domingo, 28 de abril de 2013

En el Nombre del Padre

Comentario de EN EL NOMBRE DEL PADRE














El llamado conflicto de Irlanda del Norte es un tipo de fenómeno único en Europa occidental que ha contado con un buen número de películas centradas en su problemática. Más allá del enfrentamiento entre dos comunidades separadas por un abismo de identidad nacional (británica o irlandesa) y religiosa (protestante o católica), el cine ha solido centrarse en las consecuencias de la violencia desencadenada por los grupos terroristas que allí operan, básicamente el IRA y algunos grupúsculos unionistas. A ello se le une el estado de excepción en que vivió esta zona del Reino Unido a partir de los años 70, cuando los atentados del IRA sacaron al ejército británico a las calles de Belfast y los abusos policiales contra la población elevaron la tensión a cotas insostenibles. Esta situación explosiva ha dejado ejemplos cinematográficos sobre la devastación causada por el terrorismo ("Omagh", 2005), la lucha en las alcantarillas del Estado ("Agenda Oculta", 1990) o la redención del criminal ("The Boxer", 1998). Probablemente uno de los mejores trabajos sobre el tema norirlandés llegó de la mano de Jim Sheridan con "En el Nombre del Padre" (1995), cinta que en este caso se ocupa de uno de los mayores errores judiciales ocurridos en Gran Bretaña en la lucha contra el IRA. Para ello el realizador irlandés contaría con un trío protagonista de altura encabezado por el gran Daniel Day-Lewis, quien firmaría uno de sus papeles más recordados hasta la fecha (junto a "Mi Pie Izquierdo", "El Último Mohicano", "Gangs of New York", "Pozos de Ambición", "Lincoln", etc).

"En el Nombre del Padre" arranca en los turbulentos comienzos de la década de los 70 en Irlanda del Norte. Son años de dura confrontación entre las dos comunidades de la región y las acciones terroristas del IRA golpean todo el Reino Unido. La ciudad de Belfast está literalmente dividida en sectores y tomada militarmente por el ejército británico ante las luchas entre católicos y protestantes. En ese ambiente crispado vive Gerry Conlon (Day-Lewis), un atolondrado joven sin oficio ni beneficio que un día da comienzo a un fuerte altercado entre vecinos y fuerzas policiales tras ser sorprendido robando chatarra. Su resignado padre (Pete Postlethwaite) le pide que marche a Inglaterra a buscar trabajo, por lo que Gerry viaja a Londres donde reside parte de la familia. Durante su estancia en la capital el IRA comete un brutal atentado en un pub de una ciudad cercana, Guildford, causando la muerte de varias personas y decenas de heridos. La policía sigue una serie de pistas erróneas y acaba deteniendo a Gerry, quien es completamente ajeno al acto terrorista. En comisaría, bajo presión de un alto mando policial sin escrúpulos, es obligado a firmar una declaración incriminatoria que le llevará a ser condenado junto a varios miembros de su familia, incluido su padre, todos bajo la acusación de pertenencia al IRA. Una vez entre rejas, padre e hijo empezarán una nueva etapa en su difícil relación mientras una abogada inglesa (Emma Thompson) comienza a investigar las irregularidades de su proceso judicial.

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Ficha técnica y artística 

En el Nombre del Padre (In the Name of the Father). Irlanda, 1993, 135 min. 

Dirección: Jim Sheridan 

Intérpretes: Daniel Day-Lewis, Pete Postlethwaite, Emma Thompson

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Crónica de Atticus Finch

 
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sábado, 13 de abril de 2013

Días de Vino y Rosas

Comentario de DÍAS DE VINO Y ROSAS














El cine, como todo tipo de actividad artística, ha estado sujeto siempre a diversos reglamentos morales que determinan los contenidos juzgados como adecuados para ser mostrados en pantalla. Estas reglas del juego han ido variando con el tiempo pero se puede considerar que a comienzos de los años sesenta se terminaron de romper la mayoría de los tabúes que rodeaban temas delicados, como la violencia, la sexualidad o las adicciones. En relación a éstas últimas la película de Otto Preminger "El Hombre del Brazo de Oro" (1955) supuso uno de los primeros acercamientos al drama de la adicción a las drogas (la heroína en este caso), mientras que el director Blake Edwards haría lo propio pocos años después con el tema del alcoholismo, en la gran película "Días de Vino y Rosas" (1962). Gracias a ella y a "Desayuno con Diamantes" (1961) Edwards demostraría su valía para abordar temáticas más serias y no encasillarse como realizador de comedia (la saga de "La Pantera Rosa" o "El Guateque"). Para esta ocasión tendría la suerte de contar con dos actores absolutamente magistrales, Jack Lemmon y la nunca suficientemente reivindicada Lee Remick ("Anatomía de un Asesinato", "Río Salvaje").

"Días de Vino y Rosas" narra el viaje al abismo que emprende un joven matrimonio de clase media a causa de su adicción al alcohol y las consecuencias vitales que eso conlleva. Joe Clay (Lemmon) es un eficiente trabajador dedicado a las relaciones públicas, por lo que está habituado a ser un bebedor social. Un día conoce a una joven secretaria llamada Kirsten (Remick) y ambos congenian rápidamente. Al tiempo deciden casarse e incluso tener una hija, la convivencia es buena pero poco a poco Joe se aficiona de manera peligrosa a la bebida. Kirsten es abstemia pero termina por probar el alcohol junto a su marido, en parte para aliviar los problemas que la propia bebida les ha ido creando. Una vez que ambos han caído en sus garras ya no tienen referencia alguna para salir del agujero ellos solos. Los trabajos se pierden, su hija es llevada con los padres de ella y los dos entran en una espiral de destrucción. En sus momentos de lucidez Joe no puede soportar la culpa de haber arruinado su vida y haber arrastrado además a Kirsten consigo. Los dos intentarán rehabilitarse de diversas maneras, a veces juntos, a veces solos, pero su lucha contra el monstruo del alcoholismo no será fácil en modo alguno.

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Ficha técnica y artística

Días de Vino y Rosas (Days of Wine and Roses). EEUU, 1962, 117 min.

Dirección: Blake Edwards

Intérpretes: Jack Lemmon, Lee Remick, Charles Bickford

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Crónica de Atticus Finch


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domingo, 31 de marzo de 2013

Searching for Sugar Man

Comentario de SEARCHING FOR SUGAR MAN


 

 
 
 
 
 
 
 
 


Conviene que abran bien los ojos, agudicen los oídos y presten atención a la obra que hoy nos ocupa. Porque nos encontramos con seguridad ante una de las mejores películas del pasado año con el añadido de que además pertenece a un género que no goza de la repercusión mediática habitual: el cine documental. Asistan pues a la increíble pero verdadera historia de Sixto Rodríguez, alias Sugar Man, un hombre destinado a decir muchas cosas en el panorama musical de los años 70 pero cuya carrera se truncó rápidamente en los EEUU mientras era adorado sin saberlo en la otra punta del mundo. Desde que Michael Moore estrenara "Bowling for Columbine" hace ya más de una década, el género documental ha experimentado un reconocimiento popular sin precedentes y cada año nos llegan trabajos de un valor cinematográfico enorme, como "Ser y Tener" (2002), "Man on Wire" (2008) o este "Searching for Sugar Man" (2012). Avalada por un reguero de premios internacionales (Sundance, Bafta, Oscar...) esta búsqueda de Sugar Man nos presenta una historia fascinante relatada con brillantez por su director, el sueco Malik Bendjelloul. Si la ven no solo disfrutarán de una gran película, sino que además descubrirán a un artista genuino.

"Searching for Sugar Man" relata la historia del misterioso músico Sixto Rodríguez, un norteamericano de Detroit que a comienzos de los años 70 grabó dos discos que un puñado de críticos calificaron de maravillosos pero que fueron un completo fracaso comercial. Y Rodríguez, aquél  cantautor con una carrera prometedora truncada, desapareció. Por azares del destino, para demostrar que la realidad supera siempre a la ficción, una copia de su disco llegó a Sudáfrica poco después, cuando el país se encontraba aislado internacionalmente por su sistema de segregación racial. Y allí Rodríguez se convirtió en un auténtico fenómeno cultural que sirvió de banda sonora vital para varias generaciones de la comunidad blanca progresista, los afrikáner que se oponían al sistema político de su país basado en el apartheid. Mientras que para cientos de miles de sudafricanos Rodríguez era equiparable a Bob Dylan, Simon & Garfunkel o los Beatles, el músico de Detroit vivía ajeno a todo ello. Sus seguidores de la otra punta del mundo tampoco sabían nada de uno de sus artistas de cabecera, ni siquiera si estaba vivo o muerto. ¿Quién era Rodríguez? ¿Un hombre, un músico o un mito?

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Ficha técnica y artística

Searching for Sugar Man. Suecia, 2012, 85 min.

Dirección: Malik Bendjelloul

Intérpretes: documental

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Crónica de El Maquinista

 
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domingo, 24 de marzo de 2013

Antes del Atardecer

Comentario de ANTES DEL ATARDECER


El género romántico es una región sinuosa en el mundo del cine, un lugar en el que surgen algunos de los sentimientos más profundos del ser humano. Normalmente podemos distinguir películas románticas que se decantan hacia la comedia o bien hacia el drama, siendo éste último un terreno delicado donde abundan los tratamientos superficiales, empalagosos y de lágrima fácil. Pero cuando una cinta posee la fuerza narrativa necesaria y un buen director detrás de las cámaras, entonces estas obras pueden llegar a tener un poder de emoción monumental. Se crean películas imperecederas como "Casablanca", "Esplendor en la Hierba" o "Memorias de África". Clásicos modernos del empaque de "El Camino a Casa", "Los Puentes de Madison" u "Olvídate de Mi". Y joyas recientes como "500 Días Juntos", "Blue Valentine" y "Ruby Sparks", que llenan de sensaciones intensas al espectador: emoción, melancolía, nostalgia. A mediados de los años 90 el director Richard Linklater rodó esa maravilla conocida como "Antes del Amanecer" (1995), película de culto en la que Ethan Hawke y Julie Delpy daban vida a dos jóvenes veinteañeros que se conocían en un tren camino de Viena. Durante las pocas horas que pasaban juntos en la capital austriaca la conexión entre ellos inundaba la pantalla y ponía un punto y seguido que tendría su continuación en 2004, en "Antes del Atardecer".

Nueve años después de los acontecimientos relatados en la primera cinta ambos personajes se reencuentran en París, a donde Jesse (Ethan Hawke) ha viajado para presentar una novela inspirada en aquella experiencia que vivió con Celine (Julie Delpy) en Viena. Los años no han pasado en balde y Jesse, convertido ya en escritor, tiene un hijo pequeño en Estados Unidos. Celine por su parte sigue viviendo en París y asiste así a la presentación del libro de Jesse, permitiendo que ambos se vuelvan a ver tras casi una década. Dispondrán de lo que resta de tarde, antes de que despegue el avión de Jesse, para pasear por la ciudad y contarse todo lo que tienen que decirse. Preguntas, respuestas, silencios y la prueba palpable de que la conexión entre ellos sigue en pie. Cine puro, sincero, emocionante.

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Ficha técnica y artística

Antes del Atardecer (Before Sunset). EEUU, 2004, 80 min.

Dirección: Richard Linklater

Intérpretes: Ethan Hawke, Julie Delpy, Vernon Dobtcheff

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Crónica de Atticus Finch


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domingo, 17 de marzo de 2013

Pulp Fiction

Comentario de PULP FICTION


Uno de los directores más peculiares del panorama cinematográfico norteamericano es sin duda Quentin Tarantino, un autor que lleva veinte años produciendo cintas cuanto menos poco convencionales. Tarantino era un apasionado del cine desde su juventud y en su formación cinéfila, a parte de los clásicos, abundan varios sub-géneros de serie B tradicionalmente menospreciados por su baja calidad artística pero a los que él ha convertido en fuente de inspiración para sus películas: el spaguetti western (las de Sergio Leone no cuentan), las cintas de artes marciales, el exploitation inspirado en literatura pulp y abundante morralla de serie Z (lo más cutre de entre lo cutre). El bueno de Quentin comenzó a escribir sus primeros guiones mientras trabajaba de dependiente en un videoclub de Los Angeles y allí tuvo la suerte de dar con un productor avispado que vio que "Reservoir Dogs" (1992) podía ser un filón de oro. Gracias al éxito de la película Tarantino vendería un par de guiones más y alcanzaría el reconocimiento masivo con "Pulp Fiction" (1994), contribuyendo de forma decisiva, junto a la distribuidora Miramax, a la popularización que vivió el cine independiente a comienzos de los años 90. En estos dos trabajos el director ya muestra algunas de sus señas de identidad: mucho diálogo, cuidada banda sonora, espíritu desenfadado de serie B y guiños cinéfilos por doquier. Tras el tropiezo de "Jackie Brown" (1997) volvería con fuerza en 2003 con la doble entrega de "Kill Bill", "Death Proof" (2007), "Malditos Bastardos" (2009) y "Django Desencadenado" (2012), donde repite con el genial actor alemán Christopher Waltz. Así pues, una filmografía inclasificable para un autor que colabora escribiendo y actuando para sus amistades y que constituye un fenómeno popular digno de estudio.

"Pulp Fiction" es con seguridad la obra más reconocida de Tarantino. Su narrativa no lineal presenta varias historias entrelazadas en las que sus personajes se ven envueltos en una red de sucesos conectados entre sí. Vincent (John Travolta) y Jules (Samuel L. Jackson) son dos asesinos profesionales al servicio de un jefe mafioso local que han de solucionar un nuevo encargo relacionado con el tráfico de drogas. A Vincent también le encargan la protección de la alocada mujer su jefe (Uma Thurman) y localizar a un boxeador que ha estafado una importante cantidad de dinero (Bruce Willis). Todas las líneas argumentales se tocan para dar forma a un relato inclasificable pero fascinante.

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Ficha técnica y artística

Pulp Fiction. EEUU, 1994, 153 min.

Dirección: Quentin Tarantino

Intérpretes: John Travolta, Samuel l. Jackson, Uma Thurman

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Crónica de El Maquinista


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domingo, 10 de marzo de 2013

Tempestad sobre Washington

Comentario de TEMPESTAD SOBRE WASHINGTON


La política es un medio por el cual el hombre ha conseguido vertebrar sus sistemas de gobierno y de organización social, creando así el andamiaje necesario para la construcción de las administraciones públicas de un país, es decir, el Estado. La gente confunde en ocasiones la política con los malos políticos y de esa equivocación surge la imagen negativa que se crea en torno a ésta. Caldo de cultivo ideal para la aparición de líderes populistas, salvapatrias y demás caudillos que los libros de historia tienen bien documentados desde hace tiempo. Lo que sí es cierto es que la política, a niveles tan complejos como el entramado de un Estado, suele convertirse en un terreno pantanoso, lleno de ambigüedades y traiciones. El cine lo ha reflejado con maestría en diversas épocas y circunstancias: el pulso politico-religioso entre Enrique VIII y Tomás Moro ("Un Hombre para la Eternidad", de Fred Zinnemann), las conspiraciones golpistas en las altas esferas del poder ("Siete Días de Mayo", de John Frankenheimer) o la persecución a grupos opositores ("Z", de Costa-Gavras). La comedia, aunque sea negra, también tiene su espacio con obras como "Teléfono Rojo" o "La Guerra de Charlie Wilson", que le llevan a uno a pensar de dónde han sacado a algunos personajes que gobiernan nuestros destinos. Para reconciliarse con el arte de la política conviene recuperar su significado original griego (politikós: "ciudadano", "del ordenamiento de la ciudad") y pensar que fue la herramienta con la que los pioneros de la Grecia Clásica y la Antigua Roma forjaron los cimientos de nuestra civilización occidental. El espíritu de Pericles aún pervive hoy en día.

"Tempestad sobre Washington" (1962) es uno de los trabajos más sobresalientes del director Otto Preminger, autor de "Buenos Días, Tristeza" (1958), "Anatomía de un Asesinato" (1959) o "Éxodo" (1960). La trama de la película gira en torno a las intrigas políticas que surgen en el Senado de los Estados Unidos cuando el presidente de la nación propone como secretario de estado a Robert Leffingwell (Henry Fonda), un hombre que provoca fuerte división de opiniones entre los senadores, incluidos los del partido del propio presidente (demócratas o republicanos, nunca se especifica). Según la constitución norteamericana, el presidente propone a todos sus secretarios (ministros) pero debe contar después con el respaldo de la cámara senatorial. Ante la falta de consenso comienza una lucha soterrada entre las propias filas de la mayoría y de manera frontal con la oposición, liderada por el veterano senador Cooley (Charles Laughton en su último papel en la gran pantalla). Acusado de pertenecer en su juventud a grupos procomunistas, el candidato Leffingwell se ve obligado a testificar en la cámara mientras al mismo tiempo se libra una batalla en las alcantarillas del poder de Washington.

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Ficha técnica y artística

Tempestad sobre Washington (Advise and Consent). EEUU, 1962, 140 min.

Dirección: Otto Preminger

Intérpretes: Charles Laughton, Henry Fonda, Gene Tierney

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Crónica de El Maquinista


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domingo, 3 de marzo de 2013

La Última Noche

Comentario de LA ÚLTIMA NOCHE


Ocurre con bastante frecuencia que directores con una trayectoria irregular consigan en un momento dado rodar una película enorme. Puede que para ello sea necesario que coincidan una serie de factores, como un periodo de inspiración del realizador, un buen guión y un reparto actoral de primera categoría. Algo parecido debió ocurrir para que hace diez años Spike Lee pusiera en pie una cinta del nivel de "La Última Noche", título que ha devenido ya en obra de culto. Spike Lee es seguramente el director de raza negra más conocido del panorma cinematográfico, con una carrera de más de dos décadas a sus espaldas. Su filmografía ofrece algunos trabajos interesantes ("Malcom X") pero nada que se parezca a lo que hoy comentamos. Lee ha tratado casi siempre temáticas urbanas, de contenido social y muy pegadas al asfalto de las calles de Nueva York. En esta ocasión el realizador otorga a la ciudad de los rascacielos un papel muy relevante en la historia, convirtiéndola en un personaje más del relato. No la muestra de manera luminosa, sino con tonos crepusculares, creando un escenario sombrío con las cicatrices recientes de los atentados terroristas del 11-S. Los títulos de crédito, rodados en la zona cero, es toda una declaración de intenciones.

La cinta relata la última noche en libertad del narcotraficante Monty Brogan (Edward Norton), un hombre que a la mañana siguiente habrá de ingresar en prisión para cumplir una condena de siete años. A lo largo de estas últimas horas Monty vaga por Nueva York y repasa su vida reciente, aquella que le ha proporcionado dinero y privilegios, pero también destrucción y múltiples problemas. Su plan es reunirse con sus dos mejores amigos desde la infancia, un profesor de instituto (Philip Seymour Hoffman) y un broker de Wall Street (Barry Pepper), para despedirse de ellos. Entre sus muchas reflexiones emerge inevitablemente el saber quién le ha delatado a la policía, quién los llevó hasta su casa para encontrar la droga oculta. Sus sospechas caen de forma constante sobre su novia (Rosario Dawson), pero nada está claro en su mente. Con todos estos pensamientos en la cabeza Monty se adentra en las calles oscuras de la ciudad contando el tiempo que queda hasta un amanecer que le llevará a su temido destino final. 

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Ficha técnica y artística

La Última Noche (25th Hour). EEUU, 2002, 134 min.

Dirección: Spike Lee

Intérpretes: Edward Norton, Philip Seymour Hoffman, Barry Pepper

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Crónica de Atticus Finch


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domingo, 24 de febrero de 2013

Tiburón

Comentario de TIBURÓN

 
En 1975, en plena década de los 70, la industria cinematográfica en Estados Unidos está en plena ebullición. Los jóvenes directores del Nuevo Hollywood han triunfado aprovechando el manto protector de un puñado de productores intrépidos agrupados en torno a la Paramount. Francis Ford Coppola ya se ha consagrado con sus dos primeras entregas de "El Padrino"; George Lucas y Peter Bogdanovich han maravillado al público con "American Graffiti" y "La Última Película", respectivamente; William Friedkin ha estrenado con enorme éxito "French Connection" y "El Exorcista" y Martin Scorsese, después de "Malas Calles", tiene a punto de sacar del horno "Taxi Driver". Si bien la revolución del sistema que planteaban estos directores se iba a truncar abruptamente a comienzos de los años 80, su intento por crear un cine de autor norteamericano marcaría profundamente la época, dejando para la posteridad una buena parte de lo que hoy llamamos clásicos contemporáneos. Uno de los benjamines de la pandilla y probablemente el menos proclive a buscar un sello de autor era Steven Spielberg. Su visión a medio camino entre el patrón comercial demandado por los estudios y la búsqueda de un estilo propio ha resultado ser a la postre lo que le ha llevado a sobrevivir artísticamente a casi todos sus compañeros de generación. Spielberg había debutado en la dirección en 1971 con una película pensada para la televisión, pero su gran pulso narrativo hizo que "El Diablo sobre Ruedas" se estrenara en las salas de cine de Europa y se convirtiera en cinta de culto. Cuatro años después con "Tiburón" reventaría las taquillas de medio mundo y se colocaría en una estupenda posición dentro de la industria para desarrollar su era prodigiosa: "Encuentros en la Tercera Fase" (1977), "En Busca del Arca Perdida" (1981) y "E.T." (1982). Para rodar esta pieza maestra del cine de aventuras Spielberg rechazaría rodar en piscinas de estudio y se llevaría el equipo a mar abierto, algo insólito. Construiría un gigantesco tiburón mecánico apodado Bob que le daría varios quebraderos de cabeza, ya que se oxidaba y estropeaba cada poco. Sabiamente, decidiría ocultarlo lo máximo posible al espectador, descubriendo poco a poco las proporciones de la bestia. Su habilidad con la cámara y la múscia de John Williams harían el resto.

Para "Tiburón" Spielberg iba a contar con un trío actoral estupendo que está muy vinculado a la década de los 70: Roy Scheider ("French Connection", "Marathon Man"), Richard Dreyfuss ("Amercian Graffiti", "Encuentros en la Tercera Fase") y Robert Shaw ("El Golpe", "Robin y Marian"). La historia relata la aparición de un monstruoso tiburón blanco en las costas de un pueblo de Nueva Inglaterra, a comienzos de la época estival. Por temor a que la noticia espante a los turistas el alcalde de la localidad decide mantener las playas abiertas, pero un ataque mortal a los bañistas termina por sembrar el pánico en toda la región. El jefe de policía Brody (Scheider) se hace entonces cargo de la coordinación local para intentar dar con el escualo, para lo cual recibe la ayuda del biólogo marino Hooper (Dreyfuss). Ante los sucesivos fracasos ambos deciden ir a dar caza al monstruo a bordo de un barco pesquero propiedad del veterano marinero Quint (Shaw), quien tiene una larga experiencia con los tiburones. Los tres se enfrantarán a una bestia que por su fiereza y tamaño parece haber surgido de los tiempos antediluvianos.

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Ficha técnica y artística

Tiburón (Jaws). EEUU, 1975, 124 min.

Dirección: Steven Spielberg

Intérpretes: Roy Scheider, Richard Dreyfuss, Robert Shaw

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Crónica de El Maquinista

 
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domingo, 17 de febrero de 2013

Take Shelter

Comentario de TAKE SHELTER

 
(Del inglés To take: tomar; Shelter: refugio). En lo más profundo del subconsciente estadounidense está arraigada una idea de supervivencia individual al margen de la comunidad, tan solo ampliable al círculo más cercano de la familia. Se trata de un espíritu individualista muy arraigado en la sociedad norteamericana que entronca con su tradicional desdén hacia el papel que la administración pública (el Estado) debe ejercer sobre los ciudadanos. De ahí viene su obsesión con la propiedad privada, la autoprotección personal con armas y las en ocasiones desvirtuadas apelaciones a las libertades individuales. Durante su historia reciente, a partir de la Segunda Guerra Mundial, la sociedad de este país ha vivido con una continua amenaza (real o no) flotando en el ambiente. Los comunistas, los tornados, los marcianos o los terroristas son solo algunos de los entes en los que se han materializado estos miedos que parecen venir de fábrica en el adn norteamericano. Pero la peor amenaza es aquella que no puede ponérsele nombre ni materializar en algo físico, algo que juega el papel central en el drama psicológico "Take Shelter", sin duda una de las mejores películas del 2011. Bajo su apariencia de película independiente se esconde un extraordinario análisis sobre la lucha entre el instinto y la razón que lleva a su protagonista al borde del precipicio. Si el guión y la dirección de Jeff Nichols son excelentes, no lo es menos su gran reparto encabezado por Michael Shannon ("Boardwalk Empire") y Jessica Chastain ("El Árbol de la Vida", "La Noche más Oscura").

"Take Shelter" presenta a una familia de clase media de cualquier pequeña ciudad estadounidense. Curtis (Michael Shannon) es un trabajador de la construcción que vive feliz con su mujer (Jessica Chastain) y la hija de ambos, que es sordomuda. A partir de cierto día Curtis comienza a tener sueños cada vez más perturbadores, pesadillas que empiezan siempre con la formación de una tormenta gigantesca. Poco a poco estos sueños hacen mella en su estado de ánimo, lo que se agrava cuando sus visiones se hacen presentes también durante el día. Curtis decide no contar nada a su mujer y acudir al médico por su cuenta, ya que en su familia hay antecedentes de trastornos mentales. Más allá de sus sueños, lo que es más desasosegante para él es la sensación de que algo inexplicable y terrible se aproxima, una amenaza que destruirá a su familia si él no lo evita. Y es entonces cuando decide construir un refugio subterráneo en el jardín trasero de su casa. Profeta o demente, su viaje a los abismos ha comenzado.

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Ficha técnica y artística

Take Shelter. EEUU, 2011, 123 min.

Dirección: Jeff Nichols

Intérpretes: Michael Shannon, Jessica Chastain, Shea Whigham

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Crónica de Atticus Finch

 
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sábado, 9 de febrero de 2013

Cautivos del Mal

Comentario de CAUTIVOS DEL MAL


El mundo del cine es un pequeño microcosmos que cuenta con sus propias leyendas, sus héroes y villanos. Desde la época en que se levantaron los grandes estudios en la década de los 20 hasta bien entrados los años 60, cuando el sistema implosionó, los verdaderos impulsores de los proyectos cinematográficos eran los productores. Éstos manejaban el dinero, la financiación, y su involucración en la parte artística de los largometrajes siempre se ha visto como injerencias del poder, colocándolos así de forma tradicional como los malos de la historia. Los directores por su parte eran considerados casi siempre como meros asalariados que controlaban el rodaje ejerciendo labores de director de orquesta. Hasta que llegó la ola de cine europeo y el Nuevo Hollywood el concepto del realizador como autor y alma de la película era algo muy minoritario. Los intérpretes por otro lado han sido seguramente la profesión más apreciada por los productores, siempre en busca de nuevas estrellas a descubrir y moldear para hacer triunfar sus proyectos. Y el gremio más marginado es sin duda el de los guionistas, los auténticos parias del cine. Ellos son los que construyen los cimientos de una película con sus textos, los que levantan los pilares y paredes maestras del asunto. Si la revolución de los directores de hace ya cuarenta años trajo consigo el reconocimiento de su papel central en el cine, la de los guionistas parece que aún está pendiente de llegar. De estas cuatro profesiones citadas emana la esencia de los proyectos cinematográficos y de los equilibrios de poder entre ellas depende también que el producto final sea algo que el espectador esté dispuesto a ver en pantalla.

Con estos mimbres el director Vincente Minnelli ("El Padre de la Novia", "El Loco del Pelo Rojo", "Un Americano en París") iba a rodar la película más importante de su carrera y una rotunda obra maestra del cine. "Cautivos del Mal" narra en forma de flash-back el viaje hacia la cima del ambicioso productor Jonathan Shields (Kirk Douglas) y su posterior caída en desgracia. En su camino al triunfo tuvieron mucho que ver tres personas que guardan un pésimo recuerdo de él: el director Fred Amiel (Barry Sullivan), la actriz Georgia Lorrison (Lana Turner) y el guionista James Lee Bartlow (Dick Powell). Los tres son ahora profesionales respetados en parte también gracias a sus pasadas colaboraciones con Shields, pero las traiciones que recibieron por parte de éste les han marcado. Los tres son citados una noche en los estudios donde Shields ejercía sus labores de productor hace años, y lo que se les propone es lo siguiente: Jonathan quiere volver a la cima con un proyecto en el que los tres han de estar involucrados: Bartlow escribirá el guión, Amiel lo dirigirá y Georgia lo protagonizará. En ese momento se produce un viaje al pasado para asistir a los hechos que marcaron la relación de cada uno con Shields, así como a una lección magistral de los entresijos del mundo del cine.

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Ficha técnica y artística

Cautivos del Mal (The Bad and the Beautiful). EEUU, 1952, 114 min.

Dirección: Vincente Minnelli

Intérpretes: Kirk Douglas, Lana Turner, Dick Powell, Barry Sullivan

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Crónica de El Maquinista

 
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sábado, 2 de febrero de 2013

A Propósito de Schmidt

Comentario de A PROPÓSITO DE SCHMIDT


Existe un puñado de actores que gracias a su labor interpretativa y a una personalidad desbordante han conseguido convertirse en personajes ellos mismos. Un caso paradigmático es Jack Nicholson, quien con sus míticos papeles a lo largo de cuarenta años es desde hace tiempo leyenda viva del cine: "Chinatown" (1974), "Alguien Voló sobre el Nido del Cuco" (1975), "El Resplandor" (1980), "El Cartero Siempre Llama Dos Veces" (1981), "Mejor Imposible" (1997), etc. De hecho durante la pasada década se ha mantenido en mejor forma que otros pesos pesados como Robert De Niro o Al Pacino que han ido directamente en picado en sus carreras. Nicholson tiene además un aura de loco entrañable que le recuerda al espectador que sigue ahí al pie del cañón, como cuando acude cada año a la gala de los Oscars siempre sentado en las primeras filas con sus inseparables gafas oscuras y una sonrisa falsa a lo Warren Beatty. Con semejante animal interpretativo no es de extrañar que el director Alexander Payne elaborara en "A Propósito de Schmidt" (2002) una estupenda obra tragicómica que se convierte por méritos propios en una de las más lúcidas reflexiones sobre la jubilación laboral. Payne, que ya se estaba consolidando como uno de los mayores valores del cine independiente norteamericano gracias a "Election" (1999), proseguiría en los años venideros una carrera sólida con "Entre Copas" y la reciente "Los Descendientes".

"A Propósito de Schmidt" relata un punto de inflexión en la existencia de Warren Schmidt (Jack Nicholson), tanto a nivel laboral como personal. Tras toda una vida trabajando en una importante compañía de seguros a Warren le ha llegado la hora de la jubilación, algo que le va a partir por el eje. Sin poder ir a la oficina se encuentra de un día para otro sin saber en qué ocupar su tiempo, a lo que se va a añadir la súbita muerte de su mujer. Viudo y jubilado, Schmidt decide dar un giro radical, comprarse una caravana y echarse a la carretera rumbo a Denver para ir a ver a su hija Jeannie (Hope Davis). Jennie está ultimando los preparativos de su boda con un vendedor de camas de agua con una familia algo peculiar para los estándares de Schmidt. Para Warren su nueva tarea vital es proteger a su hija y entablar buenas relaciones con su futura familia política, aunque el choque de personalidades no se lo va a poner nada fácil.

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Ficha técnica y artística

A Propósito de Schmidt (About Schmidt). EEUU, 2002, 124 min.

Dirección: Alexander Payne

Intérpretes: Jack Nicholson, Kathy Bates, Hope Davis

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Crónica de Atticus Finch



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domingo, 20 de enero de 2013

El Bueno, el Feo y el Malo

Comentario de EL BUENO, EL FEO Y EL MALO


Hace cuarenta años llegó a España un joven actor norteamericano cuyo currículum consistía principalmente en algunos papeles en cintas de serie B y un serial televisivo sobre pistoleros del Oeste. El muchacho, llamado Clint Eastwood, había aceptado participar en el rodaje de una película cuanto menos singular: un western a filmar en el sur de España dirigido por un italiano. Estaba a punto de nacer "Por un Puñado de Dólares" (1964), de Sergio Leone, la obra que convertiría al llamado spaguetti western en cine con mayúsculas. Tras su gran éxito seguirían dos obras de mayor calibre, "La Muerte Tenía un Precio" (1965) y "El Bueno, el Feo y el Malo" (1966), completando así la archiconocida Trilogía del Dólar, un referente cultural para varias generaciones de espectadores. Las tres cintas de Leone llevaban deliberadamente hasta el extremo los estereotipos creados por el propio género años atrás y los envolvía en una atmósfera sucia, árida. A sus personajes se les ve el sudor y la mugre, se palpan sus cicatrices. Los primerísimos planos marca de la casa se funden con la gran música de Ennio Morricone y con el propio desierto de Tabernas, en Almería. Eastwood encarnará siempre al protagonista de cada largometraje, cada uno diferente pero igual: cara de granito, maestría con el revólver y siempre pegado a un poncho. Es el Hombre sin Nombre, un personaje que carece de nombre de pila y al que los demás se refieren como El Manco o Rubio según la película. Leone repetiría el mismo patrón en su posterior western rodado en EEUU, la colosal "Hasta que Llegó su Hora" (1968), donde Charles Bronson retomaba el papel sin nombre bajo el alias de Armónica. A finales de los 80, cuando Eastwood ya se consolidaba como el gran actor y director que es, su personaje de "El Jinete Pálido" recordaba al Hombre sin Nombre creado por Leone: tan solo era el Predicador, un fantasmal justiciero por encima del bien y del mal. Lejos había quedado el tiempo en que el realizador italiano afirmaba con cariño que Eastwood solo tenía dos registros como actor: con poncho y sin poncho.

"El Bueno, el Feo y el Malo" es probablemente uno de los títulos más descriptivos de toda la historia del cine. El bueno no es otro que el cazarrecompensas Rubio (Clint Eastwood), el feo un ladrón de bancos llamado Tuco (Eli Wallach) y el malo un siniestro pistolero que responde al alias de Sentencia (Lee Van Cleef). Estamos en plena Guerra de Secesión y los ecos de la contienda también se hacen presentes en los aislados territorios del Oeste. Rubio y Tuco, en apariencia cazador y presa, se han asociado temporalmente para timar a los sheriffs de multitud de pueblos de la región. Tras una discusión sobre el reparto de las ganancias Rubio abandona a Tuco en mitad de la nada y huye con todo el botín, pero éste consigue sobrevivir y jura vengarse. Tras dar con Rubio ambos se internan en el desierto y se encuentran con una caravana sudista. En ella, un soldado mortalmente herido les pide agua a cambio de revelarles el paradero de un tesoro de varios miles de dólares perteneciente al bando confederado. Antes de morir revela parte del secreto a cada uno: Tuco conocerá el cementerio donde está enterrado el botín pero es Rubio quien sabe en qué tumba hay que cavar. A pesar de que no se fían lo más mínimo el uno del otro, ambos deciden colaborar una vez más y repartirse el dinero. Para complicar su tarea se darán de bruces con la guerra y con un hombre llamado Sentencia que lleva tiempo buscando el botín de los sudistas.

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Ficha técnica y artística

El Bueno, el Feo y el Malo (Il Buono, il Brutto, il Cattivo). Italia, 1966, 161 min.

Dirección: Sergio Leone

Intérpretes: Clint Eastwood, Eli Wallach, Lee Van Cleef

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Crónica de El Maquinista

 
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domingo, 13 de enero de 2013

Barton Fink

Comentario de BARTON FINK 


A finales de los años 80, durante la escritura en Los Angeles del guión de "Muerte entre las Flores", los hermanos Coen tuvieron lo que se suele llamar un bloqueo creativo. No se trataba de escasez de ideas sino de la imposibilidad de cuadrar todas las líneas argumentales de la trama de forma coherente. Mientras intentaban derribar ese muro los borradores de las diferentes versiones se iban acumulando hasta que finalmente los Coen decidieron pedir tiempo muerto. Pararon de escribir, hicieron las maletas y volvieron a su Nueva York natal. Allí ambos acordaron escribir una historia diferente para otra futura cinta, y para ello se inspirarían en su propia experiencia: en tres semanas habían terminado el guión de "Barton Fink". Con la mente despejada tomaron el avión rumbo a California y allí acabaron "Muerte entre las Flores". Ambas películas se rodarían en años consecutivos (1990 y 91) resultando en dos de los más importantes trabajos de su filmografía, junto con obras mayores como "Fargo" (1996), "El Gran Lebowski" (1998) o "No es País para Viejos" (2007). Estos dos hermanos, guionistas, directores y productores de todos sus largometrajes, son sin duda uno de los mayores exponentes del cine independiente norteamericano y referencia cinematográfica básica de nuestros días. Sus personajes tan especiales, su humor negro y la cuidada puesta en escena son siempre marcas de la casa.

"Barton Fink" es el nombre del protagonista de la historia (John Turturro), un autor teatral que está triunfando en Broadway a comienzos de los años 40. A pesar de su firme compromiso con el mundo del teatro, Barton es convencido por su agente para que acepte una oferta de un estudio de Hollywood que quiere contratarlo como guionista. De esta manera hace las maletas y se muda a Los Angeles, donde acaba alojándose en un extraño hotel. A Barton le encargan la escritura de un guión para una película de lucha libre y al poco de comenzar sufre un bache creativo. Encerrado en su habitación los días van pasando y las páginas siguen en blanco, mientras la enrarecida atmósfera del hotel va doblegándole poco a poco. Barton tan solo encuentra consuelo en las charlas con su vecino de pasillo (John Goodman) y en la mujer de un guionista alcohólico que él antaño admiraba (Judy Davis). La crisis profesional chocará también con la personal cuando los acontecimientos se precipiten en un hotel a medio camino entre la realidad y el sueño.

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Ficha técnica y artística

Barton Fink. EEUU, 1991, 112 min.

Dirección: Joel Coen & Ethan Coen 

Intérpretes: John Turturro, John Goodman, Judy Davis

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 Crónica de El Maquinista

 
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domingo, 6 de enero de 2013

King Kong

Comentario de KING KONG














Para comenzar con buen pie el presente año del 12+1 vamos a dedicar la entrada de hoy a uno de los mitos cinematográficos por excelencia, el gorila gigante King Kong. Bien es cierto que el primate en cuestión ha tenido varios remakes, como el de 1976 protagonizado por Jessica Lange y un melenudo Jeff Bridges o la reciente versión de Peter Jackson en 2005. Sin embargo en el tema de los remakes nuestra filosofía es que si la película original era buena lo mejor es dejarla en paz. Así pues nos quedamos con el King Kong de 1933, tanto por su incuestionable papel en el imaginario colectivo de los espectadores como por el encanto artesanal que transmite. Viéndola hoy aún asombra el altísimo nivel que consiguió en el campo de los efectos especiales con maquetas, superposiciones de planos y sobre todo con la técnica de animación stop motion, con la que se mueven Kong y todas las bestias de su isla. La cinta es un prodigio técnico teniendo en cuenta lo laborioso de la animación fotograma a fotograma y las dificultades para ensamblar de forma coherente la parte real (los actores) con las creaciones visuales. Por ello King Kong es una gran película en la que los efectos especiales están al servicio de una historia y no a la inversa, como lamentablemente suele ocurrir hoy en día. Aunque su trasfondo dramático no está muy desarrollado en el guión, la cinta es también un claro ejemplo de la atracción que a veces ocurre entre la bella y la bestia.

King Kong es en realidad la crónica de un rodaje que no puede llevarse a cabo por causas de fuerza mayor, nunca mejor dicho. El ambicioso productor de cine Carl Denham (Robert Armstrong) busca a una joven actriz para protagonizar su próxima película de aventuras, una cinta que está convencido que le catapultará a la gloria absoluta. Tras fichar a la bella Ann Darrrow (Fay Wray) el productor recluta a una tripulación y parte con todo el equipo a bordo de un barco rumbo a  los mares del Sur. El destino es la Isla Calavera, un lugar que no figura en las cartas de navegación pero cuya posición Denham ha obtenido a través de un marinero que le vendió el secreto. Según numerosas leyendas esta isla está habitada por criaturas antediluvianas, las cuales Denham quiere incluir en su cinta para asombrar al mundo. Al llegar a la isla la tripulación descubre que una parte del lugar está habitado por una tribu salvaje que rinde culto al dios Kong. Su poblado está rodeado por una gran muralla de madera que los protege de las bestias del interior. Cuando los salvajes descubren al equipo de rodaje deciden secuestrar a Ann para entregarla a Kong como sacrificio, seguramente pensando que al ser una mujer exótica (rubia y de piel blanca) el dios Kong se sentirá agradecido. Cuando el gorila gigante aparece resulta que le coge cariño a la muchacha y en vez de zampársela se la lleva a su guarida para cuidar de ella. La chica no está muy por la labor pero solo puede esperar que sus compañeros vayan a rescatarla de la temible bestia. Peligros de la profesión, ya se sabe. 

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Ficha técnica y artística

King Kong. EEUU, 1933, 100 min.

Dirección: Merian C. Cooper & Ernest B. Schoedsack

Intérpretes: Fay Wray, Robert Armstrong, Bruce Cabot

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Crónica de Atticus Finch



















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sábado, 29 de diciembre de 2012

El Topo

Comentario de EL TOPO
 
 
El cine de espías es un subgénero que se ha movido tradicionalmente entre el thriller y el suspense, pero manejando unos códigos propios que le han otorgado una identidad bien definida. Si bien ya existía un protocine de espionaje desde los años 30, la eclosión del género tiene lugar en el apogeo de la Guerra Fría entre Occidente y la URSS, a finales de la década de los 50. Es entonces cuando las características de los espías quedan fijadas en el imaginario colectivo del espectador: personajes intrépidos que se mueven por territorio movedizo, rodeados siempre por una maraña de engaños, secretos y más preguntas que respuestas. Existen no obstante dos tendencias en cuanto al tratamiento de las historias; una más proclive al espectáculo fantasioso (como las sagas de James Bond y Misión Imposible) y otro más adulto y complejo ("El Hombre de MacKintosh", "Munich"). A este último grupo pertenecen también las películas inspiradas en la obra literaria de John Le Carré, unidas inevitablemente a su personaje fetiche George Smiley. Le Carré plantea un panorama totalmente desmitificador en la que las operaciones de espionaje del servicio secreto británico, el MI6, se asemejan a una retorcida partida de ajedrez contra los rivales del otro lado del Telón de Acero. El factor humano entra plenamente en escena al mostrar a los agentes como grises funcionarios ingleses carcomidos por sus demonios y batallas personales. Si la saga Bourne supuso un punto de inflexión en el cine de espionaje de acción hace unos años, la vertiente adulta del género aguarda todavía la llegada del espía-humano contemporáneo surgido tras la caída del Muro de Berlín. A falta de ello solo queda refugiarse en los combates que George Smiley libra contra la inteligencia soviética y contra sí mismo.
 
"El Topo" se basa en la novela homónima de John Le Carré perteneciente a la serie protagonizada por George Smiley (Gary Oldman en la película). A comienzos de los años 70 el veterano Smiley es apartado de los puestos de responsabilidad del MI6 en una maniobra de lucha por el poder dentro de la organización. Tras una desastrosa operación en Checoslovaquia uno de los agentes consigue a través de una confidente rusa una revelación que hace estremecerse a Londres. El jefe de los servicios secretos centrales de Moscú, Karla, ha conseguido infiltrar a un agente doble en la cúpula del MI6, un topo que lleva años actuando desde las sombras. Ante la imposibilidad de desarrollar la investigación internamente por temor a que el propio topo pueda desactivarla y escape, el asunto es encargado extraoficialmente a Smiley. Éste comienza así a desenrollar una pesada madeja que le lleva inevitablemente hasta sus antiguos compañeros de la cúpula directiva. La muerte de Control (John Hurt), su superior durante años, deja a Smiley solo ante una operación en la que el enemigo está dentro manejando los hilos.
 
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Ficha técnica y artística
 
El Topo (Tinker Taylor Soldier Spy). Reino Unido, 2011, 127 min.
 
Dirección: Tomas Alfredson
 
Intérpretes: Gary Oldman, Collin Firth, John Hurt
 
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Crónica de El Maquinista
 
 
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domingo, 23 de diciembre de 2012

Amarcord

Comentario de AMARCORD
 
 
El rostro amenazante que nos mira en la imagen no es otro que el de Benito Mussolini, figura central de Italia durante veinte años cuya sombra sigue proyectándose sobre el país transalpino hasta nuestros días, de una forma u otra. Y es que il Duce forma parte de un imaginario colectivo representativo de la Italia más chusca y proclive a delirios de grandeza, habiendo dejado así un gran terreno abonado para multitud de cintas satíricas. De manera muy semejante a otros pueblos mediterráneos como el español o el griego, los italianos tienen una capacidad innata para reírse de sus defectos y no tomarse a ellos mismos muy en serio. Por eso sus incursiones por el territorio cañí son asimiladas perfectamente aquí en España (y por extensión en Iberoamérica), mostrando un hermanamiento cultural fuera de toda duda. Cuando Federico Fellini estrena en 1973 "Amarcord" ya no tiene que demostrar nada a nadie. Lleva dos décadas como uno de los realizadores europeos más importantes y en su filmografía ya hay un puñado de obras ampliamente reconocidas ("Las Noches de Cabiria", "La Dolce Vita", "Fellini Ocho y medio"). Así que rueda una historia personal basada en sus recuerdos de juventud, la de un país en vísperas de la II Guerra Mundial gobernada por el disparatado régimen fascista de Mussolini. La Italia profunda, con sus sotanas, su choque de ideologías y una cultura proclive al pitorreo. Esperpéntico en ocasiones pero real como la vida misma.
 
"Amarcord" es la transcripción fonética de a m'arcòrd, que quiere decir yo me acuerdo en el dialecto propio de la regíón de Emilia-Romaña, tierra natal de Fellini y lugar donde se desarrolla la historia. En una ficticia ciudad de esta parte de Italia vive el joven Titta, el muchacho sobre el que gira la trama de la cinta. Su familia, sus amigos de la escuela y las personalidades más destacadas de la localidad viven un día a día a medio camino entre el costumbrismo y el surrealismo. Estamos en los años 30 y toda la sociedad está regida por la moral del régimen de Mussolini y la Iglesia Católica, formando una auténtica mezcla explosiva. Como explicar lo que pasa en pantalla es bastante difícil lo mejor es dejar de escribir y animar a ver (o revisionar) esta inclasificable obra de Fellini.
 
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Ficha técnica y artística
 
Amarcord. Italia, 1973, 127 min.
 
Dirección: Federico Fellini
 
Intérpretes: Bruno Zanin, Pupella Maggio, Armando Brescia 
 
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Crónica de Atticus Finch
 
 
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domingo, 16 de diciembre de 2012

Pequeña Miss Sunshine

Comentario de PEQUEÑA MISS SUNSHINE


Al llamado cine independiente tal y como se concibe hoy en día se le suele buscar las raíces en la década de los 60 y 70. Por un lado los muchachos del Nuevo Hollywood emepezaban a asomar la cabeza y una nueva generación de productores les iban a dar la oportunidad de rodar películas bastante alejadas de los esquemas imperantes hasta entonces. En ese caldo de cultivo se formarían cineastas como Coppola, Lucas, Bogdanovich o Scorsese. Pero el verdadero cine independiente rodado al margen de los estudios era cosa de unos pocos, como el pionero John Cassavetes, actor de reconocido prestigio y popularidad que empezó a poner en pie proyectos por su cuenta y riesgo ("Una Mujer bajo la Influencia", "Rostros", Noche de Estreno"). En los años 80 se produjo un fuerte impulso con la creación del Festival de Sundance por Robert Redford y de los premios del cine independiente, los Independent Spirit Awards. Pero probablemente la eclosión definitiva a nivel popular arranca a comienzos de los 90 cuando triunfan Steven Soderberg ("Sexo, Mentiras y Cintas de Video") y Quentin Tarantino ("Reservoir Dogs"), apoyados ambos por el sello Miramax. A partir de entonces los grandes estudios crearían sus propias divisiones de producción dedicadas a financiar proyectos independientes, creando así un terreno más libre para contar ciertas historias. De esta manera el cine indie quedaba ya encuadrado dentro del sistema pero con parcela propia, tal y como ocurre hasta nuestros días. Y cada año produce algunos de los mejores trabajos cinematográficos que llegan desde el otro lado del Atlántico, sobre todo en el aspecto de los guiones.

"Pequeña Miss Sunshine" presenta a una familia de clase media que debe aguantar la prueba de fuego de la convivencia mientras viajan por California a bordo de una Volkswagen Combi, una de las furgonetas más míticas del planeta. El cabeza de familia es Richard (Greg Kinnear), el máximo exponente del individualismo americano para el cual el mundo se divide en triunfadores y perdedores. Su mujer Sheryl (Toni Collete) aguanta sus desvaríos con resignación mientras intenta educar lo mejor que puede a sus dos hijos: el mayor ha hecho voto de silencio y la pequeña Olive es una entusiasta de los concursos de belleza. Al núcleo familiar se ha unido el padre de Richard (Alan Arkin), a quien han expulsado de la residencia de jubilados por consumo de drogas, y el hermano de  Sheryl (Steve Carrell), un profesor universitario homosexual que ha caído en un profundo bache anímico. Al comenzar el fin de semana todos pondrán rumbo a Redondo Beach, a orillas del Pacífico, donde se celebra el concurso de belleza infantil Pequeña Miss Sunshine, en el que Olive va a participar. A pesar de los avatares que les ocurren, la ilusión de la pequeña les empuja siempre hacia adelante. 

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Ficha técnica y artística

Pequeña Miss Sunshine (Little Miss Sunshine). EEUU, 2006, 101 min.

Dirección: Jonathan Dayton & Valerie Faris

Intérpretes: Greg Kinnear, Toni Collete, Steve Carrell

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Crónica de El Maquinista



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