sus largometrajes. Durante los años veinte realizaría sus más importantes trabajos y la que es considerada como su obra maestra, "El Maquinista de la General" (1926), un prodigio cinematográfico en el que se jugaba la vida en multitud de escenas. El nivel de maestría de esta cinta, como en los títulos mayores de Chaplin, radica en que el espectador no se encuentra ante una sucesión de gags cómicos, sino que existe una estructura narrativa sólida y brillantemente ejecutada, en la que el drama y la comedia se entrelazan formando un conjunto redondo. Sin embargo, con la llegada del cine sonoro en los años treinta, Keaton se convertiría en una de tantas estrellas que no pudieron adaptarse al cambio en la industria, viendo cómo su carrera desaparecía en el olvido colectivo. No sería hasta dos décadas más tarde cuando su antiguo camarada Chaplin le llamaría para rodar juntos "Candilejas" (1952) y así el gran público volvió a tener conciencia de una de las figuras más relevantes del cine mudo norteamericano.

"El Maquinista de la General" relata un episodio acaecido durante la Guerra de Secesión en los EEUU. Johnnie Gray (Buster Keaton) trabaja de maquinista en una compañía de ferrocarriles sureña. Al estallar el conflicto su novia Annabelle (Marion Mack) le anima a que se aliste como voluntario en el bando confederado, cosa que no le hace mucha gracia pero a lo que finalmente accede. Para su sorpresa Johnnie se encuentra con que su solicitud es rechazada en la oficina de reclutamiento, ya que dada su menuda complexión física los oficiales lo juzgan más útil como maquinista que como soldado. Al contárselo a Annabelle ésta no le cree y piensa que no ha ido a alistarse por cobardía, así que deja de hablarle. Un año después la joven, todavía enfadada con Johnnie, toma un tren para ir a ver a su padre herido. La locomotora que les lleva no es otra que "La General", el orgullo de Johnnie, que está a sus mandos. En mitad del trayecto son atacados por un destacamento de soldados de la Unión, los cuales pretenden hacerse con "La General" pero además se llevan por azares del destino a Annabelle. De un plumazo a Johnnie le arrebatan lo que más quiere en el mundo, su chica y su locomotora. Armándose de valor decide ir tras ellos y rescatarlas de las manos de los nordistas para llevarlas de nuevo a casa, aunque no sabe muy bien cómo.

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Ficha técnica y artística

El Maquinista de la General (The General). EEUU, 1926, 74 min.

Dirección: Buster Keaton

Intérpretes: Buster Keaton, Marion Mack, Glen Cavender

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Crónica de Atticus Finch


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domingo, 23 de septiembre de 2012

Belle de Jour

Comentario de BELLE DE JOUR


Quien lleve siguiendo este blog el tiempo suficiente se habrá dado cuenta de la variedad de títulos comentados, con una alternancia constante de géneros cinematográficos, de épocas y de países de producción. A pesar de que esta bitácora se escribe desde España la verdad es que no suelo incluir muchas películas nacionales, de hecho creo que se pueden contar con los dedos de una mano. Si la memoria no me falla hay dos de Víctor Erice ("El Espíritu de la Colmena" y "El Sur"), una de Luis García Berlanga ("El Verdugo") y poco más. Hoy añadimos a la lista a uno de nuestros directores más internacionales del siglo XX, Luis Buñuel, un autor que por causas de fuerza mayor tuvo que realizar prácticamente toda su obra fuera de su patria natal. Buñuel, desde sus tiempos en la Residencia de Estudiantes de Madrid, ya empezó a interesarse por el séptimo arte, acercándose en sus primeros años al movimiento surrealista con "Un Perro Andaluz" (1929) o al género documental con "Las Hurdes, Tierra sin Pan" (1933). Su segunda etapa cinematográfica la inicia en Méjico a finales de los años 40, a donde se exilió tras la Guerra Civil y la instauración de la dictadura militar franquista. Allí rodaría "Los Olvidados" (1950) y otras cintas que suelen reflejar historias de seres marginales, de injusticia social. En 1961 vuelve a España para rodar "Viridiana", uno de sus grandes títulos que concentra los temas recurrentes a los que volvería durante las siguientes dos décadas: los deseos reprimidos, la moral, los trapos sucios de la burguesía. A pesar de ser un gran éxito de crítica en el extranjero la película no podría verse en los cines españoles debido a la censura de las autoridades. Buñuel volvía a estar en la lista negra del régimen y habría de partir de nuevo, esta vez a medio camino entre Méjico y Francia. En la década de los sesenta llegarían "El Ángel Exterminador" (1962) y "Belle de Jour" (1967), cintas con las que el director ya es reconocido como uno de los grandes cineastas europeos. A partir de entonces sus estrenos se convierten en auténticos acontecimientos culturales, sobre todo en tierras francesas: "Tristana" (1970), "El Discreto Encanto de la Burguesía" (1972) o "Ese Oscuro Objeto del Deseo" (1977) completan una filmografía profundamente personal que en mi opinión solo podía haber salido de un hombre nacido y criado en un país como España.

"Belle de Jour" narra la turbulenta experiencia de Séverine (Catherine Deneuve), una joven burguesa de la clase alta parisina casada con un cirujano de prestigio, el doctor Pierre Serizy. En principio ésta tiene todo lo que se puede desear: un marido al que quiere, ropa, dinero y toda clase de comodidades. Sin embargo Séverine siente una gran frustración interior difícil de explicar, es incapaz de intimar con Pierre y suele tener fantasías eróticas en las que es humillada, azotada y obligada a hacer todo tipo de cosas para ella impensables. Su moral se ve horrorizada ante los deseos reprimidos que guarda y que no se atreve a confesar a nadie. En realidad la joven es digna de un estudio freudiano, ya que debido a traumas infantiles en ella vive una mujer masoquista con tendencias voyeuristas. A raíz de una conversación con un amigo de Pierre, Séverine descubre una casa de citas donde todas sus fantasías pueden hacerse realidad. Tras muchas dudas finalmente decide entrar a trabajar alli por las mañanas, en secreto, bajo el nombre de Belle de Jour, Bella de Día.

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Ficha técnica y artística

Belle de Jour. Francia, 1967, 100 min.

Dirección: Luis Buñuel

Intérpretes: Catherine Deneuve, Jean Sorel, Michel Piccoli

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Crónica de Atticus Finch


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domingo, 16 de septiembre de 2012

Ghost Dog

Comentario de GHOST DOG


"Ghost Dog" es probablemente la película de samuráis más original que he visto nunca, seguramente porque no lo es más que en espíritu. La cinta está dirigida por Jim Jarmusch, el cineasta independiente estadounidense considerado como de culto (peligrosa palabra, desde luego). Personalmente he visto tres trabajos de Jarmusch y ninguno me ha defraudado: el documental sobre Neil Young "Year of the Horse" (entretenida), el viaje tragicómico protagonizado por Bill Murray en "Flores Rotas" (interesante) y la cinta que hoy nos ocupa. Y es que "Ghost Dog" pertenece a esa clase de largometrajes que para mi se sitúan entre el aprobado y el notable pero que gracias a su originalidad y fuerza propia consiguen dejar huella en el espectador. De esta manera uno no las olvida y al pasar el tiempo se las recuerda incluso con afecto. En principio el argumento del largometraje puede espantar a más de uno, ya que la historia trata de un asesino profesional negro que se considera una especie de samurái contemporáneo en la Nueva Jersey de los años 90. Lo que suena algo extravagante sobre el papel resulta funcionar bastante bien en el celuloide (la magia del cine, ya se sabe). Ghost Dog (Perro Fantasma) es el nombre con el que se autodenomina el protagonista, un hombre que creció en las calles y ha terminado por ser asesino a sueldo de la Mafia. Como cualquier otra persona Ghost Dog ha sentido la necesidad de aferrarse a unas creencias, unos valores, para recorrer su azaroso periplo vital. Y él las ha encontrado en la filosofía de vida samurái, el bushido. Además de regirse por este código de conducta el buen hombre se ejercita asiduamente en el arte de la espada, pero además de la katana también tiene un amplio conocimiento en el manejo de toda clase de armas automáticas (algo muy útil para ejecutar sus encargos a cierta distancia de la víctima de turno).

El protagonista de nuestra historia, interpretado por Forest Whitaker ("Bird", "El Último Rey de Escocia"), vive en una pequeña cabaña construida en la azotea de un edificio, a modo de palomar. En este sitio descansa y encuentra la paz espiritual junto a un montón de palomas (unos bichejos asquerosos, por cierto), las cuales usa como mensajeras para comunicarse con el hombre que le encarga las ejecuciones, Louie (John Tormey). Para Ghost Dog Louie es el amo al que pertenece, ya que siente que está en deuda con él después de que éste le salvara de joven en una lucha callejera. Louie forma parte de un clan mafioso italiano de Nueva Jersey y después de varios años ha llegado a asumir la extraña relación que mantiene con su mejor asesino a sueldo, alguien que se mueve como un verdadero fantasma de la noche. La familia criminal de Louie está formada por italoamericanos, unas personas bastante horteras que visten con chándal y cadenas de oro, suelen ser calvos y tener bastante sobrepeso (como la vida misma, si no ver "Los Soprano"). El caso es que Ghost Dog recibe un día el encargo de liquidar a un gángster que se está viendo con la hija del gran jefe, asunto que es ejecutado con su profesionalidad habitual. Sin embargo los jefes de la familia deciden acabar también con Ghost Dog para intentar no verse conectados con el asesinato, algo que podría provocar una guerra entre los clanes de la ciudad. El neo-samurái se da finalmente cuenta de la traición y decide vengarse acabando con toda la familia, pero esto le supone una duda existencial: ¿qué hacer con Louie?

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Ficha técnica y artística

Ghost Dog. EEUU, 1999, 115 min.

Dirección: Jim Jarmusch

Intérpretes: Forest Whitaker, John Tormey, Cliff Gorman

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Crónica de El Maquinista


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domingo, 9 de septiembre de 2012

Los Duelistas

Comentario de LOS DUELISTAS


El pasado 19 de agosto un hombre se encaramó a lo alto de un puente en el puerto de Los Angeles y se arrojó al vacío poniendo fin a su vida de forma contundente. Ese hombre se llamaba Tony Scott y además de ser un director de gran éxito comercial también era el hermano pequeño del realizador británico Ridley Scott. Al leer la noticia pensé en escribir alguna entrada sobre una película de Tony, pero me encontré con el problema de que no había visto ningún título suyo. La verdad es que nunca me había sentido muy atraído por su filmografía, bastante proclive a la pirotecnia visual y a planos no más largos de un segundo. Y eso que algunos de sus trabajos son tan conocidos como "Top Gun", "Amor a Quemarropa", "Marea Roja" o "El Fuego de la Venganza". El caso es que me decidí por su primer largometraje, "El Ansia" (1983), aquella cinta en la que Catherine Deneuve y David Bowie interpretan a dos vampiros burgueses viviendo en el Nueva York de los años 80. Como esta película tampoco me ha entusiasmado me he decantado por poner en el blog la ópera prima de su hermano Ridley, así que todo queda en familia. Y es que los cinco primeros años de la carrera del mayor de los Scott fue para quitarse el sombrero al rodar tres cintas estupendas: "Los Duelistas" (1977), "Alien, el Octavo Pasajero" (1979) y "Blade Runner" (1982), una de las joyas de la ciencia-ficción contemporánea. A partir de este largometraje Ridley estuvo un poco perdido en la irregularidad durante quince años, con alguna salvedad como "Thelma y Louise" (1991). Fue al entrar en el nuevo milenio cuando reapareció con fuerza gracias a su moderna revisión del péplum con "Gladiator" (2000) y desde entonces nos ha venido ofreciendo trabajos medianamente interesantes. Eso sí, su obra magna que retome la senda de "Blade Runner" está todavía esperándose. Por cierto, que la tierra te sea leve Tony, como decían los antiguos romanos. 

"Los Duelistas" es una película de línea argumental bastante particular centrada en los duelos que han de librar dos húsares franceses a lo largo de quince años en el marco de las Guerras Napoleónicas. La acción comienza en Estrasburgo en 1800 cuando el impetuoso oficial Gabriel Feraud (Harvey Keitel) casi mata al sobrino del alcalde en un duelo a espadas. En represalia las autoridades presionan para que Feraud sea arrestado, tarea que le es encomendada a otro húsar, Armand d´Hubert (Keith Carradine). Éste procede a detenerlo en la casa de una dama importante de la ciudad, lo que Feraud se toma como una terrible humillación. El blanco de sus iras
pasa a ser d´Hubert, por lo que en cuestión de minutos el asunto ya es un conflicto personal entre los dos hombres. Feraud, arrastrado siempre por su orgullo, le reta en duelo, a lo que el otro ha de aceptar a regañadientes. Tras varios enfrentamientos inconclusos la guerra obliga a detener su lucha particular hasta que por coincidencias del destino se encuentran a lo largo de los años en diferentes lugares de Europa, ocasiones que Feraud siempre aprovecha para intentar enfrentarse de nuevo y poner fin a su eterno duelo de honor.

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Ficha técnica y artística

Los Duelistas (The Duellists). Reino Unido, 1977, 100 min.

Dirección: Ridley Scott

Intérpretes: Harvey Keitel, Keith Carradine, Edward Fox

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Crónica de Atticus Finch


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sábado, 1 de septiembre de 2012

Toro Salvaje

Comentario de TORO SALVAJE


Tras estrenar "Taxi Driver" en 1976 Martin Scorsese empezó a caer en una espiral destructiva debido al consumo masivo de todo tipo de sustancias y un ritmo de vida caótico. La salud del cineasta se resintió de tal manera que su vida llegó a correr serio peligro y tuvo que ser ingresado en un hospital de Nueva York con graves síntomas. Cuenta Peter Biskind en su estupendo libro "Moteros Tranquilos, Toros Salvajes" que cuando Scorsese estaba postrado en la cama recuperándose Robert De Niro entró en su habitación a leerle la cartilla. En un momento dado salió a colación el guión de un proyecto que el actor llevaba tiempo comentándole, "Toro Salvaje", la historia del boxeador Jake La Motta. En el libro Biskind relata el acaecido de la siguiente manera: "(...) De Niro terminó preguntándole si iban a hacer la película, a lo que Scorsese, tumbado en la camilla, respondió "Sí". Finalmente había encontrado algo que podía engancharlo al personaje: la autodestrucción, el daño gratuito a la gente que lo rodeaba. Y pensó: Jake La Motta soy yo". La puesta en marcha del proyecto supondría un punto de inflexión para que el director neoyorkino empezara su recuperación anímica y terminaría además por convertirse en uno de los largometrajes clave de su filmografía. 

"Toro Salvaje" es la crónica vital de Jake La Motta, un boxeador de naturaleza violenta, posesiva y brutal. El joven La Motta (Robert De Niro) inicia su carrera en los pesos medios durante los años 40 y lucha por hacerse un hueco en este negocio algo sórdido escoltado por su hermano Joey (Joe Pesci). A través de los años su carácter problemático va agrietando poco a poco las relaciones con su familia y llega a amenazar su propio futuro como púgil. Sin embargo a fuerza de ganar duros combates La Motta consigue finalmente títulos, fama y dinero. Pero lo que en principio es una recompensa a sus esfuerzos termina por ser la puntilla que desestabiliza su precario equilibrio emocional. Su comportamiento termina por destruir los lazos con todo su entorno y veinte años después se encuentra apartado de los cuadriláteros con la obligación de volver a empezar de nuevo. La Motta venció a formidables rivales en el ring con la fuerza de los puños, pero tardó largo tiempo en comprender que el combate de su vida lo tenía que librar consigo mismo.

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Ficha técnica y artística

Toro Salvaje (Raging Bull). EEUU, 1980, 129 min.

Dirección: Martin Scorsese

Intérpretes: Robert De Niro, Cathy Moriarty, Joe Pesci

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Crónica de Atticus Finch


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sábado, 25 de agosto de 2012

El Fin del Romance

Comentario de EL FIN DEL ROMANCE
 
 
La verde isla de Irlanda siempre ha intentado diferenciarse de sus vecinos británicos para ganar perfil propio, pero la verdad es que las semejanzas entre ambos países son un hecho bastante palpable. Con la salvedad de ser católicos y republicanos, los irlandeses mantienen costumbres profundamente arraigadas en la forma de vida inglesa, como beber cerveza tibia, jugar al fútbol (o al rugby) y tener como segunda residencia el pub más cercano. Los suelos de sus cuartos de baño también tienen moquetas, el clima no es muy bueno y la calidad de la comida no se puede expresar con palabras, todo muy del estilo de los hijos de la Gran Bretaña. En el cine tampoco hay mucho que resaltar, por aquí conocemos sobre todo a un par de directores interesantes. Por un lado está Jim Sheridan, responsable de tres estupendas colaboraciones con Daniel Day-Lewis: "Mi Pie Izquierdo" (1989), "En el Nombre del Padre" (1995) y "The Boxer" (1998). Por otro está Neil Jordan, realizador de títulos como "Entrevista con el Vampiro" o "Michael Collins", y quien en 1999 se lanzaría a por un relato ambientado en el centro del universo del Imperio Británico, el Londres de la Segunda Guerra Mundial. Que Dios Salve a la Reina y tal.
 
Tras su meridianamente claro título, "El Fin del Romance" narra la aventura amorosa entre el escritor londinense Maurice Bendrix (Ralph Fiennes) y Sarah Miles (Julianne Moore), la esposa de un anodino funcionario de Su Majestad. Mientras ambos viven su romántica historia Londres sufre los bombardeos de la aviación alemana, lo que da un trasfondo dramático muy apropiado al asunto. Fiennes borda una vez más su característico papel de hombre melancólico/atormentado (veáse también "El Paciente Inglés", "El Jardinero Fiel", "El Lector", etc). A su lado le da réplica la no menos brillante (yo diría que más) Julianne Moore mientras Stephen Rea hace de sufrido secundario de lujo. Neil Jordan sabe manejar muy bien las piezas del relato y termina consiguiendo un trabajo realmente estupendo. Y si se puede ver en versión original pues mucho mejor.
 
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Ficha técnica y artística
 
El Fin del Romance (The End of the Affair). Reino Unido, 1999, 102 min.
 
Dirección: Neil Jordan
 
Intérpretes: Ralph Fiennes, Julianne Moore, Stephen Rea
 
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Crónica de Atticus Finch
 
 
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lunes, 20 de agosto de 2012

Marathon Man

Comentario de MARATHON MAN

 
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial una parte importante de los más destacados miembros del aparato nazi fueron apresados por las tropas aliadas o se quitaron antes la vida. Un buen número de científicos alemanes colaboradores del Reich serían por otra parte indultados y llevados como botín de guerra a los Estados unidos y la Unión Soviética por su alto valor estratégico. Alguno, como el profesor Wernher von Braun, llegaría a ser una de las piezas clave del programa espacial norteamericano que desembocaría en la llegada a la Luna con las misiones Apollo. Por último, numerosos cuadros intermedios de las SS y alguna que otra personalidad relevante del nazismo consiguieron burlar el cerco aliado pasando a la clandestinidad en diversos países de Europa y Sudamérica. De esta manera, lugares como Paraguay, Argentina y Brasil se convertirían en un auténtico refugio para criminales de guerra como Joseph Mengele, aunque tanto los cazadores de nazis como los servicios secretos israelíes intentarían seguirles la pista sin descanso. Muchos vivieron sin problemas bajo identidad falsa gozando incluso de una nueva vida bajo la apariencia de respetables hombres canosos, pero con un pasado tremendamente oscuro.

"Marathon Man" es uno de los largometrajes más conocidos de John Schlesinger, director entre otras de "Darling" (1965) y "Cowboy de Medianoche" (1969). La cinta narra la llegada a Nueva York de un antiguo criminal de guerra nazi, el doctor Christian Szell (Laurence Olivier), quien tiene escondida en el país una valiosa colección de diamantes. El botín procede de cientos de familias judías deportadas a campos de concentración en la II Guerra Mundial y ha sido ocultado por Szell durante más de veinte años para poder venderlo. Las fuerzas de seguridad han conseguido seguirle la pista gracias Henry Levy (Roy Scheider), un agente secreto que terminará por involucrar en el caso a su hermano Tom, (Dustin Hoffman). Éste vive ajeno a toda la trama preparando su doctorado en historia y realizando largas carreras por Central Park, ya que es un apasionado de la maratón. De un día para otro se verá inmerso sin saberlo en un complejo caso de criminales y dobles agentes, teniéndo que verse las caras con Szell.

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Ficha técnica y artística

Marathon Man. EEUU, 1976, 125 min.

Dirección: John Schlesinger

Intérpretes: Dustin Hoffman, Laurence Olivier, Roy Scheider

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Crónica de El Maquinista


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sábado, 11 de agosto de 2012

Samurai Rebellion

Comentario de SAMURAI REBELLION


El honor es uno de los sentimientos más nobles que puede albergar una persona y uno de los mayores tesoros, junto con la dignidad, a los que no se debe renunciar nunca. Sin embargo, para que el concepto de honor haga justicia a su nombre éste debe regirse según unos valores coherentes, unos principios sensatos. Como esto es susceptible de variar según épocas y lugares lo común ha sido que la idea de honor se haya desvirtuado y directamente sirva de tapadera para permitir una larga lista de comportamientos aberrantes y salvajadas varias. Una de estas perversiones se urdió en el Japón medieval, donde los señores feudales fueron imponiendo a los samuráis unas normas de actuación que se cimentaban en torno a la reverencial servidumbre que se les debía tributar, sin ningún tipo de margen para disentir. Esto fue poco a poco construyendo unas pautas de comportamiento social en el que el honor del samurái dependía en gran medida de la obediencia incondicional a su señor, un terreno muy propicio para fanatismos y códigos morales ambiguos. Los antiguos caballeros castellanos solían establecer una acertada diferencia entre dos vertientes de vasallaje: la fidelidad, en la que se seguía ciegamente al señor, y la lealtad, que permitía discutir las órdenes dentro de un sincero juramente de obediencia. En el caso de los samuráis el camino de la lealtad podía ser el comienzo de un viaje de no retorno, tal y como plasmaría en pantalla el director nipón Masaki Kobayashi en el excepcional largometraje "Samurai Rebellion" (1967), para la que contaría con el legendario actor Toshiro Mifune en el papel de protagonista.

"Samurai Rebellion" se sitúa en un feudo rural de Japón en el siglo XVIII, en plena era Tokugawa. El país vive desde hace décadas una época de estabilidad bajo la dictadura militar de los Shogun, lo que ha conllevado que los samuráis abandonen los campos de batalla para dedicarse a labores administrativas como funcionarios de sus respectivos clanes. Este es el caso de Isaburo Sasahara (Toshiro Mifune), un veterano samurái que ha servido fielmente al clan durante más de veinte años. Un día le notifican que su señor ha expulsado a una de sus concubinas, la dama Ichi, de la corte y se le ordena que la acoja en su casa para casarla con su hijo mayor, Yogoro. La familia acepta a regañadientes porque supone un importante desaire, pero Ichi resulta ser una dulce muchacha a la que pronto toman cariño. Isaburo se siente feliz al ver que su hijo ha encontrado por carambolas del destino a una buena esposa que pronto le dará una nieta, la pequeña Tomi. Sin embargo, al pasar tres años, un acontecimiento hace tambalear la armonía del hogar, ya que el señor ordena que Ichi vuelva al castillo para integrarse de nuevo en la corte. Ante la incredulidad de las noticias Isaburo y su hijo deciden negarse cortesmente porque no piensan entregar a Ichi como si fuera un saco de arroz desprovisto de sentimientos. Finalmente la muchacha es llevada al castillo mediante engaños y encerrada allí. Los acontecimientos se precipitan y el señor ordena a Isaburo y Yogoro cometer harakiri, pero éstos se niegan y deciden empuñar sus espadas para luchar por su honor y una causa justa. La rebelión ha comenzado.

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Ficha técnica y artística

Samurai Rebellion. Japón, 1967, 128 min.

Dirección: Masaki Kobayashi

Intérpretes: Toshiro Mifune, Yoko Tsukasa, Go Kato

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Crónica de Atticus Finch



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domingo, 5 de agosto de 2012

C.R.A.Z.Y.

Comentario de C.R.A.Z.Y.


Hay algunos países que por diversas razones viven ensombrecidos por sus vecinos, a pesar de ser naciones que por derecho propio deberían ser ejemplo a seguir en muchos ámbitos. Un caso paradigmático es Canadá, la próspera tierra al norte de los Estados Unidos cuyo sistema político y social se sitúa en varios aspectos más próximo a las ideas europeas que a las estadounidenses. En Canadá conviven dos comunidades lingüísticas diferentes, la anglosajona, mayoritaria y que ocupa las tres cuartas partes del país, y la francófona. Pero precisamente por el hecho de hablar francés esta parte oriental del Canadá (el Québec) es la que ha conseguido zafarse mejor del dominio cultural estadounidense. El Canadá anglosajón está en gran parte abducido por la superpotencia del sur, como bien demuestra que la mayor parte de los actores canadienses de habla inglesa se hayan mudado allí, como Donald Sutherland, Sarah Polley o Jim Carrey. En el campo de los directores el asunto está más equilibrado, ya que a pesar de que algunos emigraron a Hollywood hace tiempo (Paul Haggis, James Cameron...) otros han seguido desarrollando su carrera en el país. En este grupo se encuentran autores como David Cronenberg ("Una Historia de Violencia", "Promesas del Este") o el realizador de origen armenio Atom Egoyan ("El Dulce Porvenir", "Ararat"). En el Canadá francófono destacan por su parte Denys Arcand ("Las Invasiones Bárbaras") y recientemente Jean-Marc Vallée, que con "C.R.A.Z.Y." (2005) consiguió rodar un largometraje de repercusión internacional.

"C.R.A.Z.Y." es el relato vital de una familia de Québec a lo largo de dos décadas, de los años sesenta a los ochenta. La historia avanza a través de los ojos de Zac (Marc-André Gordin), uno de los cinco hermanos de la familia que nace el día de Navidad de 1960. Desde su infancia tiene que hacerse un hueco entre sus tres hermanos mayores y luchar por no defraudar las expectativas de su padre (Michel Côté). Para ello cuenta con la ayuda cómplice se su madre (Danielle Proulx), quien es mucho más tierna y cromprensiva con sus hijos. Zac comienza bien pequeño a mostrarse un poco diferente al resto de sus hermanos, siendo más sensible y proclive a jugar con pasatiempos más propio de niñas. Esto dispara las alarmas de su padre que desde entonces lo vigilará para que crezca según su patrón de hombría. Con la adolescencia Zac evoluciona a un chico rebelde apasionado por la música de David Bowie y Pink Floyd, y será entonces cuando empiece a darse cuenta de su orientación sexual soterrada. Esto lo lleva a un constante estado de confrontación consigo mismo al intentar negar esa faceta de su personalidad, temeroso además de herir a su entorno. A pesar de ser católicos practicantes la familia tiene un espíritu muy tolerante y abierto, pero su padre tiene como línea roja la condición de homosexual, algo que le horroriza a pesar de querer con locura a cada uno de sus cinco hijos, Zac incluido.

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Ficha técnica y artística

C.R.A.Z.Y. Canadá, 2005, 127 min.

Dirección: Jean-Marc Vallée

Intérpretes: Marc-André Gordin, Michel Côté, Danielle Proulx

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Crónica de El Maquinista


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domingo, 29 de julio de 2012

En el Calor de la Noche

Comentario de EN EL CALOR DE LA NOCHE


Casi todos los países tienen ciertas diferencias regionales que configuran de algún modo su idiosincrasia interna. En el caso de Estados Unidos se da la curiosa situación de que bajo el paraguas de una fuerte identidad nacional compartida existen al mismo tiempo brechas enormes entre unos territorios y otros, debido sobre todo a las grandes proporciones del país. Poco tiene que ver la tradición progresista de los estados de Nueva Inglaterra (Massachusetts, Maine, Connecticut...) con el llamado Cinturón Bíblico de Kentucky, Tennessee o Misuri, donde el fundamentalismo cristiano y las armas de fuego han moldeado el carácter de buena parte de la población. El espíritu liberal y abierto de la Costa Oeste (California y Oregón) contrasta con el ambiente cerrado y conservador de Tejas y el Sur Profundo (Alabama, Misisipi, Georgia...). Del mismo modo, los estados industriales de los Grandes Lagos (Michigan, Illinois...) no pueden ser más diferentes de las zonas agrícolas que dominan las Grandes Llanuras del Medio Oeste o de los territorios hispanos fronterizos con Méjico, lugares cuya orografía también ha condicionado la evolución de sus habitantes. Y es que EEUU es tan diverso, con tanta variedad de corrientes ideológicas y sociales, que no debería ser juzgado de manera tan simplista como en tantas ocasiones se ve cada día. Un país no se constituye en superpotencia por casualidad, y a ello ha contribuido sin duda alguna el espíritu de unión que se refleja en el lema nacional: E Pluribus Unum (De muchos, uno). 

"En el Calor de la Noche" sitúa al espectador en una pequeña localidad sureña de los Estados Unidos a comienzos de los años 60. El inspector de la policia de Filadelfia Virgil Tibbs (Sidney Poitier) ha vuelto al Sur para visitar a su madre, pero debe esperar durante la noche en el apeadero del pueblo al tren que le lleve finalmente a casa. En esos precisos momentos un ciudadano blanco es asesinado en la localidad y Virgil es detenido como principal sospechoso, básicamente por ser un negro forastero con dinero en la cartera. Al ser llevado a comisaría el sheriff Gillespie (Rod Steiger) comienza el interrogatorio y no sale de su asombro cuando Tibbs le cuenta a qué se dedica en el Norte. Tras confirmar por teléfono la identidad de su sospechoso Virgil queda en libertad aunque su jefe de la policía de Filadelfia le ordena que colabore con las autoridades locales para esclarecer el asesinato. A Tibbs no le parece una buena idea ya que solo quiere salir cuanto antes de ese lugar y al sheriff no le entra en la cabeza que un negro pueda ayudarle en una investigación. Sin embargo, viendo que las circunstancias del crimen le desbordan, decide tragarse su orgullo y pedir la colaboración de Virgil. Juntos formarán una pareja de detectives insólita que habrá de husmear en las profundidades de un pueblo dominado por la industria algodonera, el racismo y los prejuicios arrastrados durante décadas.

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Ficha técnica y artística

En el Calor de la Noche (In the Heat of the Night). EEUU, 1967, 109 min.

Dirección: Norman Jewison

Intérpretes: Sidney Poitier, Rod Steiger, Warren Oates

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Crónica de El Maquinista


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sábado, 21 de julio de 2012

Antes del Amanecer

Comentario de ANTES DEL AMANECER


Desde siempre el hombre se ha parado a reflexionar sobre los intrincados mecanismos que rigen su periplo vital, para lo cual ha buscado respuestas en la filosofía, la ciencia o la religión. Algunos, como los calvinistas en su época, piensan que la vida de cada uno es un meticuloso plan trazado por una fuerza superior donde los hombres no son más que piezas de un tablero sujetos a la voluntad divina. Otros en cambio creen en la capacidad de las acciones individuales para variar el curso de los acontecimientos, pudiendo tener así algo de control sobre su propio destino. Y en el otro extremo se sitúan aquellos que ven todas las cosas como una pura combinación de probabilidades dirigidas por el azar absoluto. La vida es de esta manera una sucesión de múltiples estados posibles que se materializan o no dependiendo de cada pequeña acción individual, tanto voluntaria como involuntaria. Se trata en cierta manera de una extrapolación de la mecánica cuántica al mundo que nos rodea más allá del átomo, todo es regido por un principio de incertidumbre en el que el destino es como una partícula elemental a merced de las probabilidades y las carambolas del entorno que nos rodea.

"Antes del Amanecer" es uno de los trabajos más reconocidos de su director, Richard Linklater, quien en esta película decide explorar las puertas que abren las coincidencias y lo que puede implicar el aprovechar o no las oportunidades que surgen. Jesse (Ethan Hawke) es un joven norteamericano de excursión por Europa que se dirige en tren de Budapest a Viena para coger su avión rumbo a casa. En su mismo vagón viaja Céline (Julie Delpy), una estudiante francesa que vuelve de Hungría tras visitar a su abuela. Ambos entablan fortuitamente conversación y poco a poco la conexión entre ambos se hace patente. Al llegar a Viena Jesse debe despedirse pero en ese momento se le ocurre una idea a la par brillante como absurda. Invita a Céline a bajarse con él y recorrer juntos la capital austriaca durante las horas que faltan para que salga su avión. Ella finalmente acepta y los dos jóvenes comienzan a recorrer las calles de la ciudad mientras conversan y van descubriéndose mutuamente el uno al otro.

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Ficha técnica y artística

Antes del Amanecer (Before Sunrise). EEUU, 1995, 101 min.

Dirección: Richard Linklater

Intérpretes: Ethan Hawke, Julie Delpy

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Crónica de Atticus Finch


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domingo, 8 de julio de 2012

La Cruz de Hierro

Comentario de LA CRUZ DE HIERRO


Si hay un conflicto armado que reine sin discusión en el cine bélico esa es la II Guerra Mundial, ya sea debido a sus titánicas proporciones, trascendencia histórica o por las consecuencias geopolíticas que trajo consigo. Dado que el cine occidental es predominantemente anglosajón es de lógica que la mayoría de las películas que tratan sobre esta guerra lo hayan hecho desde la perspectiva de las potencias aliadas, mientras que el ángulo alemán y japonés ha quedado reducido prácticamente a sus propias producciones. Entre los escasos títulos que se han acercado al bando enemigo están "Tora, Tora, Tora" (Richard Fleischer, 1970), la brillante "Cartas desde Iwo Jima" (Clint Eastwood, 2006) o  "La Cruz de Hierro" (1977), uno de los últimos trabajos del mítico director Sam Peckinpah. Y es que conociendo la fascinación que le producía al realizador norteamericano el explorar el lado más brutal y violento de la condición humana es de extrañar que no se hubiera internado antes en los dominios del cine bélico, sitio a priori ideal para desarrollar sus temáticas recurrentes. En realidad Peckinpah lo que acabaría filmando es un auténtico western de trincheras donde se libra un combate salvaje por la supervivencia, todo impregando por esa atmósfera crepuscular tan característica suya. Básicamente una especie de pandilla salida de "Grupo Salvaje" metidos a soldados de la Wehrmacht.

"La Cruz de Hierro" tiene como escenario la retirada de las tropas alemanas del frente ruso en 1943. Tras haber sido derrotados por el Ejército Rojo en Stalingrado y diezmados por el general invierno, los soldados del Reich abandonan Rusia en un penoso retorno hacia posiciones más seguras, teniendo además que repeler los continuos ataques soviéticos en su retaguardia. Entre las tropas alemanas se encuentra un pelotón comandado por el sargento Steiner (James Coburn), un descreído oficial cuyo espíritu habita a partes iguales entre el nihilismo y el instinto de supervivencia más feroz. Su única meta es mantener a sus hombres con vida a la vez que desprecia todo el aparato jerárquico del ejército. Y nada mejor para reafirmarse en sus ideas que la llegada a su destacamento del capitán Stransky (Maximilian Schell), un refinado oficial de larga tradición militar en su familia. El único objetivo del capitán es hacer méritos en combate para obtener la ansiada Cruz de Hierro, una de las máximas condecoraciones del ejército alemán. De esta manera podrá recibir el mismo honor que su abuelo en la guerra franco-prusiana de 1870 y su padre en la I Guerra Mundial. Sus decisiones y comportamiento harán que inevitablemente choque con Steiner y su pelotón de supervivientes.

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Ficha técnica y artística

La Cruz de Hierro (Cross of Iron). Reino Unido-Alemania, 132 min.

Dirección: Sam Peckinpah

Intérpretes: James Coburn, Maximilian Schell, James Mason

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Crónica de El Maquinista


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domingo, 1 de julio de 2012

Ciudad de Dios

Comentario de CIUDAD DE DIOS


Uno de los mayores desafíos para el desarrollo de cualquier país es la distribución equitativa entre su población de los recursos que genera la tierra. Si el producto interior bruto nos da la idea de la riqueza de un estado en términos absolutos, la renta per cápita es la que proporciona el dato de lo que teóricamente corresponde a cada habitante. Pero para poder juzgar adecuadamente éste último conviene tener a mano el llamado coeficiente de Gini para ver los índices de reparto equitativo real de esa renta. Las posiciones de cabeza suelen estar ocupadas desde hace años por las naciones escandinavas gracias a su tradicional conciencia de la justicia social, la igualdad de oportunidades y la gestión responsable de las arcas públicas. Por contra, una de las regiones con tasas de desigualdad más altas es Latinoamérica, donde el problema en algunos países es ya algo crónico. La concentración de dinero y poder en manos de unas pequeñas élites, sean del color político que sean, han conducido durante décadas a una brecha social que tiene como buen ejemplo las barriadas chabolistas de las grandes urbes sudamericanas. En Brasil las llamadas favelas son desgraciadamente algo tan distintivo del país como su fútbol o los carnavales, y su importancia sociológica queda bien patente cuando dos de las mejores películas brasileñas de la pasada década, "Ciudad de Dios" (2002) y "Tropa de Élite" (2007), tienen como escenario estos lugares.

"Ciudad de Dios" es el trabajo con el que su director, Fernando Meirelles, se da a conocer mundialmente suponiendo también un salto enorme para el panorama cinematográfico sudamericano en general y brasileño en particular. La cinta narra la historia del crimen organizado en la favela Ciudad de Dios, uno de los suburbios de Rio de Janeiro cuyo cuidado y seguridad parece haber sido dejada en manos del Altísimo. La historia abarca desde finales de los años 60 hasta principios de los 80 y es vista desde la perspectiva de dos chavales del barrio, Buscapé y Dadinho. El primero sueña con ser fotógrafo y el segundo con ser el criminal más peligroso de la ciudad, objetivos bien diferentes pero que finalmente les llevará a encontrarse en algún recodo del tiempo. Con el paso de los años Buscapé va sorteando el ambiente criminal de la favela compaginando trabajo y estudios, mientras que Dadinho consigue imponer su ley en el barrio al frente de un pequeño ejército de seguidores bajo el nombre de guerra de Ze Pequeno.

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Ficha técnica y artística

Ciudad de Dios (Cidade de Deus). Brasil, 2002, 130 min.

Dirección: Fernando Meirelles & Kátia Lund

Intérpretes: Alexandre Rodrigues, Leandro Firmino, Phellipe Haagensen

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Crónica de Atticus Finch


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