Comentario de LA COLINA

Si hay algo que agradezco en las buenas películas de Sidney Lumet es la constancia con la que plantea tres ideas fundamentales. Primero: Lumet aborda temas complejos cuyo tratamiento no es nada sencillo si no se quiere caer en maniqueísmos o lugares comunes. Segundo: Sus protagonistas, y por extensión el espectador, son puestos ante dilemas morales que ponen a prueba su integridad. ¿Debo declarar culpable a una persona si tengo una duda razonable? ("Doce Hombres sin Piedad", 1957). ¿Puedo dejar que un amigo se autodestruya a pesar de batir records de audiencia? ("Network", 1976). ¿Es condenable lanzar una bomba atómica contra tu propio país para evitar la guerra nuclear total? ("Punto Límite", 1964). Y tercero: los valores de la sociedad tienden por inercia a difuminarse, son un puñado de individuos lo que pelean por ellos y hacen que el mundo avance. Así es el cine de Lumet, un puñetazo encima de la mesa para dejar al descubierto los trapos sucios de cada casa. En "La Colina" el realizador estadounidense decide en esta ocasión mostrar una guerra dentro de otra, la que se libra en el interior de una prisión militar gobernada por auténticos seguidores de Kafka.
"La Colina" narra la estancia de cuatro soldados británicos en un penal militar del desierto libio durante la Segunda Guerra Mundial. El lugar es un campo amurallado en medio de la nada donde son enviados aquellos efectivos acusados de insubordinación, deserción del ejército y otras faltas graves. En el grupo de recién llegados destaca Joe Roberts (Sean Connery), cuyo sentido de la dignidad pronto hace que sea el blanco de las iras del sargento Williams (Ian Hendry), un oficial recién incorporado al campo que no duda en aplicar los castigos más brutales a los prisioneros. Entre ellos está el subir y bajar una enorme colina de arena y piedras construida en el centro del patio de la prisión, lo que provoca un enorme desgaste físico debido a las ya de por sí duras condiciones y el calor extremo. El maltrato a los prisioneros finalmente acaba con la vida de uno de ellos y esto hace estallar la convivencia en el penal. Por un lado algunos reclusos liderados por Roberts se marcan como objetivo conseguir las pruebas para denunciar al sargento, mientras que otros oficiales también contrarios con el modo de llevar las cosas deciden dar el paso y enfrentarse abiertamente al mayor del campo (Harry Andrews).
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Ficha técnica y artística
La Colina (The Hill). Reino Unido, 1965, 122 min.
Dirección: Sidney Lumet
Intérpretes: Sean Connery, Harry Andrews, Ian Hendry
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Crónica de Atticus Finch
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