Comentario de HORIZONTES DE GRANDEZA

La década de los 50 vio la ascensión de un tipo de películas que con el tiempo vinieron a denominarse globalmente como cine épico debido a las monumentales historias que relataban. Solían consistir en grandes producciones dramáticas ambientadas en tiempos antiguos como el Imperio Romano o la Edad Media y que combinaban buenas dosis de aventuras y romance. Estas cintas sacaban el máximo provecho al technicolor y el cinemascope para apabullar al espectador con impresionantes puestas en escenas donde abundaban las tomas panorámicas, multitud de decorados y buenas cantidades de extras. Para poner en pie semejante infraestructura los grandes estudios no escatimaban en medios pero tampoco solían descuidar los vitales papeles de la dirección y el guión. Gracias a ello hoy en día muchas de estas cintas pertenecen por derecho propio a la memoria colectiva del cine: "Gigante" (George Stevens, 1956), "Ben-Hur" (William Wyler, 1959), "Espartaco" (Stanley Kubrick, 1960), "El Cid" (Anthony Mann, 1961), etc. Incluso llegó a haber realizadores expertos en este tipo de rodajes como David Lean, que no estrenaba películas que durasen menos de tres horas ("Doctor Zhivago", "Lawrence de Arabia", "El Puente sobre el Río Kwai"...). El género del western también ha tenido algunos títulos de este estilo ya que sus historias de justicieros cabalgando por enormes espacios abiertos son terreno propicio para lucirse con una gran producción. Así lo haría William Wyler en 1958 con "Horizontes de Grandeza", con la particularidad de que el protagonista de la cinta era la antítesis completa del héroe del cine épico. Un hombre discreto, pacífico y tranquilo que no podía ser encarnado por nadie más que Gregory Peck.
La cinta narra la llegada al salvaje Oeste de un capitán de barco retirado llamado James McKay (Gregory Peck), un hombre procedente de la costa Este que viene a encontrarse con su prometida Patricia (Carroll Baker). La muchacha pertenece a la familia Terrill, un poderoso clan familiar que domina la región con sus ranchos y que está controlada con puño de hierro por el patriarca y futuro suegro de McKay. James choca inmediatamente con las costumbres locales y sobre todo con la feroz disputa que libran los Terryl con un clan rival, los Hannassey, por el control de los pastos y el agua. La diferente perspectiva que mantiene éste sobre el contencioso, proclive a buscar una solución no violenta, va socavando poco a poco su relación con Patricia, hasta que finalmente el hombre del Este decide romper el compromiso y labrarse su propio futuro en la zona. Para ello consigue que una amiga de Patricia, la maestra Julie, le venda un rancho que es clave para el desarrollo de la región ya que en él se encuentran unas reservas de agua vitales para el ganado de todos los clanes. Con su particular forma de hacer las cosas, de manera discreta y callada, McKay se hace hueco en solitario sin tomar partido por ningún bando, tan solo obedeciendo a su sentido de justicia, lo que le hará verse incomprendido por casi todos.
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Ficha técnica y artística
Horizontes de Grandeza (The Big Country). EEUU, 1958, 159 min.
Dirección: William Wyler
Intérpretes: Gregory Peck, Carroll Baker, Jean Simmons
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Crónica de Atticus Finch
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